Un maestro de regreso a su tierra natal
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Hace cuatro años Eduardo Franco Rondina volvió a Necochea, luego de vivir 42 años en Europa. Allí forjó una exitosa carrera como concertista, maestro de piano, organizador de festivales y director de coros
Por Juan José Flores
Redacción
Hace cuatro años, por cuestiones personale26s, Eduardo Franco Rondina decidió volver a la Argentina. Su idea era quedarse unos meses hasta finalizar algunos trámites legales por una sucesión familiar aquí en Necochea y luego regresar a Italia, país en que residió la mayor parte de su vida.
Sin embargo, el papeleo se demoró y Eduardo fue extendiendo su estadía. Desde que se fue del país, en 1978, nunca había permanecido más de 20 días en la Argentina.
En Italia forjó una brillante carrera como concertista y como maestro de piano y solfeo y director coral.
Enseñó en prestigiosas academias de Italia, España, Francia, Bélgica e incluso en Corea. Organizó conciertos, festivales y conferencias en distintos países de Europa y en esa extensa trayectoria tuvo oportunidad de conocer a algunos de los más grandes pianistas del mundo.
Por ello, su adaptación a la vida en Necochea no fue fácil, ya que como explicó en la ciudad hay grandes artistas, pero dedicados a la música folclórica y popular.
“Para mi profesión es muy difícil, porque me he dedicado desde siempre a la música clásica y aquí lo mío tiene poco espacio”, dijo Rondina, que debido a ello se ha dedicado en los últimos años a la enseñanza del idioma y la cultura italiana.
“Pianistas de carrera hay poquísimos y los que existen o están escondidos o viven en otro lado”, señaló Eduardo y citó el caso de destacados músicos locales, como el pianista Dabadíe o la cantante Johana Padula, que han debido radicarse en Buenos Aires.
“Lamentablemente aquí no hay espacio”, explicó Rondina, que en Italia, antes de regresar a la Argentina dirigía tres coros.
Aquí intentó formar agrupaciones corales, pero, explicó, “me costó mucho armar los grupos”.
No obstante, desde 2016 a la fecha creó tres coros. El primero fue el Ensamble Vocal Opus 30. Luego el grupo vocal 4-40, con el que en la Navidad de 2018 realizó conciertos en iglesias de Necochea y Quequén.
Ese grupo se transformó finalmente en el octeto vocal 4-40 con el que brindó una serie de conciertos el año pasado.
Pasión heredada
“Creo tener una vena artística heredada de mi madre, fundamentalmente, porque todos sus familiares eran músicos. El abuelo materno era el director de un teatro en Cosenza, en Italia”, explicó. “Supongo que de ahí me viene el amor hacia la música clásica”.
Rondina estudió en el Conservatorio Provincial de Música, en Bahía Blanca, donde estudió con el maestro José Lepore.
Luego realizó varios masters, uno con Edith Murano y otro con Renato Maioli y a partir de allí, entre 1976 y 1978 realizó una serie de conciertos en universidades, colegios profesionales, museos y salas de concierto. También brindó conferencias.
Hasta que en 1978 se fue con el maestro Lepore al sur de Italia y allí crearon una escuela que en poco tiempo llegó a tener 120 alumnos.
Comenzó entonces para Rondina una intensa vida de estudio, conciertos, dirección de coros, organización de festivales y una creciente labor docente.
Enseñó en Italia, en Francia, en Italia e incluso en Corea del Sur, donde fue convocado por la Universidad Católica de Daegu, para dictar la cátedra de piano.
Precisamente en Daegu se registró uno de los hechos que más recuerda de su vida docente, a pesar de lo exigente que era ir a Corea a enseñar cada dos meses durante siete jornadas agotadoras desde las 7 de la mañana hasta las 24 con sólo dos paradas para almorzar y cenar.
Un día de aquello, a las 23.45, cuando ya estaba cerrando los pianos, sintió que golpeaban la puerta. Al abrir se encontró con una pequeña niña vestida de rojo. Cuando Rondina le dijo que era muy tarde y que a esa hora debía estar durmiendo, ella le respondió: “No, yo primero hago mi clase de piano y luego me voy a dormir”.
Ese espíritu, explicó, refleja la idiosincrasia de los asiáticos a la hora de aprender. Y para Rondina esta experiencia en Corea fue invaluable: “Me ayudó mucho a crecer”.
“Yo creo que del alumno generalmente se aprende más que del maestro”, afirmó. “Porque los alumnos tienen problemas y cada uno viene con una dificultad diferente. Ahí es cuando tiene que salir de uno lo que yo llamo ‘la magia’ para poder ayudar al alumno a resolver ese problema particular”.
“Por eso, como todos los alumnos son diferentes, este trabajo lo hace crecer a uno constantemente”, refirió Rondina.
Y por ello, una de las cosas que más extraña este concertista, maestro de piano, conferencista y director de coros, es la docencia. “Daria cualquier cosa por tener alumnos de piano, de música y de dirección coral. Me encantaría”, afirmó.///