Emociones y recuerdos de Malvinas
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A instancias de Alejandro Lombardi, cinco excombatientes que pasaron en 1982 dos meses en las islas del sur, se volvieron a ver. Anécdotas, lágrimas, risas y un círculo que lograron “cerrar entre todos”
Impulsados por un sentimiento de hermandad que late en sus corazones desde hace 37 años, cinco excombatientes de Malvinas, entre ellos Alejandro Lombardi, tuvieron un movilizador reencuentro el último fin de semana, en el que rememoraron el hecho que cambió sus vidas para siempre y pudieron cerrar un círculo que había permanecido abierto.
Los cinco veteranos de guerra tuvieron a su cargo, junto a otros tres ex soldados y dos suboficiales, el control de un cañón antiaéreo que durante dos meses de 1982 defendió la zona de Puerto Argentino, en las lejanas islas del sur.
Además de Lombardi, que fue el eje de esta inolvidable vivencia, el encuentro tuvo lugar en un bungalow de la localidad de Mar de Cobos, donde reside el marplatense Miguel Guerrero. A ellos se sumaron Oscar Villalba, Gabriel Beber y Horacio Galván, residentes en distintos puntos del país. Los cinco fueron integrantes durante el servicio militar del GADA 601, motivo que los llevó a ir a pelear por la Patria.
El gestor
“Desde hace muchos años venía persiguiendo el sueño de reencontrarnos los ocho muchachos que estuvimos en ese pozo en Malvinas e intenté de ubicarlos de varias formas”, contó Alejandro Lombardi a Ecos Diarios, para añadir que “primero conseguí los números de documentos y luego algunos domicilios. Primero di con Miguel Guerrero, oriundo de Mar del Plata en uno de los actos conmemorativos. Pero éste no parecía tener el sentimiento de juntarse”.
Una foto hallada por casualidad empezó a darle forma al reencuentro. “Al terminar la guerra nos secuestraron todas las fotos que nos habíamos sacado allá. Y casi por milagro, en octubre pasado me encontré en un foro de Malvinas con la mismísima foto de nuestro cañón tomada durante la guerra. Y había un comentario de una persona que firmaba con un seudónimo. Le mandé un correo privado y resultó ser Gabriel Beber, uno de mis compañeros. Lo llamé, luego pudimos ubicar a Miguel Guerrero, más tarde a Horacio Galván, pero nos faltaba hallar a los otros”.
A través de un contacto en la Anses, se pudo “descubrir” los teléfonos de Oscar Villalba (vive en Lanús), Héctor Gallo y Mario Martini y la confirmación del que el octavo soldado, Jorge Martínez, había fallecido en 2014.
Abrazos, lágrimas y un diario
Seguidamente se armó un grupo de Whatsapp, y surgió la invitación a reencontrarse, con una tarjeta elaborada por la hija de Alejandro, con cada uno de los asistentes brindando, además de la imagen del viejo cañón.
Mar de Cobos, donde vive Guerrero, fue escenario de la reunión. Para los cinco veteranos de guerra que aceptaron el convite (Gallo y Martín no acudieron), el pasado sábado llegó el ansiado momento de verse luego de casi cuatro décadas, estrecharse en un fuerte abrazo, recordar y ponerse al día de lo que fue de sus vidas luego de Malvinas.
Lombardi es el único que regresó a las islas hace unos años junto a otros ex combatientes y filmó un video, que llevó a la cita. En el mismo aparece el lugar donde les tocó participar y convivir durante la guerra. Una imagen que miraron decenas de veces este fin de semana los ex camaradas.
También llevó consigo un diario, que escribió en el mismo escenario durante esas duras jornadas. “Un testimonio que rogué a los ingleses que no me lo quitaran, y que cuido como un tesoro…”
Durante casi dos horas Alejandro les leyó a sus compañeros los sentimientos plasmados en ese diario por un chico de 18 años en plena guerra. Las deterioradas hojas los transportaron a ese tramo de 1982, comprendido entre el 17 y de abril y el 18 de junio (cuatro días después de la rendición). Y afloraron el dolor, las lágrimas y las acotaciones de cada uno a esos escritos.
“Vivimos codo a codo esos días, nos contamos secretos, padecimos cada bombardeo nocturno del enemigo y salimos vivos…”, resume emocionado Lombardi, que se quebró en dos pasajes del diálogo con Ecos Diarios.
Tras el fin de semana, los cinco sienten que han “cerrado el círculo”. Cada uno tiene su mirada personal de lo que les pasó, pero coincidieron en la necesidad de compartir un sentimiento que es mutuo. No obstante aún hay mucho por hablar y para eso han previsto un nuevo encuentro, que sería en el próximo mes de julio, esta vez en Buenos Aires.
Sensaciones individuales
Además del necochense Alejandro Lombardi (está jubilado tras haber desempeñado varias labores), Ecos Diarios recogió el pensamiento de cada uno de quienes protagonizaron el reciente reencuentro.
Oscar Villalba, quien vive en Lanús, tras haberse jubilado de su labor como colectivero, apuntó que “fue algo sensacional, fabuloso. Alejandro nos juntó y le estaremos agradecidos siempre. Cada uno recordaba un detalle y ante el mismo nos sorprendíamos, reíamos o lagrimeábamos. Fue como un sueño. Allá vimos muerte, tristeza y dolor y sólo lo podemos comprender entre nosotros, analizándolo hoy, con casi 40 años más de aquél entonces…”
El veterinario Gabriel Beber (nacido en Bahía Blanca) reside en Aluminé. Sobre lo sucedido sostuvo que “fuimos con la sensación de que entre todos íbamos a armar un rompecabezas, lo que se logró con creces en un encuentro con mucho afecto”.
Luego apuntó que “estuvimos dos meses juntos hace 37 años, en condiciones muy especiales, donde no había posibilidades de expresar afectividad y obviamente no volvimos amigos de la guerra. Pero hoy si podemos decir que nos juntamos un grupo de amigos, para llenar con absoluta confianza un hueco grupal, disintiendo con fervor, porque somos distintos, pero terminando con el abrazo fuerte y la promesa de volvernos a ver”.
El anfitrión del último fin de semana, Miguel Guerrero (marplatense), jubilado, confesó que “tuvimos la suerte de concretar rápido este encuentro, que realmente fue muy emotivo. Todo se hizo en forma positiva, con mucho respeto. Pudimos cerrar un círculo dándonos una mano el uno al otro y eso no lo olvidaremos nunca”.
El quinto integrante del reencuentro, Horacio Galván (marplatense), que tras haber trabajado en “la casa de Mar del Plata“, existente en Buenos Aires, se jubiló y quedó a vivir en la Capital, reflexionó: “Fue muy emotivo… Pasaron 37 años y es como si el tiempo no hubiese transcurrido. Sentí que estamos hermanados y pudimos entre los cinco transformar el dolor en vida y emociones de juntarnos. Seguro que hay diferencias entre nosotros, pero luego de lo sucedido el fin de semana, nos sentimos iguales por nuestra historia en común”.