Cultivar las tradiciones
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Hoy es el día del inmigrante y Ecos Diarios dialogó con Inge Madsen y José Domingo Gentile, quienes recordaron sus raíces
Nuestro país creció de la mano de los inmigrantes que dejaron su tierra y llegaron con una valija cargada de esperanza. Hoy, en el marco del día del inmigrante, Ecos Diarios brinda homenaje a quienes cultivan las tradiciones de las distintas colectividades extranjeras que habitan en nuestra ciudad, y por este motivo, dialogamos con Inge Madsen y José Domingo Gentile, quienes recordaron sus raíces familiares.
Inge Madsen, es hija de inmigrantes daneses. Su padre estuvo en nuestro país por primera vez en 1925 y cumplió los 20 años cuando el barco entró en Montevideo. También pisaron suelo argentino dos hermanos de su padre, pero uno de ellos quedó en Tandil y el otro regresó a Dinamarca.
“Mi padre llegó en 1937 y al año siguiente lo hizo mi madre con mi hermana que tenía 4 años. Mis padres siguieron siendo daneses en Argentina y el idioma si que fue un obstáculo”, dijo.
Sin embargo, aseguró que a pesar de no podían comunicarse con los demás, pusieron mucha energía en aprender. “Eso es muy importante y me acuerdo que cuando yo era chica se hicieron miembros de un curso literario que mandaban un libro por mes y de esta manera leyendo fueron aprendiendo”, comentó.
El idioma fue determinante inclusive para Inge y su hermana, ya que debieron rendir examen para poder ingresar al colegio.
“Mi madre me enseñó, ya que no había escuela en el campo y cuando iba a Tandil iba a lo de una maestra”, detalló.
Inge vivió su infancia en Tandil, en el medio del campo, donde su padre cosechaba trigo. Ahí, no tenían mucho contacto con otras personas, salvo con otro danés que vivía relativamente cerca de ellos, con el que conversaban y se comentaban las noticias de la guerra.
“Las mujeres danesas tejían gorros y mantas para enviar a quienes estaban en la guerra, porque todos tenían algún familiar luchando y era muy duro, recuerdo cuando mi mamá no tenia carta (que tardaban un mes en llegar) de sus hermanos y estaba muy preocupada”, aseguró Inge.
Al momento de recordar tradiciones, Inge puntualizó que su madre tenía muy arraigada la cocina danesa, y ambos tenían la cultura del trabajo, “eso los hizo progresar, en aquellos años tenían quintas, se ordeñaba y se hacia manteca, queso, todo era producido de forma artesanal”.
En el año 1948 pasó algo muy especial, que Inge lo recuerda claramente. “Vino mi abuelo a visitarnos para reencontrarse”.
Hoy en día, ella tiene a su nieto viviendo en Dinamarca, ya que está estudiando ingeniería eléctrica. “El está seguro que su futuro esta allá, y nosotros hemos tenido la posibilidad de viajar varias veces a Dinamarca”, afirmó con una sonrisa.
Recuerdos
José Domingo Gentile es nacido en el pueblo de Senise, de la provincia de Potenza en Italia. Cuando tenía tres años viajó con sus padres rumbo a nuestro país, específicamente a Necochea, donde ya estaba su abuelo.
“Llegamos en 1963 a Necochea y nos quedamos acá. Mi padre fue varias veces a Italia y yo también volví por trabajo, inclusive mis hijas son nacidas las dos en Italia”, indicó.
José regresó a su país natal cuando tenía 20 años y visitó la casa de su tatarabuelo que data de 1490, siendo un monumento arqueológico, al que no se lo puede modificar.
La primera vez que regresó a Italia fue a ver la casa, lo que realmente fue impactante. “Porque en la puerta de esa casa me he sacado varias fotos, cuando era chico con mi hermana y mi abuela, con mi abuelo y con mis hijas”, comentó.
La tradición gastronómica italiana pisa fuerte y José siempre que puede le brinda homenaje. “Lo que más mantengo son las tradiciones gastronómicas, y no puede faltar un buen aceite de oliva, la pasta al dente y el pescado”, recalcó.
Esta cultura por lo gastronómico y auténtico de la cocina, lo ha ido viendo desde muy chico. “Siempre cocinó mi mama y cuando llegaba el domingo era amasar las pastas para 14 o 20 personas y eran 4 amasando todos juntos”, afirmó.
Mientras habla, deja al pasar una tonada italiana y pronuncia palabras en este idioma, recordando que la última vez que piso su tierra natal fue en noviembre del año pasado, donde aprovechó para visitar a más de 40 primos que tiene allá.
“Cuando voy a Italia siempre es lindo rever monumentos históricos pero por sobre todo disfruto ir a comer platos y comidas típicas que no se encuentran aca por más que compres el mejor pescado o aceite de oliva, no son los mismos gustos”, manifestó Gentile.
Celebración
El Día del Inmigrante en Argentina se celebra el 4 de septiembre de cada año desde 1949, cuando el entonces presidente Juan Domingo Perón lo estableció por decreto Nº 21.430. Se eligió esta fecha para conmemorar la llegada de los inmigrantes al país en recuerdo de la disposición dictada por el Primer Triunvirato en 1812, que tenía la intención de fomentar la inmigración y ofrecer protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que quisieran fijar su domicilio en el territorio nacional. Mediante esta iniciativa, se buscó, desde un comienzo, enaltecer las tradiciones de las distintas colectividades que viven en nuestro país.
La primera inmigración, proveniente de Europa, tuvo lugar antes de 1880. Hasta esa fecha, a través de las políticas de poblamiento, se intentó promover la agricultura, la ganadería y la red de transportes, para luego industrializar el país. La corriente inmigratoria era heterogénea, casi la mitad provenía de Italia, especialmente del sur, y una tercera parte de España.
Luego de 1880, comenzó la segunda etapa inmigratoria. A partir de aquí, se buscó mano de obra para una producción agrícola–ganadera masiva, pero pocos inmigrantes lograron ser propietarios. Ante el fracaso del plan de adjudicación de tierras en propiedad, los extranjeros se transformaron en arrendatarios y buscaron refugio en los centros urbanos. Como la mayoría de los inmigrantes eran hombres, se ocuparon de actividades rurales, favoreciendo el desarrollo de una economía agrícola que permitió que el país se convirtiera en el principal exportador de trigo en el mundo.
La guerra en Europa alentaba la entrada de inmigrantes que buscaban nuevos lugares para su bienestar. El conflicto bélico mundial de 1914 interrumpió el flujo inmigratorio.
Actualmente, tras casi dos siglos de constante inmigración conviven en armonía las más diversas colectividades. La inmigración está presente en nuestra historia casi desde los comienzos de nuestra conformación como Nación libre e independiente.