Un paseo limitado
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Hace por lo menos tres años que está vedada la posibilidad de subir al
Faro de Quequén. Se puede visitar, pero no se puede ascender.
El predio está impecable. El césped, al igual que las plantas y los
arbustos, está perfectamente cortado, pero lamentablemente
no se puede subir a la cima.
Si bien su construcción comenzó en 1920, el Faro quedó habilitado el 1º
de noviembre de 1921. En esa ocasión era considerado,
como el más moderno del país, tanto por las perfeccionadas
características de su aparato óptico como por la construcción de la
torre, hecha en cemento armado, siendo lo último de la ingeniería en ese
momento.
Está emplazado sobre un médano, a 31 metros sobre el nivel del mar. Su
torre tiene 33 metros con ochenta centímetros de alto y, para alcanzar
la plataforma principal, hay que subir 163 escalones.
Desde hace 97 años cumple la valiosa tarea de guiar a la navegación,
pero además ha sido por años un atractivo turístico de los más
visitados, incluso promocionado durante las temporadas.
Actualmente se siguen recibiendo visitas de alumnos de escuelas y del público en general, pero han decaído considerablemente desde que no se puede subir.
Incluso en el verano, los turistas se van desilusionados cuando llegan y
les informan que es imposible ascender.
Las causas de por qué no está habilitado, nunca quedaron claras. En
algún momento, se dijo que la estructura necesitaba mantenimiento, pero
también se deslizó que no contaban con el seguro correspondiente para
que subiera el visitante. Más allá de las razones, lo curioso es que no
se pueda subir como sí se hace en otras ciudades tanto de nuestro país
como otras partes del mundo, donde se asciende a faros, torres,
iglesias, entre otras estructuras de altura, para sacar fotos o
simplemente para contemplar el paisaje desde un lugar privilegiado.
En algún momento, el intendente Facundo López anunció que se estaban
haciendo trámites para volver a habilitar el ascenso e incluso se habló
de la posibilidad de armar un circuito turístico y mejorar el paseo.
Nada de eso ocurrió y el Faro está cada vez más solitario porque nadie
lo visita, a excepción de los cinco miembros de la Armada Argentina que
custodian el lugar.
Es de esperar que el Faro no quede en el olvido como ha sucedido con más
de una estructura o edificio en Necochea. De todas maneras, el lugar
está a cargo de la Armada, pero la Municipalidad no debe perder de vista
este predio para gestionar mantenimiento, si es que es necesario, y por
qué no, la posibilidad de volver a subir los 163 escalones para que vuelva a ser el atractivo que fue no sólo para los turistas sino también para los
habitantes del distrito.///