Un pilar en la historia de varias instituciones
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Matilde Pelaez ha hecho una amplia carrera docente y ha aportado su tiempo y trabajo para ver crecer a entidades de la ciudad
Por Ian Larsen – Redacción
Matilde Pelaez es una de esas personas que toda sociedad necesita para crecer, ya que es de las que está dispuesta a poner parte de su tiempo y trabajo para ayudar a otros y para ver una evolución positiva en las instituciones de las cuales participa.
Nacida en España pero residente de Necochea desde que tenía solo tres meses de edad, Matilde Peláez se ha involucrado con cada institución de la que ha participado. A lo largo de su vida ha sido una de las fundadoras de la asociación Todo Para Ellos, institución que hace 33 años que brinda apoyo a personas con discapacidad de nuestra ciduad; docente y directora de la Escuela Especial 501; miembro de la Coordinadora de las Colectividades y actualmente la socia más antigua del Centro Asturiano de Necochea, entidad en la cual trabaja muy activamente desde que se jubiló de la docencia.
Infancia y familia
Matilde tiene un hermano cinco años mayor que ella, que dejó la Argentina para volverse a su España natal hace más de tres décadas. Sus padres, Lucio Peláez y Cándida Fernández, se dedicaban a la sastrería y a modista, por lo que siempre trabajaron juntos.
El motivo de la migración de la familia Peláez a Necochea fue tras la guerra civil española, por una cuestión de supervivencia, dado que en su momento Lucio había formado parte de las tropas republicanas y, tras el triunfo de Francisco Franco, hubo muchas amenazas de muerte y venganzas.
Afortunadamente, el pase de acceso definitivo al país estuvo intermediado por parte de la familia de Lucio (tíos y primos), la cual ya estaba radicada en nuestra ciudad desde una corriente migratoria anterior.
Cuando su padre llegó a Necochea, continuó con su actividad como sastre junto a su esposa y, paralelamente, fue presidente por muchos años de la Sociedad Española y fundador de la farmacia mutual y del Centro Asturiano, dado que tenía una vida social muy activa, hasta que los problemas de salud le empezaron a exigir un descanso.
Matilde comenzó a cursar sus estudios en el Colegio de Hermanas, para luego trasladarse al colegio Divino Maestro, de Quequén, donde terminó recibiéndose como docente en 1966.
Como docente
Es bueno mencionar que a los 16 años tenía el título de maestra por el hecho de haber terminado el secundario, como era común en aquellos años. Como había dificultades econímicas para salir a estudiar afuera, se anotó en el antiguo edificio del Instituto 31 para seguir el profesorado de educación especial.
Sus estudios le permitieron ingresar a la Escuela 501, donde fue concursando cargos y terminó siendo vicedirectora en 1990 y directora desde 1996 hasta 2007. «Era como si fuese la columna de la escuela, era un trabajo que me gustaba y hoy extraño mucho a los chicos. Todavía me los encuentro en la calle y me llaman y me gritan pero era un trabajo que demandaba mucha responsabilidad. Afortunadamente tuve una asociación cooperadora de lujo que nos apoyaba en todo lo que necesitábamos», recordó.
Luego de jubilarse, volvió los primeros años a la institución porque extrañaba, hasta que un día una auxiliar que había empezado a trabajar allí no la reconoció y la dejó parada afuera, esperando ser atendida por la directora, que era Mónica Pisarro, con quien también fundó la asociación Todo Para Ellos. Ese día se dio cuenta que de su escuela solo quedaba el nombre y el edificio y que era hora de cortar los lazos que la unieron a ella por tantos años. «La gente cambia y ya no conocés a nadie», contó riendo.
En su vida fuera del trabajo, Matilde se casó y tuvo tres hijos: María Eugenia, Agustín y Clarisa, quienes le han dado seis nietos.
En el Centro Asturiano
Dado que era muy pequeña cuando comenzó a asistir al Centro Asturiano, con el tiempo se conviritió en la socia más antigua de la entidad.
«Actualmente no somos más de 40 o 50 socios y la comisión directiva donde cada uno ha ido involucrando a sus hijos. Hemos pasado por todas las etapas, por todos los gobiernos, desde estar en la avenida 58 donde se hizo el primer salón hasta la sede actual», contó.
Estos últimos años han sido de mucha más dedicación al Centro, dado que mientras estaba ejerciendo como docente tenía otras responsabilidades que le demandaban tiempo, además de la crianza de sus hijos. «Cada vez vamos quedando menos porque no hay más corrientes migratorias de Europa», contó.
Su relación con esta entidad también la llevó a ser su representante en la Coordinadora de las Colectividades.///