Un lazo que no se rompe: historias de amistad que crecen con los años
Dos grupos, décadas de cariño y el valor de estar en las buenas y malas.
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
En el Día del Amigo, celebramos esos vínculos que se convierten en refugio, en sostén y en familia elegida. Dos grupos, dos historias y una misma certeza: la amistad es un lugar al que siempre se puede volver.
Paula y su tribu de toda la vida
Las risas suenan fuerte cada vez que se juntan. Algunas se conocen desde el jardín, otras desde la secundaria, algunas se sumaron en la adultez, pero todas comparten algo más que anécdotas: un vínculo que las sostuvo en cada etapa de la vida. Paula Laterza es diseñadora y docente y tiene varios grupos de amigos y amigas que ya son parte de su historia.
“Carla es mi amiga desde los cinco años. Mariela, nutricionista, y Magalí, con quien compartí la secundaria y después la experiencia de irnos a estudiar a La Plata”, relató Laterza.
De esa época queda el recuerdo de una lasaña que cocinó cruda por accidente, una anécdota que hoy sigue sacándoles sonrisas. A ese grupo se suman Vanesa, quien fue su jefa en un estudio de diseño, y Verty, médica y amiga, con quien también comparte la vida y Luciana también nutricionista a quien conoció siendo paciente primero y luego fueron profundizando el vínculo “hasta alquilar juntas la carpa en el verano”. “Los maridos también se hicieron amigos. Nacho, Mati y Pancho están hace años con mis amigas, así que somos un grupo grande, como una pequeña familia elegida”.
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El grupo está formado por Paula Laterza, Magalí Chiochetti, Mariela Ferreiro, Carla Mazzuchelli, Luciana González Ramella, Vanesa Iparraguirre y Verónica Nielsen.
Para Paula, la amistad no es sólo compañía: es sostén. “Cuando perdí a mi mamá siendo chica, estaban mis amigas. Cuando tuve a mi hijo, cuando me recibí, en cada momento importante estuvieron. En las buenas y en las malas, para compartir lo cotidiano, para ayudarnos. Ahora que somos más grandes, nos ayudamos a criar, a sostenernos”.
Y si algo no falta en esas reuniones es música. “Nacho es el musicalizador oficial. Siempre arma las playlists de nuestras cenas con temas de los 80, o esos que escuchábamos de adolescentes. Azúcar amargo, por ejemplo. Nos reímos porque es muy retro, pero es un clásico de nuestros encuentros”.
Para Paula y sus múltiples grupos, la amistad es ese lazo que se teje y se refuerza con cada momento compartido. Un pacto silencioso de amor y presencia, que se celebra todos los días.
Más de 45 años juntos
“Decimos el grupo de la primaria, pero en realidad estamos juntos desde jardín. ¡Sacamos la cuenta y son 45 años!”, contó Mariano González, presidente de la Cámara Comercial. Desde los tres o cuatro años que este grupo de amigos se sostiene, con encuentros frecuentes, anécdotas intactas y un sentido del humor que los mantiene unidos.
Uno de los recuerdos que más reviven en cada peña es el sistema de tribus que implementó un profesor de gimnasia en la escuela: Chorotes, Cachules y Calfumines. “Durante todo el año se hacían competencias y se sumaban puntos. Yo era Calfumín, y siempre digo que fuimos los mejores”, explicó. Las discusiones sobre cuál tribu era superior siguen tan vigentes como entonces.
En el grupo hay de todo: docentes, policías, kinesiólogos, técnicos, comerciantes. Están los mellizos Bernabé – Mauricio y Silvio-, Carlos “Charlie” La Placa, Sergio Iocca, Matías Sierra, Lucas Bianchi, Cristian Carrizo, Alejandro Carrero, Martín de la Hoz, Diego Tellechea, Sebastián Cejas y Emiliano López, que trabaja en Ecos Diarios. “No me quiero olvidar de nadie”, explicó Mariano, enumerando con cariño a cada integrante, como quien repasa los nombres de su propia familia.
Y aunque la vida adulta los llevó por caminos diferentes, se siguen reuniendo al menos una vez por mes. El nombre del grupo de WhatsApp lo dice todo: “Estamos vivos de p...’ Le pusimos así por nuestra infancia, porque éramos tremendos. Hoy con tanta conciencia sobre seguridad, pensamos en todo lo que hacíamos y no lo podemos creer”.
El valor del tiempo compartido, la complicidad, los códigos que no se rompen aunque pasen los años, están presentes en cada encuentro. Son vínculos que no se explican, se sienten. Y que, como dice Mariano, “están más vivos que nunca”.
Paula y Mariano no se conocen, pero sus historias se cruzan en una misma verdad: la amistad es refugio, sostén, memoria compartida. Es saber que, pase lo que pase, siempre habrá un grupo que espera para recordar juntos que la vida, con amigos, es mucho mejor.
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