Un hombre que regresó a enseñar lo que habíamos perdido
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Benedicto Colantonio da clases de soguería en Juan N. Fernández, Claraz y La Dulce. Enseña una tradición que parecía olvidada a un creciente número de interesados en el oficio de convertir el cuero en arte y herramienta de trabajo
Por Juan José Flores
Redacción
Muchas tradiciones, costumbres y oficios comenzaron a desaparecer con el Siglo XX. Una de estas artes tradicionales es la soguería. Este oficio vinculado al trabajador rural y al caballo, fue languideciendo a medida que la tecnología avanzaba tierra adentro, remplazando tanto al hombre como al animal.
Pero en nuestra región, hace unos años, un grupo de estudiantes secundarios decidió crear un evento que identificara a su pueblo y así nació la Fiesta de la Soga Gaucha, en Juan N. Fernández.
Sin saberlo aquellos jóvenes dieron pie al resurgimiento del oficio de la soguería en nuestra región, porque a partir de la fiesta, cada año sogueros de toda la provincia se reúnen para compartir su arte y el interés entre la gente del norte del distrito en el oficio llevó a que comenzaran a dictarse talleres sobre el arte de convertir el cuero en sogas.
Y allí apareció una figura que hoy es parte de la vida cotidiana de Juan N. Fernández, Claraz y La Dulce: el maestro soguero Benedicto Colantonio.
“La verdad es que me tratan como del lugar. Así que espero poder estar a la altura de las circunstancias y ofrecerles todo lo que ellos se merecen”, dijo Colantonio el jueves, luego de finalizar una clase del taller de soguería que se dicta en la Fundación La Dulce.
El arte del cuero
Este año Colantonio comenzó a dictar el taller en esa localidad, invitado por la Fundación Cultural. Antes ya daba clases de soguería en Juan N. Fernández y Claraz, a través del Centro de Formación Profesional N° 403 de Necochea..
Si bien Benedicto es nativo de Laprida y aún tiene su domicilio en esa ciudad, asegura que con Necochea tiene un vínculo muy especial. “Desde chico venía siempre a la playa con mi familia”, explicó.
“Ahora vengo a trabajar”, explicó Benedicto, que tiene casi 40 alumnos en las localidades del norte del distrito de Necochea y también da clases en Benito Juárez y en Laprida.
Así como el vínculo con Necochea se encuentra en su infancia, también en su niñez está su relación con el arte oficio de la soguería.
“Quien me enseñó esto fue una persona que trabajaba en el campo con mi padre. Lamentablemente él falleció cuando yo tenía 10 años”, dijo. “Es el maestro que más recuerdo, porque me transmitió el gusto por todo esto”.
Asegura que uno de los motivos por los que decidió a dar talleres de soguería fue el deseo de “devolver un poco de lo que me enseñaron a mí”.
La otra razón son los jóvenes que concurren a los talleres en busca de conocimiento sobre un arte que ya no pueden aprender en el campo, porque los trabajadores rurales ya perdieron el oficio de hacer sus propias sogas y emprendados.
“En los últimos años ha resurgido el gusto por las cosas nuestras, por el arte, por el caballo, que viene todo de la mano. Así que mi idea es aportar mi granito de arena”, dijo Benedicto, que hace 25 años se dedica a enseñar el oficio.
La fiesta de los sogueros
Hace unos años Benedicto fue contactado desde Juan N. Fernández a través de un amigo soguero de Cañuelas. “Así llegué a Fernández y me encontré con una gente muy buena y con un proyecto muy lindo. Me tocó muy adentro el tema de la Fiesta de la Soga Gaucha, porque surgió de los chicos, de los estudiantes”, afirmó.
“Para mí es una fiesta que tiene mucho valor”, afirmó Colantonio que se ha convertido en el referente artístico de la fiesta.
“Hace cinco años que tengo una relación no de trabajo, sino de amistad con esta gente. Me tomaron como referente para la fiesta y bueno, tratamos de apuntalar todo lo que ellos hacen para mantener encendida la llama de nuestra tradición”, dijo Colantonio que no duda en viajar kilómetros todas las semanas para poder enseñar el oficio de la soguería.
“Por suerte estos talleres han tenido buena convocatoria y ahora se incorporó La Dulce, gracias a la buena predisposición de la Fundación”, explicó.
En total casi 40 personas de Juan N. Fernández, Claraz y La Dulce participan de los talleres de soguería.
El resurgimiento
“Toda la vida estuve relacionado con esto”, dijo Colantonio, que comenzó a los 8 años en el campo a aprender el oficio. “Ahora hace unos 10 años que estoy dedicado de lleno al arte oficio del cuero crudo y la soga y pero hace unos 25 que doy talleres en Laprida y en distintos lugares”.
Su trabajo y oficio son tan conocidos que en los próximos días viajará a Uruguay, a dar algunas clases y exponer su arte. Es el cuarto año que lo invitan a exponer en el país vecino durante la Semana Santa.
Colantonio cree que el resurgimiento de la sogueria en el Río de la Plata tiene que ver con las pruebas de destreza criolla y la participación de los jóvenes. “La gente que empezó a participar en estas pruebas de riendas comenzó a tener la necesidad de tener sus pilchas, su soga y bueno, se tuvieron a acercar a los sogueros y a los talleres para aprender el oficio también”, explicó.
El arte oficio de la soguería había ingresado en una meseta a fines del siglo pasado, pero que desde hace unos 15 años empezó a resurgir con el interés de los más jóvenes en las actividades tradicionales.
Y la necesidad de aprender el oficio es fundamental, ya que la transmisión de conocimientos es oral. “No hay bibliografía, por lo que mucho del arte se perdió con los viejos sogueros. Por suerte hay muchos sogueros que son investigadores también y han podido recuperar algo del oficio”, señaló.
El pasado 29 de marzo Benedicto cumplió 59 años, pero su entusiasmo y pasión por la soguería parece crecer día a día. Recientemente uno de sus alumnos de Benito Juárez ganó un premio por su arte en la Fiesta de las Tropillas en Lobería.
Benedicto afirmó que ese premio ha entusiasmado a sus estudiantes, muchos de los cuales utilizan los conocimientos obtenidos en el taller para su trabajo diario en el medio rural. “El caballo está todavía muy cerca nuestro”, afirmó Colantonio.