Una cuestión de empatía
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/11/colacion.jpg)
Mucho se ha hablado y discutido, lamentablemente sin haber llegado a la mejor de las resoluciones, sobre la concurrencia a las escuelas dentro de una cuarentena que ha sido estricta y que sin dudas traerá consecuencias en la formación de los alumnos, sobre todo de aquellos que terminan un ciclo escolar y deben asumir uno nuevo, naturalmente distinto y complicado, aún en tiempos normales.
Hace una semana, en este mismo espacio, hacíamos referencia a los buenos resultados que había tenido un encuentro presencial de educandos y docentes por parte de un establecimiento escolar, privado. Una cita que reflejó la importancia de compartir en forma personal.
En la misma línea, a punto de culminar este accidentado ciclo, alumnos de sexto año de primaria y secundaria y sus padres han planteado la necesidad de tener un acto de egreso en la escuela, a la que no pudieron concurrir. Y no se trata de una cuestión antojadiza o menor. Niños y jóvenes vieron abortado su último año, lo que les conllevó primeramente una deficitaria actividad educativa, y por otro la no menos importante relación con sus pares y maestros-profesores. Una experiencia de suma importancia a esas edades.
Sin embargo, a días del cierre lectivo, y si bien se sabe que dichos actos están permitidos, algunos colegios han confirmado que harán el acto final y otros ya han comunicado que no. Esta última decisión obviamente ha causado malestar en los alumnos y familiares, a la vez que vuelve a marcar otra desigualdad, de las que tanto se critican, incluso desde el mismo ámbito educativo.
Se presume que tal oposición es porque los establecimientos no cuentan con espacios abiertos para hacer estos actos de colación, pero ni siquiera se han buscado alternativas. En ese sentido el municipio ofreció las instalaciones del polideportivo de avenida 10, un lugar totalmente apto.
La actualidad epidemiológica de Necochea permite actividades presenciales, obviamente cumpliendo con protocolos que, dicho sea de paso, la Provincia aún no ha informado.
Con buena predisposición, la que en este marco de año anormal debería ser obligatoria por parte de los directivos de escuelas, bien se podrían hacer actos de entregas de diplomas con grupos de diez alumnos y asistencia solo de los padres.
Esta circunstancia del final de etapa escolar para cientos de alumnos no es más que otra alternativa de las negativas consecuencias que ha conllevado la pandemia de coronavirus, no solo en salud sino en la economía y por ende vida de la gente. Y en ese escenario las autoridades educativas de nuestro país en general no han estado a la altura de las circunstancias: primero fueron presas del desconocimiento ante un virus que llegó casi sin aviso; y luego fueron contradictorios en las decisiones que tuvieron sus idas y vueltas y permeables a los pareceres de imposiciones de sindicalistas, que no han coadyuvado con su esfuerzo a la hora de buscar soluciones inteligentes y necesarias.
En tanto, justo es tener en cuenta que muchos educadores se han esforzado para desde la virtualidad aportar conocimientos a los chicos; aunque lamentablemente no alcanzó al universo total del alumnado.
En este concierto de errores e inacciones a lo largo del año, la posibilidad de que los chicos que finalizan su ciclo puedan tener al menos una simbólica graduación, debería llamar a la buena voluntad y empatía de quienes deciden.///