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    Una Empresa Nacional de Alimentos para que engorde el Estado

    20 de febrero de 2022 | 21:13
    Una Empresa Nacional de Alimentos para que engorde el Estado
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    En nuestra Argentina, a diferencia de otros países, algunos de ellos vecinos, la dirigencia política se empeña en complicarnos la vida.

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    El dinero que gasta el Estado (nacional, provincial y municipal) surge de los impuestos, tasas y contribuciones que pagamos los ciudadanos. Cuando el Estado quiere gastar más de lo que ingresa por estos recursos genuinos, pide dinero prestado que luego hay que devolver con intereses, que pagamos todos los argentinos.

    Por eso es importante que el Estado gaste el dinero de todos nosotros en las actividades que le corresponden: salud, educación, acción social, defensa, seguridad. O en actividades de emergencia, como la pandemia o los incendios e inundaciones.

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    Cada vez que intenta suplantar la actividad privada, lo hace mal y nos resulta muy caro.

    Ahora se anuncia una Empresa Nacional de Alimentos, que necesitará edificios, telefonía, luz, directorio, personal, automóviles y muchos etcéteras. Para explicar su presunta necesidad‚ se da el ejemplo de soluciones provinciales a los productores y se cuentan sus resultados positivos. Entonces, ¿para que el Estado Nacional se va a meter?

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    Estamos en vísperas de evitar un calamitoso default, mediante acuerdo con el FMI para refinanciar deudas, como ya se hizo con los privados que le prestaron a la Argentina. Eso implica bajar el gasto, no inventar más burocracia.

    La disminución del déficit fiscal será dolorosa para el pueblo argentino. Aumentará fuertemente la nafta (ya empezó), el gas, la electricidad y el agua. Se devaluará el peso (ya comenzó un mayor deslizamiento diario del dólar oficial). Las tasas de interés de los créditos se colocaran por encima de la inflación y esta, al menos por los próximos meses, seguirá muy alta, licuando salarios y jubilaciones (lo que también viene ocurriendo hace rato).

    La consultora Equilibra del ex diputado Diego Bossio y el economista Martin Rapetti sostiene: ”Sin un aumento significativo de las tarifas residenciales de gas (entre 50% y 100%) los subsidios no se reducirán en términos reales y/o como porcentaje del PBI”. Nadie quiere ser visto como el responsable de esos dolores.

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    Por eso la renuncia de Maximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista, para poder convertirse en el objetor del ajuste.

    Desde su posición atacará a Juntos por el Cambio por haber contraído el último préstamo que se va a refinanciar y a la Casa Rosada por “aceptar las imposiciones de los acreedores” y en consecuencia violar el compromiso presidencial del 9 de Julio del año pasado: ”Si alguien espera que yo claudique ante los acreedores, se equivoca, antes me voy a mi casa”.

    Sobre la opinión de la Vicepresidenta respecto a la postura de su hijo conviene releer su carta del 27 de octubre del año pasado.

    Ante la realidad que estamos describiendo, crear más burocracia es un error más grave que de costumbre.

    Cada tres meses, técnicos del FMI, monitorearán que se baje el déficit y se cumplan las otras condiciones de lo acordado.

    La palabra default tiene dos traducciones. Como verbo es “no pagar”, “entrar en mora’’, como sustantivo, es sinónimo de “demolition” y de “rebelión”. Desde los extremos de las fuerzas con representación parlamentaria ya se ha hablado de “rebelión fiscal”.

    Evitar el impago es lo primero. Pero no bajar el gasto y seguir aumentando impuestos puede seguir ahuyentando y demoliendo nuestras empresas y produciendo más desocupación.

    Una convergencia, al menos táctica, entre oficialismo y oposición, sobre estas cuestiones, resulta tan difícil como imprescindible.

    Si no, en la Argentina, habría que modificar la frase de Clinton: es la Política, estúpidos!!.

    Por Carlos Ruckauf  – Exvicepresidente de la Nación y exministro de Relaciones Exteriores

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