Una ciudad de hoteles frente al mar
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En los años que fue el segundo destino turístico de la costa atlántica, a pesar de ser sólo un pueblo, Necochea contaba con infraestructura que la distinguía
Este fin de semana Necochea participa de la 25º Feria Internacional de Turismo, en el predio de exposiciones La Rural. La idea es “promocionar una Necochea turística durante los 365 días”, dijo días atrás la secretaria municipal de Turismo, Marcela García.
En la última década convertir a la ciudad en un destino turístico todo el año ha sido el objetivo de muchos empresarios. Sin embargo, la historia muestra que ni siquiera cuando fue el segundo destino de la costa tuvo turismo todo el año. A pesar de que en esa época había un plan acompañado por grandes obras, inversión privada y hoteles frente al mar.
“A diferencia del pueblito de la conocida canción, Santa Marta, que tenía tren pero no tenía tranvía, Necochea tuvo, por muchos años, una línea de tranvías”, comenzaba un artículo titulado “Revolviendo papeles… y recuerdos” publicado en noviembre de 1971.
La nota recuerda algunos detalles de los viajes en tranvía que sólo quienes tuvieron la oportunidad de usarlos podrían conocer: “En la memoria de muchos ha de perdurar aún el tintineo de los tranvías en su recorrido desde la estación del ferrocarril a la playa. Recuerdan muchos sin duda, los acoplados que arrastraban en los días y horas de mucho movimiento, las esperas en los desvíos al paso del que venía en sentido contrario, pues había una sola vía para ambas direcciones”.
En la época de la que hablaba la nota, Necochea tenía un proyecto. Desde principios de siglo, la ciudad se ubicaba como segundo destino turístico de la Provincia de Buenos Aires, detrás de Mar del Plata. Fue la era dorada del turismo necochense, la que acuñó aquel viejo slogan de «la playa del suave declive».
Cuando los contingentes turísticos estaban integrados casi exclusivamente por representantes de la clase alta, que llegaban a los hoteles de la naciente Villa balnearia para instalarse durante un mes.
Época de hoteles magníficos, como La Perla, el Necochea Hotel y otras gigantescas construcciones que se levantaban peleándole metros a las dunas.
Según una crónica de los años 20, «la playa, que constituye uno de los encantos más apreciables de la moderna ciudad, es, al decir de los que la conocen prácticamente y conocen otras del territorio de la provincia, la mejor y más segura».
«Está circundada por varios hoteles de esmerado confort, casino y dos ramblas, una particular y la otra oficial, que está actualmente en construcción, la que una vez terminada costará 1.000.000 $ m/n. Tendrá 150 metros de longitud por 5.500 metros de superficie cubierta. La construcción es de cemento armado y mampostería, con revoques imitación piedra. Será provista de obras sanitarias. Entre las muchas comodidades, se destacará el gran casino y salón de teatro-biógrafo», agregaba el cronista.
«La rambla particular es del señor Fernando Sampietro, y aunque su construcción es de madera, presenta un digno aspecto y, a la vez, reúne buenas comodidades».
De elite
Hasta fines de la década del 20, cuando se construyó el Puente Colgante, para llegar desde Capital Federal y otras ciudades ubicadas al Noreste, había que cruzar el Río Quequén en balsa.
Por esta razón, desde fines del siglo XIX, el medio de transporte más cómodo para llegar a Necochea era el tren, ya que el puente ferroviario permitía cruzar el cauce de agua de la forma más rápida.
Debido a ello, las mejores estadísticas de arribo de turistas a Necochea eran las realizadas por el personal del Ferrocarril Sud. Según Ecos Diarios, desde el 1º de noviembre al 31 de enero de 1925, habían arribado a Necochea 2.168 turistas.
Las estadísticas publicadas el 30 de marzo de 1926 revelaban que desde el 1 de noviembre de 1921 habían llegado a nuestra ciudad un total de 3.785 personas.
Sin dudas, las cifras eran pequeñas considerando la cantidad de turistas que llegan en la actualidad a la ciudad.
