Un perverso deleite
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Aunque lamentablemente el vandalismo, destrozos y robos se trata de conductas que se repiten en el tiempo, en las últimas semana los centros de salud y establecimientos educativos o de arte, han empezado a ser los elegidos por aquellos que no trepidan en complicarle la vida a otros, sin medir consecuencia alguna.
En las últimas horas se produjeron, por segunda vez en semanas, una serie de roturas en postigos y vidrios de la escuela Municipal de Artes, sita en la ex estación de trenes, donde autores ignorados ingresaron al edificio con la misión de romper más que de llevarse algo de valor.
También en los últimos tiempos, amparadas por la falta de vigilancia, personas no identificadas produjeron roturas en los accesos a los centros de Salud del Barrio Puerto y Oeste, para alzarse en el primer caso computadoras, y en el segundo sólo con medicamentos.
Días atrás, y con motivo del incendio intencional en el teatro auditórium del las páginas de Ecos Diarios recordaron una serie de siniestros a paradores y estación de trenes de Quequén, entre otros, comenzados en forma intencional y que nunca fueron aclarados.
Inspirados en esta especie de impunidad y ganas de “disfrutar” viendo cómo se quema un lugar y los bomberos se extreman en apagar las llamas, a veces poniendo en riesgo sus vidas, ayer se conoció la novedad de un incendio en las instalaciones de la escuela Nº 19, ubicada en el barrio 9 de Julio, donde se prendió fuego un depósito. También con un “extraño” inicio, que es materia de investigación.
De nada sirve para los inadaptados sociales que cometen estos ataques que se les llame a tomar conciencia del daño que hacen, o se les implore que no cometan estos desmanes, que muchas veces alteran o destrozan elementos que por su antigüedad eran patrimonios de la ciudad.
Seguramente algunos pensarán que como se trata de sitios pertenecientes al Estado, enseguida surgen los recursos para arreglar las roturas y “aquí no ha pasado nada”. Pero lo que no entienden es que a la larga lo pagamos todos.
Al menos quienes cumplen con sus obligaciones como contribuyentes.
Tampoco prosperan las investigaciones policiales tras las denuncias, ya que la serie de ataques y robos en monumentos y espacios públicos de los últimos años no han derivado en la detención de los autores.
El romper lo público, que es de toda la comunidad, no es más que un perverso deleite de personas seguramente llenas de inexplicables rencores contra la sociedad; y, en el fondo, carentes de una cuestión basal para el correcto desarrollo de un país: educación. Algo que es mucho más que una simple palabra.///