Un mar cargado de misterios
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2022/06/barco.jpg)
Días atrás el Concejo Deliberante declaró de interés público las investigaciones del proyecto “Eslabón Perdido”, que busca pistas de posibles desembarcos alemanes a fines de la Segunda Guerra Mundial
El jueves pasado, el Concejo Deliberante aprobó un proyecto de resolución que declaró de interés público la campaña de investigación que realiza el proyecto “Eslabón Perdido”.
Esta resolución le da nuevo impulso a la búsqueda que realiza en la región el periodista Abel Basti, autor de los libros “Bariloche nazi”, “Hitler en Argentina”, “El exilio de Hitler” y “Tras los pasos de Hitler”.
En los primeros meses de 2021 la expedición había llegado a Arenas Verdes en busca de pistas de posibles naufragios de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, los restos encontrados pertenecerían a una barcaza que se hundió en la zona, según pudo determinar una investigación realizada por el Museo Histórico La Lobería Grande.
No obstante, a principios de este año se realizó un nuevo hallazgo y surgió un conflicto con la Prefectura Naval, ya que la fuerza indicó que esos restos podrían pertenecer a una embarcación más antigua y debía preservarse por cuestiones arqueológicas.
En los últimos días, a la vez que avanzó en el Concejo Deliberante la declaración de interés público de la investigación, la expedición dio a conocer el avance de las gestiones para identificar los nuevos restos encontrados entre Costa Bonita y Arenas Verdes.
“La Prefectura Naval Argentina informó que se están realizando diligencias administrativas en relación al naufragio, aunque no aclaró si dicho pecio fue oficialmente verificado, tal como lo ordena la ley, para comprobar a qué embarcación pertenece y para determinar si constituye un riesgo para la navegación o un obstáculo que pudiera provocar percances como por ejemplo enganches de anclas, redes o líneas de pesca”, señala el comunicado firmado por el propio Basti.
Además la nota indica que “como la Prefectura ha cercenado la posibilidad de filmar el naufragio al equipo de Eslabón Perdido, tal como se había previsto en nuestro plan de trabajo, entonces hemos solicitado que dicha fuerza lo verifique oficialmente de acuerdo a los previsto en la ley orgánica, que le impone, entre otras funciones, la de fiscalizar los despojos de los naufragios”.
Basti recordó que “el 9 de marzo, hace casi tres meses, efectuamos la denuncia del hallazgo de un pecio no registrado ante la Prefectura Naval Argentina, delegación Quequén; pero, a pesar del tiempo transcurrido, el ministerio de Seguridad nos informó oficialmente que el naufragio no ha sido incorporado al boletín de aviso a los navegantes, ya que no se ha corroborado fehacientemente la existencia de un pecio”.
En el final de su escrito, Basti indicó que existe interés de la comunidad por los naufragios en la zona. “Esos cascos hundidos representan pequeños capítulos de la historia que merecen ser conocidos por todos”, concluyó.
Parte de la historia
Sin dudas, los naufragios han definido parte de la historia lugareña. Incluso se dice que el naufragio del velero El Filántropo, el 29 de abril de 1873, fue el motivo de encuentro de algunos vecinos del extenso Partido de Necochea que tenían una misma idea: fundar una ciudad.
Desde allí comienza un largo registro de naufragios y varaduras. Dos años antes de la fundación, en el invierno de 1879, naufragó en Quequén el buque “Misterio”. Hoy existen muy pocos datos sobre lo ocurrido a aquel barco, excepto que el juez de Paz José Anasagasti solicitó autorización a la compañía aseguradora para rematarlo.
Luego de la fundación los naufragios continuaron. En 1883 estalló el Krakatoa en las costas necochenses y se fue a pique. En 1890 se incendió, estalló y se hundió el velero Amelia Rondamini.
El 27 de abril de ese mismo año se hundió la goleta Ireten, de bandera inglesa y algunos de sus tripulantes fallecieron.
Ya en el Siglo XX, el 1º de abril de 1924, el vapor Wesbury naufragó en Punta Negra. Ese mismo día también encalló en Quequén el vapor Montepasubio, de bandera italiana. Hoy el balneario quequenense donde se produjo el naufragio lleva el nombre del buque.
El 12 de noviembre de 1934 encalló el vapor griego “Marionga J. Goulandris” y el 28 del mismo mes el “Maroula”, que transportaba adoquines. En el rescate de este último barco murieron dos marineros del ARA Belgrano.
Con el paso de los años se sucedieron otras encalladuras y algunas tragedias, como los naufragios de la lancha El Ángel, en 1936; la Santa Lucía, en 1944; la embarcación deportiva Camba Cúa o la lancha de media altura Nuevo Gaucho, en 1972.