“Los trenes que llegan diariamente de Plaza Constitución conducen a nuestra ciudad numerosos contingentes de turistas”, señalaba un artículo publicado en Ecos Diarios el 10 de enero de 1929. “La afluencia de veraneantes se manifiesta así en forma apreciable en los presentes días, todo lo cual induce a pensar que tendremos una temporada de optimistas resultados”.
Por aquellos días, se inauguró la avenida costanera 9 de Julio de 1816, hoy avenida 2. La obra había sido impulsada por el diputado Leopoldo Bard y significó un importante progreso para la naciente Villa balnearia.
Aquel verano la costanera se convirtió en el paseo obligado para necochenses y turistas. En una publicación aparecida en 1931 con motivo del cincuentenario de la ciudad, se describía a la avenida como “bien pavimentada y con profusa iluminación”.
“Es una arteria de intenso tráfico durante la temporada”, agregaba el artículo. En aquella época el balneario contaba con cine, bares y servicios de correo y telégrafo de la nación y de la provincia, teléfono, tranvía eléctrico y ómnibus.
A través del Ferrocarril del Sud llegaban unos 10.000 turistas que se alojaban en hoteles y casas de pensión de nuestra ciudad.
“El veraneante hace en Necochea vida sencilla, vida de campo, no obstante disfruta de las comodidades de las grandes ciudades”, concluía el artículo.
Sin comodidades
Sin embargo, todos veían a nuestra ciudad de esta manera. En junio de 1939 el diario porteño La Prensa publicó un artículo según el cual Necochea, “el segundo balneario del país, que recibe 25.000 turistas, carece de las comodidades elementales».
La ciudad era muy distinta a la actual. Los automóviles circulaban por la izquierda, como lo hacían en Inglaterra y todas las calles y avenidas de la ciudad estaban arboladas.
El ejido de la ciudad se concentraba aún alrededor de la plaza Dardo Rocha y entre las otras tres plazas: la de las Carretas, la Isabel La Católica y la ubicada en 74 y 75. Las calles, por cierto, tenían nombre y no número.
Las costumbres de los necochenses eran distintas. El servicio eléctrico todavía no era regular y el cinematógrafo, era la diversión favorita de los vecinos en años que la televisión todavía ni se imaginaba.
También las costumbres playeras eran distintas. La gente iba a la playa con sus mejores galas y mucha ropa. Señores con trajes de tres piezas, corbatas, zapatos y sombrero, se reunían a dialogar a orillas del mar.
Las señoras también iban vestidas con sombreros, trajes y chalinas, sin olvidar las sombrillas al tono.
Los picnics en la playa implicaban traslados en masa, en los que no faltaban los músicos con sus instrumentos.
Los bañistas, sin embargo, debían respetar el denominado reglamento de baños, que impedía que los señores se acercaran demasiado a las damas, pese a que las mallas de estas ocultaban más de lo que dejaban ver.
Sin embargo, la opinión general de los bañistas de entonces no era muy diferente a la de ahora: Necochea, la mejor playa argentina.
Golf miniatura
“Una de las cosas que reclamaba la playa de Necochea era el atractivo para el veraneante, pues para hacer más grata su estadía había que ofrecerles juegos y diversiones que completaran los atractivos que de suyo le brinda la naturaleza en este rincón privilegiado del país”, señalaba un artículo de un antigua publicación necochense.
“Bastó, sin embargo, que alguien diera el primer paso para que a principios de esta temporada (1931), se llevaran a cabo en el balneario una serie de obras concurrentes todas ellas al fin más arriba expresado”, agregaba la nota.
Ese año se construyeron en nuestra ciudad tres canchas de minigolf, que de pronto se convirtió en el deporte más popular.
“Una de ellas la hizo construir en un terreno de su propiedad, frente al gran edificio del Royal Hotel, la distinguida señorita Mathilde Díaz Vélez”, precisaba la nota.
La otra, en la Rambla Municipal, pertenecía a Alfredo Butty (hijo), mientras que los hermanos Marino, construyeron otro amplio link, que constituyó una de las secciones del moderno parque de diversiones que inauguraron esa temporada con un éxito sin precedentes.
El parque de los Marino contaba con un “Rincón Criollo”, lugar típico dotado con diversos juegos, entre ellos la infaltable cancha de bochas. También tenía una pista de patinaje, servicio de bar y restaurante al aire libre.///