Una «bicicleta» políticamente incorrecta
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El Gobierno sorprendió con la creación del cargo de directora de Movilidad en Bicicleta. En el medio se debate en torno a la corrupción kirchnerista y las dificultades económicas
Por Ernesto Behrensen
Agencia DYN
Los vaivenes del dólar, los aumentos de precios que convierten a la meta oficial de inflación del 17 por ciento en una quimera, las causas de corrupción de los gobiernos kirchneristas y los fuegos de artificio con el debate en torno a los «fueros» parlamentarios fueron los hechos más relevantes, en los últimos días, de la campaña electoral.
La discusión sobre «corrupción» y «economía», sobre «pasado», «presente» y «futuro» quedó instalada, con intereses contrapuestos entre los candidatos de las principales fuerzas.
En medio de esa polémica, el gobierno nacional -voluntaria o involuntariamente- dio una nueva muestra de falta de cintura política y quedó envuelto en una polémica innecesaria por un tema que contradice los principios de austeridad que pregona y pone sobre el tapete la disociación que existe entre el discurso y los hechos.
No era chiste
El nombramiento de la joven María Belén Cardasz (29 años) como «directora de Movilidad en Bicicleta» parecía, al principio, un chiste. Incluso fue motivo de infinidad de chanzas en las redes sociales. Sin embargo era verdad.
La decisión fue publicada en el Boletín Oficial del 6 de julio y se refiere al área que, en la órbita de la «Dirección Nacional de Transporte No Movilizado» de la «Subsecretaría de Movilidad Urbana» de la «secretaría de Planificación de Transporte» del «Ministerio de Transporte», se encarga de «alentar el uso de ese medio de transporte y diseñar ciclovías y bicisendas en todo el país». Un trabalenguas burocrático, que sin embargo le cuesta a los argentinos millones de pesos.
Quizás la explicación dada por el ministro del área Guillermo Dietrich para su creación sea lógica, en el marco de un «ministerio que incluye todas las áreas del transporte», como dijo. Pero resulta políticamente incorrecta.
En el marco de una necesidad extrema por bajar el gasto público como medida de fondo para atacar la inflación, la elevada carga impositiva y el esfuerzo que se le pide a la sociedad para soportar la delicada situación económica, medidas como ésta desnudan las contradicciones oficiales.
Pueden resultar habituales y normales en países o ciudades con las necesidades básicas satisfechas, con un transporte público eficiente, sin pobreza, con altos niveles de educación, salud y seguridad, sin pobreza y sin corrupción.
Pero en la Argentina, con más de la mitad de la población con ingresos inferiores a los diez mil pesos, con una pobreza que supera el tercio de la población y con problemas estructurales sin resolver desde hace décadas, estas situaciones quedan descolocadas y fomentan una imagen de «insensibilidad».
Cómo explicar que se quieren revisar las pensiones por viudez o discapacidad cuando se crean estructuras burocráticas como la «Dirección de Movilidad en Bicicleta». Con qué argumento se le pide a una jubilada de 90 años que busque papeles que presentó hace 20 ó 30 años en una sede de la ANSES. Cómo se le explica a la sociedad que en áreas como el PAMI no sólo no achicó un plantel gigantesco de personal sino que lo agrandó con 170 empleados jerárquicos provenientes de la «política» a los que, luego, decidieron echar.
Discusión electoral
En el medio, la sociedad asiste a una discusión electoral que gira en torno a la corrupción kirchnerista y las dificultades económicas del día a día.
Desde Cambiemos intentan instalar como eje de debate los delitos cometidos durante los 12 años del kirchnerismo. Buscan grabar a fuego el eje «pasado-futuro». «Cristina» y «Macri».
Con una sincronización que apuntala esta estrategia, desde la Justicia se pidió la detención y el desafuero del diputado nacional y ex ministro «K» Julio de Vido, en una causa por desvíos de fondos en la mina de Río Turbio.
«Se acabó la impunidad», exclamó rápidamente el presidente Mauricio Macri, antes de partir a Alemania.
Los diputados se apresuraron a su vez en alentar el debate sobre su desafuero, prometieron que lo avalarían y se trenzaron en una carrera por ver quién renunciaba antes a sus privilegios. Así, Sergio Massa fue primereado por Nicolás Massot el viernes. Gestos que deben entenderse por el fragor electoral y que difícilmente lleguen a los hechos…
Sobre todo luego de la decisión del juez federal Luis Rodríguez de rechazar el pedido del fiscal Carlos Stornelli para detener y desaforar a de Vido.
Las estrategias de los contendientes son claras.
En Cambiemos, machacan con la corrupción. No hablan de las dificultades económicas y sólo niegan que se vaya a aplicar un «ajuste» tras las elecciones. Macri pide «no preocuparse por el dólar» cuando la moneda extranjera llega a su máximo histórico y recomienda a sus funcionarios y candidatos «no pelear con Cristina». Marcos Peña jura que «no viene un ajuste y ese fantasma que se viene agitando permanentemente es una lamentable bandera de las pocas que quedan frente a aquellos que no pueden construir esperanza, sino que quieren generar miedo». ¿Los aumentos de tarifas, la presión impositiva, los despidos y los retrasos salariales no son entonces parte de un ajuste? Desde el kirchnerismo, en cambio, se ignoran los casos de corrupción que se ventilan en los tribunales y en los medios, y se esmeran en resaltar los conflictos económicos del «presente», ignorando su responsabilidad. No obstante, las estadísticas oficiales lo sostienen en esta posición.
En los últimos días se conocieron los aumentos en los combustibles, cigarrillos, prepagas, expensas y aún falta ver cómo afecta a los precios la suba del dólar.
Con esta situación, en el entorno de Cristina intentan sacar provecho en el convencimiento de que sus votos son «firmes» y no cambiarán porque se hable de corrupción o porque ella esté procesada, al igual que su ex vicepresidente Amado Boudou y varios de sus colaboradores más cercanos. O que algunos, incluso, ya estén presos. Ambos sectores, Cambiemos y kirchnerismo, participan de un juego en el que sus silencios dicen más que sus palabras.
Pero es el gobierno nacional el que más se juega en esta elección. Necesita ganar. Aún le quedan dos años y medio en el poder.
El interrogante es si los casos de corrupción «K» le alcanzarán al oficialismo para salir airoso de la contienda electoral.