Un tema polémico
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Por varias aristas, entre ellas accidentes y hasta la pérdida de la vida de un niño, la bajada y permanencia de vehículos en la playa es un tema que desde hace años despierta enfrentamientos, y que lamentablemente varios gobiernos a esta parte no le han encontrado una solución.
Está claro, y se comprueba verano a verano, el crecimiento exponencial que se registra en cuanto a cantidad de rodados 4×4 que bajan a las arenas, colmando cada vez más lugar, y generando más oposiciones que anuencias.
En tal sentido, y como una forma de morigerar esta situación, a principios de este año el Concejo Deliberante aprobó la Ordenanza Fiscal Impositiva, y dentro de ella la habilitación al cobro de un canon para los vehículos que bajan a la playa.
Se adujo por entonces que más allá de ordenar este aluvión de rodados a la vera del mar, situación que en parte propicia la amplia playa, se buscaría obtener a través del pago de este tributo de fondos para mejorar los servicios en la zona costera. Algo que por cierto es una deuda de años.
Si bien la aprobación en el cuerpo deliberativo propiciaba al Ejecutivo poner en práctica este cobro en lo inmediato, se decidió postergarlo para el próximo verano, con la intención de contar con más tiempo para establecer la forma de instrumentarlo.
Acallado por las consecuencias de la cuarentena, que puso patas para arriba varias cuestiones, el tema recobró exposición pública en los últimos días, a partir de una nota publicada por Ecos Diarios, dando cuenta que el bloque oficialista del Concejo avanza en la diagramación del cobro de este peaje y que estaría vigente desde el mes de noviembre. Se vienen analizando los valores que se impondrían y, sobre todo cómo se cobraría, existiendo la variante de hacerlo a través del pago de una oblea o por la misma aplicación en los teléfonos del estacionamiento medido. Esta última no tan factible por la falta de señal en las playas más alejadas.
El reflotamiento de la cuestión ha generado una cadena de críticas por el lado de los adherentes a “la playa sobre cuatro ruedas”, que consideran que se trata de un impuesto, ya que una tasa es aplicable en base a la contra prestación de un servicio y que tiene solamente un fin meramente recaudatorio.
Exponen, entre otras críticas, que no se les ofrece ningún servicio, por caso de baños; y hasta lo fundamentan como un agravio para los turistas que nos visitan.
El tema de cobrar para estacionar sigue teniendo sus bemoles, no solo en la playa. Provocó una reciente serie de idas y vueltas en torno al estacionamiento en el áreacéntrica de la ciudad. En tal sentido, ayer sábado, al no cobrarse, se hacía difícil encontrar un lugar para estacionar, sin embargo la mayoría de los comercios lucían vacíos, mientras que en la plaza no había autos estacionados, como si ocurre en el resto de la semana.
De esto se infiere que los rodados estacionados ayer pertenecían a dueños de comercios y empleados, no dejando lugar para los posibles clientes.
Por otro lado, cada verano se corporiza como un despropósito en la Villa Díaz Vélez, que genera múltiples molestias y que ni siquiera significa un aporte económico de importancia para las arcas municipales.
Volviendo a la playa, los puntos de vista respecto a la circulación y permanencia de rodados, han generado desencuentros muy difíciles de zanjar entre quienes pretenden instalarse a la orilla del mar con un vehículo sin pagar nada, y los que entienden que la playa es para disfrutarla sin peligros y con la mayor tranquilidad posible, por lo cual no deben bajar en cuatro ruedas.
En tanto, se sigue esperando un solución definitiva y lo más coherente posible por parte de las autoridades, que hasta ahora ni siquiera han sido eficaces en los controles.