Un paseo por el tren fantasma
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Un rodeo al edificio del casino por la noche brinda una imagen similar a una serie de terror ante la oscuridad del lugar. Ecos Diarios tuvo esa experiencia minutos antes de la medianoche del jueves pasado.
Algunos autos, estaban estacionados sobre el cordón de la entrada principal al edificio y una luz mortecina indicaba que estaba abierta la sala de juegos. Un solitario cuidador de autos, seguramente del personal que allí trabaja, se acercó tímidamente diciendo el clásico “se lo cuido”. Sobre la escalinata que mira hacia la playa de estacionamiento dos jóvenes, tal vez, residentes en lo que queda del auditorio tomaban mate, ajenos a todo.
Decidimos ingresar y la soledad imperante, daba la sensación que éramos los únicos en el interior. Luego de subir la escalera, un solitario policía se entretenía con su celular. Unos turbos calefactores templaban el ambiente absolutamente vacío.
Desde ahí se apreciaban las dos únicas mesas de juego que estaban habilitadas, mientras que en el mostrador del bar solo se encontraba quien esperaba que se arrimase alguien, aunque sea a pedir un vaso de agua.
Las miradas de los pocos empleados eran expectantes, por si nos acercábamos a tentar la suerte, cosa que no ocurrió. Consultada una camarera sobre qué sentido era tener abierto, expresó “la gente viene más tarde” a lo que este cronista irónicamente le contestó “qué, se levantan para venir a jugar”, eran las 23.45.
Se respiraba en el hoy deprimente salón que conoció noches de multitudes, el aburrimiento de quienes tenían que permanecer sin actividad alguna hasta las 2 y 30 de la madrugada, la hora de cierre, en este caso por ser jueves.
Aun con este panorama, incierto, que no ha de ser desconocido por las autoridades se ha anunciado que funcionará todos los días durante la llamada pomposa temporada de invierno.///