Un viaje hacia los sentimientos
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La experiencia de tres necochenses que tuvieron la oportunidad de conocer las Islas Malvinas. Entre los recuerdos de la guerra y la añoranza por una tierra desconocida
A pesar del tiempo transcurrido, la Guerra de Malvinas aún resuena en el alma de los argentinos. Y pese a las cuestiones políticas, el dolor provocado por la pérdida invaluable de vidas y la distancia, para muchos las islas son motivo de añoranza.
Por eso, la mayoría de los argentinos desean conocer aquel territorio que, pese a lo que digan los mapas y la diplomacia, sigue siendo nuestro.
En los últimos años, han sido muchos los que han viajado para conocer las islas. Algunos porque allí aún se encuentra algún ser querido que perdió la vida en batalla. Otros, como los tres necochenses que entrevistó Mirada Urbana, porque deseaban conocer aquel lugar de la patria que aún desconocían.
Muy fuerte
Iris Bazzi tiene 80 años y en febrero pasado se dio el gusto de poner los pies sobre Malvinas. Fue con un grupo de amigas y conocidas necochenses en un crucero que partió desde Chile.
“Fue una experiencia muy emotiva. Uno ha visto muchas cosas por la televisión, ha leído, pero estar ahí es algo inexplicable”, comentó.
“Gracias a Dios no tuve ningún familiar en la guerra, pero fue algo muy feo, muy doloroso”, afirmó. “Todos sufrimos en aquel momento”.
Por eso, realizar aquel viaje la llevó a enfrentar algunos sentimientos encontrados y cuando llegó a Puerto Argentino o Puerto Stanley, como le llaman los malvinenses, Iris decidió quedarse en la pequeña ciudad.
“No fui al cementerio, no quise ir”, explicó. “No quise vivir ese sufrimiento. Muchas de mis compañeras de viaje si fueron al cementerio y otras a los campos de batalla. Todas volvieron destrozadas, porque es una experiencia muy fuerte”.
Pese a ello, Iris, que tiene 80 años, señala que si alguien tiene oportunidad de hacer el viaje, debe hacerlo, porque “vale la pena”.
A pesar de lo doloroso que puede ser para cualquier argentino conocer las islas, dijo que en cierta forma es “una experiencia hermosa”.
Sentimientos encontrados
Iris fue a las Malvinas en una de las excursiones de un crucero que partió desde Chile hacia Tierra del Fuego, pasó por las islas y luego se dirigió hacia Buenos Aires.
En el enorme trasatlántico, viajaban turistas de todo el mundo, entre ellos un buen número de argentinos.
Entre ellos se encontraban otros necochenses, como el matrimonio integrado por Julia Gader y José Antonio “Nito” Pizzi.
“En nuestro caso fue algo muy pensado. Hace mucho que queríamos ir”, explicó Julia. “Como familia, vivimos muy profundamente la guerra y quedaron esos recuerdos y esos sentimientos encontrados”.
“Por fortuna no tuvimos familiares que hayan estado en la guerra, pero nuestros hijos eran muy chicos y vivíamos muy plenamente cada jornada”, indicó.
Por eso, entre los planes del matrimonio, que ha realizado cruceros por distintos lugares del mundo, estaba la posibilidad de llegar algún día a Malvinas.
Aunque realizar aquel crucero no les aseguraba que pudieran pisar las islas, ya que todo dependía del clima.
El crucero no puede ingresar directamente al puerto, por lo que los excursionistas son subidos a lanchas para llegar hasta Puerto Stanley, un recorrido que demanda media hora de viaje.
Julia, cuyas fotos ilustran la nota, tomó imágenes de todo el trayecto, desde la vista de las islas desde la cubierta del crucero, hasta el arribo al puerto, cuyas imágenes remiten inmediatamente a aquellas que a principios de los 80 los argentinos veíamos en diarios, revistas y en la televisión.
“Si había tormenta no íbamos a poder viajar, pero gracias a Dios, cuando llegamos salió el sol”, dijo Nito Pizzi. “La llegada a Malvinas es muy emotiva”.
“Ese tiempo desde el crucero hasta el puerto parece infinito, por más que son 30 o 40 minutos”, explicó Julia. “Ahí se mezclan las cosas”.
El matrimonio señaló que hacía meses que habían firmado el contrato para poder visitar el cementerio, por lo que tenían una gran ansiedad.
“Llegar, subir al colectivo y empezar a transitar esos 80 kilómetros…”, señaló Julia, tratando de explicar aquella experiencia al recorrer un lugar que conocían a la distancia a través de historias, imágenes vistas en los diarios y en la televisión.
El clima los acompañó y se mostró benigno, no obstante, no tardó en desbordarlos la emoción. Entre los compañeros de viaje había un sacerdote que hizo una oración y los conmovió a todos.
“Fue muy lindo, porque no se habló del conflicto y todo fue con mucho respeto”, dijo Nito.
Julia señaló que durante aquella hora que permanecieron en el cementerio no pudieron escapar a los recuerdos y si bien no se habló de la guerra, no pudieron dejar de pensar en lo que debieron haber vivido los soldados en aquel lugar. “En esa hora hay mucho silencio y respeto”, dijeron.
Volver
“El regreso es muy duro. Uno, como argentino, deja un pedazo ahí. Para mi fue muy fuerte”, afirmó Julia, que no puede olvidar lo ocurrido en 1982.
“Nosotros teníamos los hijos muy chicos y recuerdo que todos los días Nito venía del campo y preguntaba qué había pasado”, recordó. “Más allá de las cuestiones políticas, es algo que vivimos muy profundamente”.
“Por eso, encontrarte ahí, en la isla, en el medio de la nada, es muy duro”, explicó Gader.
“Es un momento que no se puede explicar con palabras. Se vive o se palpita”, señaló. Y dijo que es imposible no recordar o añorar las islas.
Manifestó que si bien hoy no tenemos las islas, “mientras siga existiendo en cada uno de nosotros el deseo de recuperar esas tierras”, también existe la esperanza de volver a poseerlas.
“Estoy convencido de que a la larga vamos a recuperarlas”, dijo Nito. Aunque recalcaron que el camino es la diplomacia y la paz.
Viajar a Malvinas
El viaje realizado por los necochenses es sólo uno entre decenas a las islas cada año. Unos cien barcos amarran por año en la bahía, trayendo unos 55 mil turistas.
Desde 1982 la vida en las islas ha cambiado y mucho.
Hoy hay 3.200 habitantes, pero en los próximos años, piensan crecer a 5.000. Puerto Argentino ya tiene nuevos barrios, jardines con invernaderos cubiertos de plástico para poder cultivar verduras, aún con viento y frío.
Con el aumento planificado de la población se intenta conservar el estilo de vida que se forjó después de 1982 y que transformó radicalmente a una sociedad que antes había sido dominada por una aristocracia latifundista dedicada a la producción lanar.
En la actualidad es posible encontrar en las islas ha personas de todas partes del mundo.
No obstante, muchos lugares aún se pueden identificar con aquellas imágenes que en 1982 los argentinos veíamos por la televisión, muchas en blanco y negro.