Un movimiento cultural que tuvo un cambio de paradigma
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Los grafiteros solían estar mal vistos ya que existía una visión generalizada pero hoy hay casos puntuales en que son respetados por su aporte artístico a la ciudad
Es difícil hacer una nota sobre grafiteros sin caer en la discusión entre los que lo consideran un arte y los que lo consideran vandalismo. Por eso, este texto apuntará a aquellos artistas de la pintura en aerosol que han hecho un aporte importante a la cultura de Necochea y Quequén y que, muchas veces, no son reconocidos y hasta son casi anónimos.
Los pintores de cuadros tienen sus propias exposiciones, son llamados a participar en eventos y se han ganado cierto prestigio entre los artistas locales. Sin embargo, el que pinta con aerosoles siempre tiene un cierto grado de discriminación. Como si la forma de aplicar la pintura hiciera la diferencia entre un artista y otro.
Al caminar por las calles, se pueden ver en todos los barrios algunos grafitis con temáticas variadas. Desde conceptos simples y con pocos colores hasta dibujos que cuesta creer que haya personas que los puedan hacer con algunos aerosoles de pintura. Sombras, reflejos, texturas, efectos tridimensionales y varias cosas más se pueden encontrar en estas obras de arte callejeras.
Esto sin contar los eventos que han permitido pintar todo el Anfiteatro del parque Miguel Lillo con decenas de grafiteros de todo el país.
Sin embargo, tener un espacio para hacer estos dibujos y que sea aceptado por la política y la sociedad en general no fue de un día para el otro y todavía cuesta que algunas personas lo entiendan.
Han tenido que pasar varios años para que el concepto del grafitero pase del «pibe que raya paredes» al «artista» y eso ha sido gracias al trabajo de varios jóvenes comprometidos con dar un aspecto más colorido a la ciudad.
Uno de los pilares locales
Julián Geiler tiene 24 años y es nacido en Buenos Aires aunque lleva años vinculado al ambiente del hip-hop de nuestra ciudad. Su nombre artístico es «Shulean» y hace casi una década que su firma aparece en varios de los grafitis más importantes de las calles de Necochea y Quequén.
Empezó cuando tenía once años, mirando a otros grafiteros experimentados en la provincia de San Luis y, al llegar a nuestra ciudad en el año 2010 se encontró con que no había gente que hiciera eso. «Hoy en día va creciendo. Lento pero va. Yo pintaba solo cuando llegue pero después se empezaron a sumar nuevos pibes que se largaban», contó.
Además, Shulean contó que, gracias a eventos y actividades, “cambió un poco” el punto de vista de la gente, “para bien” porque, “de cierta forma, le da espacio al arte callejero”.
“Malos hábitos”
Respecto a las pintadas que se hacen en paredes de propiedad privada, también brindó su punto de vista. “El grafitero refleja su rebeldía a través de la pintura. Algunos con más códigos que otros”, señaló.
También contó que él ha pasado por “el furor del vandalismo” y que hasta lo han llevado detenido por ello. “Ahora hago grafitis más producidos. Sigo en actividad del grafiti vandálico, a muchos no les gusta. Pero es por necesidad. A falta de espacio, es nuestra protesta”, aseguró, y agregó que “hay grafiteros que solo son vándalos y buscan lo ilegal, cada uno por sus propias motivaciones”.
“El hip hop es un movimiento cultural que hoy en día esta alrededor del mundo y consiste en habilidades conocimientos respeto y códigos de calle. Un idioma universal. Saber enseñar y plantar cultura donde no hay. Más de uno agarra ese camino y deja de lado algunos malos hábitos y terminan siendo prodigios en su pasión”, aseguró.
Ser perseverante
Shulean asegura que no se puede ser grafitero de un día para otro ni tampoco se pude arrancar y dejar a los pocos días. “Hay que usar la cabeza y crear cosas nuevas. No se puede ser perezoso. Es importante ser perseverante y mantener esos valores siempre, confiar en el camino del arte y ver como las cosas llegan por añadidura”, indicó.
Además, aseguró que él se considera un “militante del arte” y que por eso no se resiste a “poner la cara”. “Muchos grafiteros no se muestran por sus actos vandálicos”, concluyó.///
¿De donde viene el grafiti?
Su origen se remonta a las inscripciones que han quedado en paredes desde los tiempos del Imperio romano, especialmente las que son de carácter satírico o crítico.
Sin embargo, el grafiti como lo conocemos es una forma de expresión que nace en los Estados Unidos, en la década del ‘60, junto con las otras tres partes que componen la rama del Hip Hop: el Freestyle (la voz del rap),el Dj o Beatbox (la música) y el Breakdance (el baile).
Muchas veces se utiliza para escribir palabras de manera libre que pueden derivar en firmas abstractas de los autores lo cual generó una revolución en Norteamérica desde sus comienzos que llevó a que se lo tome prácticamente como un acto de vandalismo en muchas partes del mundo.
El arqueólogo Raffaele Garrucci divulgó el término en medios académicos internacionales a mediados del siglo XIX, el neologismo se popularizó y pasó al inglés coloquial al usarse en periódicos neoyorquinos en los años setenta.
Por influencia de la cultura estadounidense, el término se popularizó en otros idiomas, entre ellos el castellano.
En 1967, aparecieron en Estados Unidos una explosión de nombres sobre edificios y paredes en todas partes de la ciudad, grupos de grafiteros tejían su camino por los lemas políticos que reflejaron el cambio social de una nación. Esa explosión llegaba a Necochea 43 años más tarde con la generación de Shulean y Foffo.
Un ícono de la ciudad
Definitivamente, no se puede hablar de grafitis en Necochea y Quequén sin nombrar a Little Foffo.
Ese es el nombre artístico que lleva Alan Toledo quien, se ha convertido tal vez en el grafitero más reconocido de la ciudad ya que, si bien lleva un poco menos de tiempo que Shulean en este arte, ha logrado vivir de esta actividad y se ha ganado el respeto de la mayor parte de sus colegas.
Además, Foffo ha sido el creador del evento anual denominado “Uniendo Piezas” que tuvo las primeras ediciones en nuestra ciudad y que la última fue en la capital de Misiones. Las veces que se realizó en Necochea, el evento juntó a decenas de grafiteros de todo el país y de países limítrofes para pintar el Anfiteatro, los galpones de la vieja estación del tren y un sector de la avenida 75, la plaza de 72 y 51 y el viejo sector del Complejo Jesuita Cardiel que se usaba como skatepark. Todos esos lugares aún conservan los trabajos de los grafiteros.
Little Foffo ha sido un apasionado por el dibujo y se ha inspirado sobre todo en personajes de fantasía como hadas y duendes. Actualmente también da talleres para chicos.
Uno de sus trabajos más impactantes y visibles es el de la calle 64, en las paredes del viejo cine Gran Sud, el cual lo hizo por su propia cuenta por ver más linda la ciudad. De igual manera, cuando la gente pasaba y veía su trabajo, no dudaba en colaborar con dinero.
Su dibujo más característico, que ya está plasmado en muchos lugares de la ciudad como así también en remeras, buzos y gorras, es un simpático cerebro rosado con ojos negros, pies y manos.
Otro dato curioso y que mucha gente desconoce es que existe un mural de grandes dimensiones con su cara, que fue un homenaje de un colega por su trayectoria. El mismo se encuentra, desde diciembre de 2017, en la avenida 2 casi 75.