En los últimos 40 años, dos historias de buques sin tripulación, tormentas, derivas y encalladuras parecen opacar todas las otras. Son las del buque “fantasma” Caribea y el largo peregrinar del Pesuarsa 2.
Entre historia y leyenda
No obstante, las incógnitas que genera la posibilidad de desembarcos de submarinos alemanes en el final de la Segunda Guerra Mundial, han vuelto a despertar interés en algunos naufragios olvidados.
Basti ha escrito varios libros al respecto. Sostiene que submarinos alemanes llegaron en 1945 a la región y desembarcaron aquí a jerarcas del régimen nazi. Luego las naves fueron hundidas.
Por ello, las enormes piezas metálicas con forma de timones encontradas en Arenas Verdes podrían haber corroborado la teoría de Basti, si se lograba identificarlas como partes de submarinos alemanes.
Las teorías sobre desembarcos alemanes en la región no son nuevas. Las primeras sospechas se ven reflejadas precisamente en las páginas de Ecos Diarios en 1944. El 23 de febrero de ese año se publicó un artículo titulado: “Se había extendido hasta nuestra zona el espionaje del Eje”.
La nota hacía referencia a un informe de inteligencia según el cual Alemania proyectaba “un desembarco de agentes secretos que debía realizarse entre los faros de Quequén y Miramar”.
“Una parte del informe de espionaje dado a conocer por las autoridades nacionales resulta particularmente interesante para nosotros, en razón de referirse a actividades que tenían como propósito la utilización de parajes de nuestra costa”, señalaba el artículo periodístico.
El informe, que Ecos Diarios reproducía textualmente, indicaba que: “Se ha establecido que a fines del año 1943, el mayor general Frederich Wolf, agregado militar naval de la embajada alemana, comisionó a Guillermo Otto Alberto Seidlitz para que buscara un lugar adecuado en la costa atlántica de la Provincia de Buenos Aires, donde poder desembarcar de submarino alemán, uno o dos agentes secretos del eje, además de materiales necesarios a los organismos de espionaje existentes en la Argentina”.
Siempre según el informe, Seidlitz se puso en contacto con Gustavo Eickenbert, con quien efectuó un viaje a una estancia adquirida por él mismo en Mar del Sur, localidad situada a unos 60 kilómetros al Sur de Mar del Plata, recorriendo los lugares vecinos y la costa marítima, llegando, de acuerdo con Eickenberg, a que el lugar ofrecía grandes probabilidades para efectuar con éxito un desembarco desde el submarino, entrevistando a su regreso al general Wolf, para dar cuenta del cumplimiento de la misión y presentar un informe detallado de las comprobaciones recogidas, indicando como el mejor punto de arribo el equidistante entre los faros de Miramar y Necochea, que es coincidente con el camino que lleva a la estancia de Eickenberg”.
Si bien no existen datos posteriores de desembarcos de espías, aquel informe de inteligencia creó intranquilidad entre los necochenses y, un año más tarde, cuando dos submarinos alemanes se rindieron en el puerto de Mar del Plata, los recuerdos de aquellos datos dieron pie a todo tipo de historias que aún perduran.
Misterios bajo el agua
Las investigaciones de Basti sostienen que en realizar aquellos desembargos existieron. Sin embargo, las grandes piezas metálicas encontradas entre Arenas Verdes y Costa Bonita en 2021 no pertenecerían a ningún submarino.
El Museo Histórico “La Lobería Grande” reunió evidencias que permitirían asegurar que los restos encontrados serían en realidad aletas de la barcaza Alianza G4, varada en Costa Bonita el 28 de agosto de 1990.
Según se informó desde el museo, “el último aporte sustantivo lo proporcionó el ingeniero naval y mecánico (UBA) Carlos María Brañas, reconocido especialista en la materia, que participó en las operaciones de reflotamiento de la nave. De acuerdo a su consideración, se trata de aletas y no de timones, y fueron arrastradas por las marejadas hasta su ubicación actual”.
La operación mencionada por Brañas demandó en realidad dos meses de intenso trabajo. En ese lapso la barcaza se convirtió en lo que se denominó en su momento “la nueva postal de Costa Bonita”.
Con el paso del tiempo y el olvido, el hallazgo de las aletas de la barcaza entre los balnearios de Costa Bonita y Arenas Verdes se convirtió en un misterio. Sin embargo, a lo largo de toda la costa Lobería, Necochea y San Cayetano, es posible encontrar innumerables restos de embarcaciones.
En los días en que la expedición Eslabón perdido buscaba pistas de posibles restos de submarinos alemanes en Lobería, en el balneario San Cayetano se encontraron cadenas y anclas de viejas embarcaciones.
Sin dudas, la costa de la región aún guardan innumerables secretos, por ello investigaciones como las de Eslabón Perdido prometen rescatar del olvido muchas historias y misterios ocultos bajos las aguas.///