Una bocanada de tradición
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Sin demasiados preámbulos ni convocatorias previas, en la jornada del pasado miércoles se produjo un saludable hecho, con motivo del festejo del Día de la Tradición.
Numerosas agrupaciones tradicionalistas, aprovechando la soleada jornada y con el incentivo de poder reunirse en eventos tras el tránsito más exigente de la pandemia, participaron como hacia largo tiempo no ocurría de un desfile por las calles céntricas y posterior acto en la plaza Dardo Rocha.
Personas con la típica vestimenta gauchesca, grupos identificados con banderas argentinas y jinetes mostrando su estampa marcharon desde la esquina en la que está emplazado el monumento al Gaucho (59 y 70) hacia la plaza, donde el intendente Arturo Rojas encabezó un acto en el que no faltaron las emociones, al reconocerse a personas que desde hace largo tiempo vienen mantenido las costumbres argentinas.
Los bailes y canciones folclóricas y el descubrimiento de una placa en un sector del paseo, a la que se le instaurará el nombre de “plazoleta de los folcloristas”, completaron los homenajes a la simbólica fecha.
En el concierto de apatía y desinterés que viene ganando desde hace tiempo a la sociedad argentina, con una marcada desvalorización de las buenas costumbres, este hecho sin duda que resulta una bocanada de aire puro.
Una de las cuestiones que en ese sentido potenció lo acontecido el pasado miércoles es que se notó la presencia de muchos jóvenes y niños, lo que no es más que un reservorio para mantener viva la llama de nuestras raíces.
Ya hemos apuntado en más de una oportunidad en esta sección, el atentado que desde hace tiempo, y más acentuado por las decisiones tomadas con la pandemia como excusa, se viene produciendo para con la educación, fundamentalmente en la escuela pública.
Dicha educación, en el caso de los niños y adolescentes, bien se sabe que significa la formación del individuo, su capacitación para desarrollarse en el futuro y la adquisición de buenos valores. Y entre estos incentivos existe justamente el amor a la tierra en la que se nace, vive y muere.
Nuestra sociedad, producto de la globalización y de ese desinfle en cuanto a mantener y mejorar el nivel educativo, ha derivado en la apropiación de costumbres y tradiciones de otros pueblos y culturas. Muy lejanos a nuestro acervo.
Los festejos de Halloween y San Patricio, explotados también desde un punto de vista comercial, son dos ejemplos de esta extranjerización en cuanto a celebraciones. Cuestiones que más allá de ser simpáticas para algunos, van mellando el interés en los jóvenes por nuestras costumbres. Como también ocurre con el constante movimiento de las fechas patrióticas, cuestión que las transforma en meros días de ocio.
Propender a que los niños y jóvenes adquieran el orgullo de ser argentinos es una cuestión que el propio Estado debería fortalecer, ya que significa una manera de ser libres y gestores de nuestro destino.///