Un proyecto, una necesidad y la cuarentena
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La asociación civil Pictogramas tenía varios proyectos para este año, entre ellos la realización de un congreso con la participación de especialistas de otros lugares del país
“Dejamos de trabajar en marzo y cerramos, pensando que volveríamos a abrir en unos días o unas semanas”, afirmo Valeria Calderón, presidenta de la asociación civil Pictogramas.
La entidad que surgió por iniciativa de un grupo de acompañantes terapéuticos para brindar un espacio de recreación y contención para adolescentes con alguna discapacidad.
En sus trabajos habían observado la dificultad para los adolescentes con discapacidad de conocer a otros jóvenes en su misma condición, la falta de espacios recreativos comunes y de lugares de contención específicos para ellos.
Había una problemática, pero el grupo de acompañantes terapéuticos no sabía cómo dar una respuesta. El principal inconveniente era que no había en el país una institución de este tipo que les sirviera de modelo.
La entidad se formó hace cuatro años con la intención de solucionar esa problemática y a mediados del año pasado logró su personería jurídica.
Este proyecto surgido hace varios años, comenzó a cristalizarse en 2019, cuando Pictogramas habilitó su sede en la calle 55 al 2200.
Este año, cuando comenzó la cuarentena y la asociación cerró sus puertas, se trató de seguir y se comenzaron a enviar actividades a los chicos a través de plataformas digitales, pero cuando el aislamiento se extendió por meses, la situación de la entidad se comenzó a tornar dramática.
Muchos de los doce años adolescentes que concurrían en marzo a Pictogramas tampoco volvieron a contar con asistencia terapéutica.
La cuarentena atenta con el objetivo principal de la entidad, que es la inclusión de los adolescentes con discapacidad y su inserción social y laboral.
Protocolos
“En julio empezamos con los protocolos del gobierno, pero todavía estamos esperando a ver cuándo podemos abrir”, señaló Calderón, que precisó que en los primeros meses, tras el cierre, “trabajamos tres veces más, sin ganar nada”.
Así como no recibieron respuesta de parte de las autoridades para volver a abrir sus puertas, las negociaciones con las obras sociales fueron aún más complicadas, por lo que ahora la entidad se sostiene con donaciones y con lo que logran recaudar los propios acompañantes terapéuticos vendiendo pizzas.
“Nos tuvimos que reinventar. Somos doce personas y no sabemos cómo y cuándo va a ser el regreso”, dijo Calderón.
Incluso sospecha que, por cómo viene dada la situación, “seremos de los últimos en volver”.
Mientras, la entidad debe seguir soportando los costos de mantener su sede ociosa y todos los proyectos que la comisión directiva tenía para este año han quedado frustrados.
Entre ellos, la apertura de un café atendido por los propios chicos y la realización de un congreso con la participación de especialistas de diferentes lugares del país.
Ese evento se perfilaba como el cierre de una primera etapa de gran esfuerzo y sacrificio, en la que se logró reconstruir casi en su totalidad una vieja casa para convertirla en un lugar que se adaptara a las necesidades de personas con discapacidad.
Pero este año el desafío parece otro y como muchas otras entidades de la ciudad, Pictogramas lucha por seguir a flote cuando termine la cuarentena.
“Vamos a tener que reconstruirnos y reconstruir el proyecto”, señaló Valeria, que como sus compañeros no quiere bajar los brazos.