Un tema de campaña cuya solución beneficiaría a todos
En tiempo de elecciones resurge la vieja idea de dividir el territorio de la Provincia. Pellegrini, Alfonsín y hasta Massa han propuesto su fraccionamiento, pero muchos ven su desproporción como un trampolín para sus aspiraciones políticas
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A solo días de las elecciones generales, la provincia de Buenos Aires vuelve a estar en el ojo de la tormenta. Con más de 15 millones de habitantes, lo que representa el 37% del total del país, los bonaerenses tienen una influencia decisiva en las elecciones generales.
Además, por su número de habitantes, la Provincia también define el equilibrio en el ámbito legislativo nacional.
Esto siempre ha sido visto como un arma de doble filo por los políticos que consideran el poder de los votantes bonaerenses como un trampolín o una barrera a sus aspiraciones.
Paradójicamente, esta elección tendrá un condimento especial: uno de los candidatos a presidente (Sergio Massa) propuso en el pasado la división de la Provincia. En tanto, Patricia Bullrich acompañó en su momento la propuesta del exsenador nacional Esteban Bullrich de dividir la Provincia en cinco distritos.
Las propuestas para dividir el territorio provincial no son nuevas. Se han basado en argumentos sólidos y han sido presentadas por diferentes partidos políticos y sectores de la sociedad.
En el caso específico de Necochea, la división territorial podría tener implicaciones significativas. Como parte de Buenos Aires, nuestro distrito está actualmente bajo la administración de una provincia extensa y diversa.
Una división podría permitir que las decisiones locales se tomen más cerca de casa, lo que podría impulsar el desarrollo económico y cultural de la región.
Un gigante incontrolable
Han existido varios proyectos para dividir la provincia de Buenos Aires. Como indicamos, los fundamentos de estas propuestas han sido diversos, pero en general se centran en mejorar la gobernabilidad.
Una división de la provincia permitiría crear jurisdicciones más pequeñas y manejables, lo que facilitaría la toma de decisiones y la implementación de políticas públicas.
En su artículo “División de Buenos Aires”, el politólogo Andrés Malamud escribió que “si Buenos Aires se dividiera en cuatro, los fragmentos constituirían las cuatro provincias más pobladas del país. Esa es la magnitud de la hipertrofia bonaerense: cuadruplica demográficamente, y pronto quintuplicará, a la segunda provincia argentina. No hay desproporcionalidad semejante en el mundo. No hay federalismo viable con Gulliver en Lilliput”.
Según Malamut, “la hipertrofia tiene tres consecuencias negativas: opacidad, ineficiencia e inestabilidad. La opacidad y la ineficiencia perjudican a los bonaerenses; la inestabilidad, a todos los argentinos”.
La opacidad, señala el autor, “resulta en la imposibilidad de monitorear al gobierno bonaerense. La Plata constituye un gigante burocrático que los ciudadanos conocen mal y controlan peor. Los intendentes y legisladores exitosos no son los que gobiernan bien sino los que gestionan contactos en los ministerios”.
Malamud opina que “tampoco existe un mercado de medios que alimente una esfera pública provincial. Mendoza tiene dos millones de habitantes y varios diarios grandes; Córdoba tiene tres millones de habitantes y La Voz del Interior. Pero Buenos Aires tiene dieciséis millones de habitantes y ningún medio de prensa que investigue a su gobierno y lo obligue a rendir cuentas. Sabemos cuánto gasta la legislatura gracias a los diarios nacionales”.
Además de opaco, sostiene el politólogo, “el gigantismo bonaerense provoca ineficiencia. En una superficie como la de Italia se distribuyen 135 municipios tan heterogéneos que el más chico no llega a los 2.000 habitantes y el más grande supera el 1.800.000. La superposición inconexa de veinte áreas administrativas –entre ellas 25 regiones educativas, 18 judiciales, 12 sanitarias y 8 electorales– agrega complejidad en vez de reducirla. Y dificulta la coordinación en vez de facilitarla”.
El amague
Aunque la mayoría de los habitantes de la provincia y el país desconoce estos datos, en realidad no son ninguna novedad, debido a ello muchos políticos en el último siglo han querido controlar al gigante.
