Un intento más
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Desde hace varios años un grupo no demasiado numeroso de motociclistas se adueñó del sector de la Villa Díaz Vélez que comprende el edificio del complejo Casino, avenidas 2, Pinolandia y 10, para dar rienda suelta a alocada pasión por las peligrosas picadas.
Con al menos dos vidas perdidas, infinidad de persecuciones por parte de los inspectores de tránsito, en una especie de juego del “gato y el ratón”, poniendo en riesgo la integridad propia y de terceros, los amantes de las motos y el vértigo han persistido en su inexplicable disfrute.
Está más que comprobado que poco les interesa el respeto y la convivencia. Es así que han ido más allá de las competencias, para montar un festival de ruidos y desmanes, en este caso con la playa de estacionamiento del Casino como escenario.
El estado de abandono del complejo, que lo ha transformado en tierra de nadie, se ha constituido en el lugar predilecto de estos desaprensivos. Poco y nada han servido las quejas de los residentes de las inmediaciones, que ven alterado su descanso por el ensordecedor ruido que generan estos energúmenos montados en un vehículo de dos ruedas.
Las molestas explosiones generadas por los llamados “cortes de motor” (prohibidos por ordenanza municipal) no son más que una estúpida diversión de sus autores y una penuria para quienes tienen que soportarlos.
Vista la situación y ante los constantes reclamos de quienes viven en las cercanías, el municipio amagó con la posibilidad de cercar el área de estacionamiento del Casino por las noches, para no permitir el ingreso y circulación de las motos, lo que finalmente no se concretó.
Y en las últimas horas se determinó la colocación de una posta, con la cual las áreas municipales de Protección Ciudadana y Tránsito marcarán presencia permanente.
Para ello se ha instalado en el playón un contenedor que oficiará de lugar de vigilancia, al que se sumarán cámaras y una mayor iluminación.
A simple vista la medida promete un control más eficaz de la problemática en el lugar predilecto de cultores de la conducta de molestar al otro. Pero ello no significa que los practicantes no migren hacia otro espacio donde obviamente también habrá que contrarrestarlos.
El de la posta se trata de un intento más, con la posibilidad de transformarse en un sitio que también posibilite una custodia para los habitantes de las viviendas y edificios.
La mayoría de la sociedad demanda que el Estado le brinde seguridad y haga cumplir las normas, que para ello fueron creadas. Es probable que varios vean como plausible el funcionamiento de esta posta. Pero para que resulte eficaz hace falta por parte de quienes deben actuar que tengan profesionalidad, compromiso y personalidad para “poner en vereda” a aquellos acostumbrados a hacer lo que les place, sin considerar regla alguna de convivencia social.