Una década de progreso
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La llegada del ferrocarril a Necochea tardó casi cuatro décadas, pero finalmente, cuando llegó produjo la aparición de once pueblos en 10 años
Archivo Ecos Diarios
Hasta el 1º de agosto de 1894, la única forma de llegar a la ciudad de Necochea desde el Este era cruzando el río Quequén en balsa.
Ese día, la ciudad entera festejó el arribo del primer tren con vagones de pasajeros y cargas a través del puente de madera que se encontraba ubicado en el predio que hoy ocupa el Club Del Valle.
Entre los viajeros ilustres y personalidades que llegaron a la estación de Necochea, se destacaba el doctor Carlos Pellegrini, ex presidente de la Nación.
La llegada del tren a Necochea provocó un profundo cambio en la ciudad sólo superado tres décadas después por la habilitación del Puente Colgante.
Cuatro décadas
Casi cuarenta años tardó en llegar el ferrocarril a Necochea. La línea había comenzado su tendido en la Capital Federal hasta Chascomús, para luego continuar hasta Dolores en 1857.
El tramo entre esta última población y Ayacucho se habilitó en 1863, para después concretarse los 88 kilómetros hasta Balcarce.
Las vías tardaron varios años en cubrir los 105 kilómetros que separan a esa ciudad de Quequén.
El 24 de noviembre de 1892 arribó el primer convoy hasta la estación quequenense.
Para materializar el enlace entre Quequén y Necochea -sólo 1,5 kilómetros- transcurrieron dos años más, aunque la construcción del puente ferroviario había comenzado en 1890.
Más de 500 trabajadores tomaron parte en la construcción de este paso, realizado con materiales que llegaron en 1891 a través del naciente puerto local.
La llegada del ferrocarril a Necochea significó un revolucionario avance para el transporte de la época.
En la jornada del 1º de agosto de 1894, el primer jefe de la estación, Lorenzo Revol, hizo repicar 21 veces la campana y numeroso público se dio cita en el lugar para adherirse a la celebración.
Impacto en la región
El impacto del ferrocarril en el distrito fue inmediato. En sólo una década, entre 1900 y 1910, se fundaron en el viejo partido de Necochea, once pueblos. Allí donde se creó una estación, surgió alrededor una pequeña población.
La Negra, Claraz, Juan N. Fernández, Lumb, San José, La Dulce, Deferrari, San Cayetano, Ramón Santamarina, Cristiano Muerto y Energía cambiaron definitivamente el mapa y la vida en el extenso partido de Necochea.
El historiador necochense Egisto Ratti escribió que “el 20 de noviembre de 1908, al inaugurarse el ramal Tamangueyú-Lobería-Tres Arroyos, el ferrocarril cruzó importantes zonas productoras de cereal, dando paso a ventas y remates de tierras en la denominada mejor región triguera del mundo”.
El tren también motivó la conformación de poblados como La Dulce, que es la localidad más antigua del interior del distrito, y el pueblo Cooper, luego Defferrari.
El 15 de octubre de 1908 se inauguró la línea Necochea-Lobería-Tandil y, en consecuencia, los trenes comenzaron a llegar a nuestra ciudad por vía Tandil y vía Ayacucho.
Trabajando en el ferrocarril
El ferrocarril continuó siendo el principal medio de transporte de pasajeros con el que contó nuestra ciudad durante décadas.
Decenas de personas trabajaban en la Estación. En aquella época los trenes eran a vapor y además de los guardas, se hacía necesario el empleo de maquinistas y foguistas para poder hacer funcionar los gigantes de hierro.
No obstante, la aparición de los servicios de ómnibus de larga distancia y la falta de mantenimiento del puente ferroviario comenzaron a atentar lentamente contra la continuidad del tren en nuestra ciudad.
El desgaste del puente hizo que el paso de trenes fuera cada vez más dificultoso, hasta que en diciembre de 1968 se decidió clausurarlo y Necochea se quedó definitivamente sin tren. Si bien la estación continuó funcionando durante varios meses más como expendedora de boletos.
El cierre definitivo de la Estación significó el fin de un ciclo que cerró en 1980, con la caída del puente ferroviario durante la inundación.
Después hubo varios proyectos tendientes a levantar el puente y a recuperar el servicio ferroviario, pero todos quedaron sólo en los papeles. El sueño de un ferrocarril que uniera el Río Paraná con el mar, quedó en el olvido.