Un tema para ocuparse
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En su edición del pasado martes Ecos Diarios dio cuenta, mediante una nota ilustrada con varias fotos relevadoras el avance de la erosión en la ribera del río Quequén, preferentemente del lado de Necochea.
Imágenes comparativas de lo que ocurría en el año 2016 y lo que sucede en la actualidad en varios tramos del paseo costero, mostraron palmariamente el recorte de la barranca, sin que se haya hablado nada en los estamentos que deben ocuparse de la cuestión, al menos oficialmente.
En principio la responsabilidad para establecer las causas de este fenómeno a través de estudios serios y contundentes, es la Dirección de Hidráulica de la provincia de Buenos Aires, que tiene una representación distrital.
Al respecto cabe recordar que en 2018 Ecos Diarios expuso la necesidad de empezar a ocuparse del tema, sobre todo a partir del reconocimiento de dicha dependencia de que en los últimos 15 años se habían perdido entre 5 y 8 metros de tierra ganadas a la ribera, siendo uno de los sitios más afectados el lugar donde está emplazado el complejo educativo Jesuita Cardiel.
A partir de esta inquietud y solo como un intento paliativo pero sin demasiado asidero, se decidió ir arrojando restos de hormigón que se iban retirando a medida de los arreglos en calles de la ciudad, pero que evidentemente no han dado el resultado esperado.
Mientras no se encaminan medidas serias, por ahora son todas opiniones sin fundamento sobre las causas, por caso que el tema obedece a los efectos el dragado en el Puerto que hace que el agua del mar ingrese con mayor fuerza hacia el río y vaya carcomiendo la barranca.
Si bien la acción inicial debe surgir desde Hidráulica, la Municipalidad no debería hacerse la distraída, al menos reclamando para que se hagan cuanto antes los estudios pertinentes y se pongan en marcha las medidas que morigeren o detengan la erosión.
Por otro lado, la problemática debería empezar a preocupar a los vecinos residentes en el sector, que tanto han hecho por su transformación en un paseo turístico, en virtud que en algunos tramos, por caso en el área cerca a la instalaciones del Club Del Valle, ya se empiezan a ver en peligro de derrumbe los juegos que se ubicaran años atrás en zona “segura” de la ribera, a la vez que si no se toman certeras medidas es más que probable que el camino mismo empiece a estrecharse si ni se detiene el proceso erosivo.
La realidad es que en algunos sitios la cercanía de los juegos al límite de la barranca empieza a inquietar y tal vez ya sea necesario empezar a reubicarlos “tierra adentro”. A su vez sería oportuno colocar en los sitios más comprometidos carteles de advertencia, antes que se produzca algún accidente, y que podría tranquilamente involucrar a niños.///