Un herrero y un carnicero, a juicio por matar y luego absueltos por el pueblo
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Horacio Pizzi (51) fue hallado “no culpable” en febrero de 2016 por los 12 miembros del jurado popular por el crimen de un joven en Quequén. Daniel Oyarzún (38) fue declarado “no culpable” de la muerte de un asaltante que le sustrajo dinero en Zárate, en 2016
Curiosamente, las historias de vida de Horacio Alfredo Pizzi, de profesión herrero, y de Daniel Oyarzún, carnicero de Zárate, se entrelazan sin querer. El destino quiso que protagonizaran graves episodios que quedarán grabados en sus mentes por el resto de la vida de cada uno.
Ambos fueron víctimas de robo: Pizzi de sus herramientas de trabajo, mientras que a Oyarzún lo asaltaron en su negocio y le sustrajeron dinero de la caja registradora. Ambos hicieron “justicia por mano propia”, hartos de sufrir despojos de sus pertenencias.
Ambos fueron acusados por la Justicia de “homicidio” (Pizzi, también sumó otra causa por “tentativa de homicidio”) y decidieron ser juzgados mediante el nuevo sistema de jurado popular.
Tras un extenso debate en Necochea y Zárate, el pueblo soberano de cada lugar, decidió declarar “no culpable” al herrero que vivía en Quequén y al carnicero de Zárate. Ambos recibieron el apoyo de vecinos que fueron a declarar y lo hicieron a favor de cada imputado.
También se trata de “un mensaje” de la sociedad que, con el fallo de absolución, respaldó a dos trabajadores que actuaron en “legítima defensa”, como quedó evidenciado al momento de la decisión final y durante la presentación de la prueba oral en el juicio.
Atropelló y mató a un ladrón
Daniel “Billy” Oyarzún (38), el carnicero que en septiembre de 2016 mató a un ladrón que acababa de asaltarlo en su local de Zárate, fue declarado inocente del crimen de Brian González (24) por un jurado popular.
Los representantes del pueblo consideraron que se defendió legítimamente de una agresión ilegítima y que, por lo tanto, no debía recibir sanción alguna.
El veredicto del jurado por esa persecución que terminó en tragedia y que puso en el tapete el debate sobre la “justicia por mano propia” se conoció el pasado jueves por la tarde en los tribunales de Campana.
Luego de cuatro jornadas de un debate que tuvo momentos muy intensos, el hombre que resultó absuelto reconoció que “soy inocente, se hizo justicia”, afirmó el carnicero al salir de la sala de audiencias.
Apoyo de la gente
Al llegar a tribunales, Oyarzún había sido recibido por una veintena de amigos y familiares que le hicieron una bandera: “Zárate te apoya, Billy”, le escribieron. Y le cantaron: “Se siente, se siente, Billy inocente”.
Fueron 12 vecinos de Zárate y Campana, entre los que había un operario, un ama de casa, un albañil, un comerciante y una docente, los integrantes del jurado que consideró que Oyarzún actuó en legítima defensa. Y lo absolvieron.
Durante los alegatos, el fiscal del juicio, José Luis Castaño, había pedido que fuera condenado por “exceso de legítima defensa” (delito que se pena con 1 a 5 años de cárcel); el abogado de la familia de Brian González, Ernesto Gómez, había solicitado en cambio una sentencia por “homicidio simple” (pena de 8 a 25 años); y el defensor del carnicero, Ricardo Izquierdo, consideró que actuó en “legítima defensa” y por eso había pedido su absolución.
Fue la postura triunfadora.
Violento asalto
De acuerdo con la reconstrucción que hizo la Justicia, el 13 de septiembre de 2016 al mediodía Marcos Alteño (24) entró armado a la carnicería “Billy Yoou”, en Echeverría 2085, Zárate. Apuntó a la cuñada de Oyarzún, que era la cajera, y se llevó la plata de la caja: $ 5.000.
Antes de escapar, disparó dos veces dentro del local. Enseguida se subió a la moto que lo esperaba en la puerta: la manejaba Brian González.
