Un panorama inquietante
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La seguidilla de días de mal tiempo parece haber puesto finalmente de rodillas a una temporada de verano que seguramente será recordada por siempre. La pandemia de coronavirus así lo ha dictaminado y el balance económico anticipado de este comienzo de año para los operadores y comerciantes turísticos, es de mediocre para abajo.
Previo al verano se intuía que la temporada no sería buena en materia de movimiento de turistas, y la conformidad del sector que apuesta a la misma era llegar a un resultado regular.
La latente chance de una explosión de casos, que por fortuna no se concretó, y la imposibilidad de no poder disfrutar de espectáculos, por caso ni siquiera poder ir al cine, o de eventos deportivos, restaban a lo que es la habitual oferta de verano de Necochea.
La tentación de esta amarga realidad es echarle la culpa total al mal tiempo, pero no hay que obviar la situación económica de un amplio sector de la sociedad argentina, sobre todo del grupo que habitualmente elige nuestras playas para vacacionar.
La antesala de un año con poca o nula actividad producto de la interminable cuarentena que aplicó el Gobierno, y que incluyó la quiebra de empresas, cierre masivo de comercios y por ende pérdida de cientos de fuentes laborales, hacían predecir lo que estamos viendo. Esto sumado a una manifiesta falta de ideas de quienes dirigen el país para enderezar el mal rumbo económico y apaciguar la inflación. En este último aspecto los cuatro aumentos que se han producido en el valor de los combustibles y su arrastre en el resto de las actividades, es la mejor imagen de tal descalabro.
Ilusoriamente las ciudades turísticas de nuestro país alentaban la esperanza de que al no poder a viajar al exterior, ese turismo se volcaría en nuestro territorio. Algo en lo que Necochea no cuenta, entre otras cuestiones por la deficiente calidad de sus servicios o la carencia de tentadores atractivos para dicho segmento de visitantes, más allá de lo que la diosa naturaleza ofrece.
La última apuesta se juega en el fin de semana largo que estamos transitando, ya que por más que en la “teoría” se pretende extender la temporada hasta el 5 de abril, entre otras cuestiones inexplicables manteniendo el servicio de guardavidas, la realidad es que el 1º de marzo, con el comienzo de las clases, habrá caído el telón del verano.
En este análisis de lo acontecido, está claro que este año el dinero ingresado a la ciudad será altamente menor al de otros tiempos y por ende no será volcado en la economía lugareña para “pasar el invierno”.
En este plano tampoco hay que descartar lo acontecido con la actividad portuaria, paralizada por más de 20 días por un paro de transportistas y que recién está tratando de reencauzarse. Un sector que ocupa a cientos de personas.
Desde algunos sectores ligados al turismo, por caso el de los hoteleros y balnearios ya se han expresado reclamos de ayuda al Estado municipal para poder afrontar los compromisos con el mismo en materia de tasas o cánones. Algo sobre lo cual por ahora no se esboza una respuesta contundente por parte de quienes administran la comuna.
En tal panorama, no hay que ser adivino para predecir meses venideros más que complicados. Un nuevo azote para una ciudadanía que desde hace largo tiempo sabe más de sinsabores que de buenos pasares. ///