Sin embargo, como indicamos, hay marcados intereses para que todo siga igual, ya que para muchos este gigante puede ser una herramienta para alcanzar objetivos personales.
Ya a fines del siglo XIX había intenciones de dividir el territorio provincial y reflejo de ello es el nombre del diario bahiense “La Nueva Provincia”, fundado en agosto de 1898.
Al respecto, en 1900, hubo una propuesta del expresidente Carlos Pellegrini de crear una nueva provincia con cabecera en Bahía Blanca: la Provincia del Sudoeste de Buenos Aires.
Aunque el proyecto fue aprobada por el Senado, no prosperó en la Cámara de Diputados.
Precisamente el diario “La Nueva” (La Nueva Provincia), publicó en mayo de 2017 un artículo sobre una visita a Bahía Blanca del ahora candidato a presidente Sergio Massa, quien conociendo el viejo sueño de los pobladores de la ciudad aprovechó para incorporar el tema en su discurso: “Creo que Bahía Blanca debe ser capital económica de la Patagonia (...). Es una ciudad con la cual tenemos una enorme oportunidad porque puede crear valor”, dijo.
La idea es cíclica y cada tanto resurge, especialmente en tiempos de campaña. En 1980, el abogado y economista Guillermo Laura, quien se desempeñaba en aquel momento como Secretario de Obras Públicas de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, publicó junto a Jaime Smart, el libro titulado “La Provincia del Río de la Plata”, donde propuso la creación de un nuevo distrito rioplatense.
La idea fue tomada en 1986 por el presidente Raúl Alfonsín, quien la incluyó en el Plan para una Segunda República Argentina. En su discurso del 15 de abril de aquel año, ante el Consejo para la Consolidación de la Democracia, trasmitido por cadena nacional de radio y TV, Alfonsín dijo: “Como consecuencia del proyecto de traslado de la Capital Federal, deseo solicitar a este Consejo asesoramiento respecto a la conveniencia de crear una nueva provincia que comprenda la ciudad de Buenos Aires y partidos del Conurbano”.
Según Alfonsín, “esta enorme concentración urbana es imposible organizar en lo que se refiere a su ordenamiento físico y ambiental, a través de un frondoso conjunto de normas de origen municipal, provincial y nacional… perdiendo de vista el interés general y afectando a un conjunto, que, en la práctica, es un complejo urbano único y solidario físicamente, que se materializa y crece sin solución de continuidad”.
Pero la idea no prosperó. En 1987, cuando sancionó la Ley 23.512 de Traslado de la Capital de la República, el Congreso de la Nación rechazó este proyecto y estableció en el artículo 6.º de dicha ley, la provincialización de la ciudad de Buenos Aires, antecedente de la actual autonomía de la ciudad.
Otra vez en campaña
Como no podía ser de otra manera, el tema resurgió en época de campaña. En 2002, durante la campaña electoral a presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, propuso la creación de la Provincia Del Plata, formada por el AMBA: ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense.
Este proyecto, así como el de Alfonsín, dejaba por fuera de esta división el resto del territorio bonaerense, que sin embargo también fue objeto de proyectos de fraccionamiento atento la desmesurada preeminencia que esta provincia tomaba respecto de las restantes.
Por su parte, el economista Lucas Llach, precandidato a vicepresidente del radicalismo en 2015, acompañando a Ernesto Sanz, propuso una división en Atlántica, Cien Chivilcoy y Tierra del Indio en la cual el área Metropolitana quedaba dividida.
Años después, en 2018, el profesor Marcelo Pazos publicó el libro “Bajo Paraná”, en el estudió la pertinencia de la creación de estas provincias en el área que denominó Bajo Paraná, contenida por el río Paraná, el Salado de Buenos Aires, el río Luján y el arroyo del Medio, a la vez que para restablecer equilibrios territoriales propuso la regionalización.
En cambio sostenía la unidad del AMBA contrariamente a lo propuesto por Llach. En un artículo posterior ratificó este criterio, asumiendo que la divisoria podría establecerse por el curso del río Salado de Buenos Aires, volviendo a las raíces históricas del período monárquico.
Es de esperar que en estos días resurja el tema, pero sin dudas será difícil que alguna vez la idea se haga realidad, aunque los bonaerenses y el país todo necesiten corregir este gigantesco desequilibrio.///
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