Un lugar que se reactiva con vocación de servicio
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Esta semana que pasó, se dio a conocer que nuevamente las hermanas de la orden Don Orione, que hace años dirigieron el hogar de niñas “Stella Maris”, volvieron a instalarse en Quequén con proyectos por delante para desarrollar en conjunto con la Municipalidad.
Después del cierre del hogar, el edificio siguió funcionando con algunas actividades de asistencia, hasta que finalmente hace unos años atrás se cerró y las pocas hermanas que quedaban volvieron a Buenos Aires. Aquí quedaba la capilla y la sede que tienen frente al mar, que es propiedad de la congregación. En su momento, Ecos Diarios lamentó el cierre de esa institución, por el servicio prestado y por la pena que daba ver esas inmensas instalaciones sin ninguna utilidad.
Sin embargo, la pandemia y principalmente la cuarentena dura del año pasado, hizo que algunas monjas regresaran sobre todo para brindar asistencia social en un momento muy difícil para muchos vecinos de Quequén, que habían quedado sin trabajo y sufrían necesidades básicas.
El edificio se reinventó y, después de haber sido por años un hogar de niñas, se convirtió en un refugio para aquellas familias que no tienen techo. Con la ayuda de la Secretaría de Desarrollo Humano y Políticas Sociales, se brinda alimentos y contención a personas grandes, pero también a chicos que están en situación de calles.
Ahora se ocupan de este proyecto, pero pasada la pandemia la idea es seguir trabajando en equipo con la Municipalidad y poder de a poco recuperar el espacio de servicio que desarrollaron durante muchos años en la comunidad de Quequén. Para el año que viene, llegaría una monja más –ahora son dos- para reforzar el grupo de Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.
Por la falta de vocaciones, casi todas las instituciones del distrito tienen menos religiosas. Tal es el caso del hogar de ancianos Landera, el Instituto Nuestra Señora del Rosario, el espacio de actividades que coordinan las hermanas Canossianas en Quequén y lo que fue el hogar Stella Maris. En todos los casos, se ha llevado adelante una tarea enorme durante décadas, que todavía continúa, pero con muchos esfuerzos porque las monjas de las distintas congregaciones cada vez son menos.
Sin embargo, lo importante es tener la vocación de servicio intacta y las ganas de seguir trabajando por la comunidad porque siempre puede haber vecinos solidarios que cooperen con sus proyectos. Y ni hablar de los beneficios que puede significar realizar una tarea articulada con la Municipalidad como se está desarrollando ahora.
Que el edificio del ex hogar Stella Maris esté funcionando y con proyectos por adelante, es una buena noticia. Ojalá se pueda armar un buen grupo de trabajo del que participen las religiosas, el municipio, las parroquias y también los vecinos para cumplir una tarea de servicio y solidaria que tanta falta hace en estos tiempos.///