Escaparon hasta que notaron que el carnicero los seguía de cerca en su auto. A unos 200 metros del local, Alteño saltó de la moto y escapó corriendo. Oyarzún quiso hacer caer a Brian y lo chocó: lo aplastó contra una columna. Una vez en el piso, un grupo de vecinos empezó a golpearlo, mientras el carnicero lo insultaba.
El joven murió siete horas después. Alteño fue detenido meses más tarde y fue condenado a seis años de cárcel por el robo.
El antecedente en Necochea de la absolución de Pizzi durante febrero de 2016
El 10 de febrero de 2016, Horacio Alfredo Pizzi (52) fue declarado “no culpable” por un jurado popular al término de un proceso por el cual llegó al banquillo acusado de haber matado a un joven de un tiro en el abdomen.
Asimismo, el vecino de Quequén estaba imputado de “tentativa de homicidio”, ya que le disparó a otro individuo al intentar recuperar las herramientas que le habían robado, de su taller de herrería.
Pizzi fue inmediatamente liberado luego del juicio en el Tribunal Criminal Nº 1, tras llegar con un beneficio de arresto domiciliario por el “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”, en perjuicio de Carlos Farías (24), y por la “tentativa de homicidio”, cuya víctima resultó ser Roque Salvador (35).
Cabe recordar que Farías, alias “El Negro”, estuvo prófugo de la Policía y la Justicia durante tres meses y tenía serios antecedentes penales, al igual que Salvador, más conocido como “El Ñoqui”.
“Esperaba que se hiciera justicia; llevaba una mochila muy pesada. Ahora voy a volver a trabajar como lo hice toda mi vida, porque tengo dos hijos que criar”, dijo el herrero absuelto por los 12 miembros del jurado popular.
Se trató del segundo juicio por jurado popular en Necochea, el primero tuvo la condena para César Ganduglia, por el crimen del joven Carlos Abel Lolli.
El debate oral en el que fue declarado “no culpable” Horacio Pizzi fue coordinado por la jueza del Tribunal Criminal Nº 1, Mariana Giménez. ///
Robo de las herramientas
Durante el juicio por jurado, Pizzi declaró que el 20 de agosto de 2014, alrededor de las 16, dos delincuentes que iban en bicicleta aprovecharon un descuido suyo y le sustrajeron una caja de herramientas de su negocio.
El herrero tenía su taller en la zona de calles 570 y 523, de Quequén, a pocos metros de donde vivía con su familia.
Un vecino que observó la situación y le comentó al acusado que había reconocido a uno de los autores, por lo que Pizzi fue a la Comisaría Segunda para denunciar el hecho y luego volvió a su vivienda.
Más tarde, un joven se acercó al taller de herrería y le dijo que si quería recuperar sus herramientas tenía que llevar $ 500 a la calle 564, entre 523 y 525, en una especie de “extorsión” de parte de un grupo de individuos.
Pizzi contó que se dirigió al encuentro, alrededor de las 20.30 de esa fatídica jornada del 20 de agosto de 2014. Cuando llegó al escenario de los hechos, Carlos Farías y Roque Salvador estaban armados y se le abalanzaron, lo que originó un forcejeo.
Disparo mortal
Según relató Pizzi, los presuntos delincuentes tenían un revólver calibre 38, que les arrebató antes de accionar el gatillo en defensa propia. Uno de los disparos impactó en el cuerpo de Farías y otro, en un auto que pertenecía a Salvador.
Farías fue trasladado al Hospital Municipal, donde murió como consecuencia de las graves lesiones internas sufridas.
En contra de esa narración, el fiscal Roberto Mirada, quien investigó el caso, señaló a los integrantes del jurado popular que el herrero fue armado al encuentro y que atacó a los dos hombres con un arma de fuego que nunca fue encontrada.
El defensor oficial Daniel Surgen, hizo un pormenorizado informe sobre los antecedentes penales de Farías y Salvador, y dijo que Pizzi estaba harto que le roben en su taller y en su vivienda de Quequén.
Los miembros del jurado popular hicieron saber su decisión y se recostaron por la “legítima defensa” con la que habría actuado el herrero y lo absolvieron de culpa y cargo.
Dos casos muy similares, dos historias de vida y un pueblo soberano que se expidió en materia de justicia. Ni más ni menos.