Un «símbolo» del paisaje costero
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En el marco de un acondicionamiento general que desde hace un par de meses vienen llevando a cabo el municipio y privados en el paseo costanero delimitado por la proyección de la calle 99 y la avenida Pinolandia, se ha procedido a la restauración de una escultura de Neptuno, que por décadas ha identificado al lugar.
La tarea de recuperación, una de los tantas que se han tenido que hacer en el tiempo producto de ataques vandálicos, amparados por un sitio que suele estar desolado fuera del tiempo estival, viene siendo llevado a cabo por el artista plástico Ariel Espósito, a quien el Rotary Club de Necochea por su cuenta confiara los trabajos también de restauración del monumento de avenida 58 y calle 57.
El nuevo «maquillaje» que se realiza a la estatua de Neptuno, amerita el recuerdo de la historia de la misma, en la que jugó un curioso rol un comentario publicado en las páginas de Ecos Diarios.
Sucede que hace más de 60 años, una escultura de Neptuno apareció sobre la rotonda frente al puente colgante Hipólito Irigoyen, sobre la margen derecha del río Quequén, es decir en Necochea.
Aquella figura sin valor artístico, que hoy sería difícil confirmar su procedencia, tal vez haya sido comprada por el municipio en aquellos negocios que venden las más diversas esculturas, como pueden ser los enanitos para jardín entre otros adornos de discutible gusto.
Lo curioso del caso fue que al dios de los mares, según la mitología romana, se la había ubicado frente al río. Ecos Diarios en su momento, con cierta cuota de ironía, destacó el hecho como que, al soberano jinete de caballos blancos que cabalgaba sobre las tempestuosas aguas de los mares se lo había humillado con su presencia auscultando al sereno río.
A poco de haberse publicado esa nota, la misma figura de cemento, reiteramos de relativo valor artístico, fue trasladada respetuosamente a la explanada frente al mar, haciendo honor al mitológico dios y con el correr del tiempo el público se encargó de denominar al lugar simplemente, como Neptuno.
La elección primaria de elegir ese sector de la costa para ubicar la estatua, al igual que hoy, tiene su encanto con una vista privilegiada del mar que invita a estacionarse y contemplar la majestuosidad del reino de Neptuno.
Varias gestiones municipales se fueron ocupando de reinstalar la figura una vez maltrecha, la que por su solitaria ubicación siempre fue y será presa de los depredadores del mobiliario urbano. Y en esos ataques el tridente, símbolo de su fantasioso poder, era lo primero que históricamente se le arrebataba de la mano a un impertérrito Neptuno.
El hecho de que en la actualidad se haya levantado en el lugar parador y otras construcciones, que se ha anunciado tendrán actividad durante todo el año, tal vez permitan que esta vez el Neptuno se mantenga menos vulnerable a quienes desprecian los monumentos de la vía pública.///