Una historia con varios protagonistas
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Por Josefina Ignacio
Directora de
Ecos Diarios 2011-2018
Es fácil conocer las motivaciones que llevaron a Antonio Ignacio a fundar un diario, sólo basta leer la edición Nº 1 de Ecos Diarios y buscar en ese papel, que hoy se ve amarillo y frágil por el paso del tiempo, las palabras que el propio fundador dejaba escritas a modo de un testimonio inapelable: “Ecos Diarios se incorpora al periodismo, dedicando su tarea diaria a la exposición constante de todos los factores que constituyan necesidades sentidas en la acción evolutiva y en todo cuanto pueda dar una idea acabada de la importancia que vamos adquiriendo. En la propaganda o en la crítica de la obra de todos los días se ajustará al sentir del pueblo, pulsando su voluntad y sus anhelos. Y en cuanto a la faz política, se mantendrá en completa independencia, fijando a su propio criterio el juicio que le merezca la acción pública en su aspecto comunal y especialmente el administrativo”.
Es claro que Ecos Diarios nacía con el convencimiento de que el diario era una forma más de participación en la actividad pública de los ciudadanos y de influencia en las decisiones que hacían a una comunidad, que en esa época experimentaba cambios profundos en su estructura social y económica.
La mencionada declaración fundacional permite conocer las intenciones que guiaron a su precursor pero también ayuda a deducir el futuro que Antonio Ignacio avizoraba respecto a su ciudad, sobre todo al leer el primer párrafo donde se afirmaba que “(…) todo cuanto concurra a sostener y fomentar la evolución de progreso que está realizando Necochea y los pueblos de su zona, es hacer obra práctica y a cuya realización deben aplicarse todos los esfuerzos”.
Casi 100 años han pasado de aquellos genuinos deseos y de la vocación manifiesta de aportar desde la información, el análisis y la crítica al crecimiento de una ciudad en cuyo horizonte se vislumbraba prosperidad.
Cadena humana
Ecos Diarios emprendía una tarea que lo llevaría a convertirse en un diario centenario en cuyas ya añejas páginas se encuentran los sucesos que fueron construyendo la identidad de una ciudad con miles de protagonistas que la vivieron y viven día a día. Varones y mujeres, vecinos, que día a día ofrecen la posibilidad de convertir un hecho en una noticia, en un suceso que merezca ser contado. Desde la aprobación de una ordenanza, hasta una huelga, un accidente automovilístico o un campeonato deportivo, todo ese abanico de relatos conviven en las páginas del diario.
Pero no sólo es necesario que algo suceda, también es imperioso para que esa noticia se difunda que existe una cadena humana que pone trabajo, vocación y compromiso. Imprimir un diario todos los días es una responsabilidad que requiere de variadas manos, de una dosis de arrojo y por qué no de pasión y Ecos Diarios tuvo, a lo largo de su trayectoria, esa conjunción de voluntades que le permitió la semana pasada cumplir 99 años y ya estar en marcha hacia la celebración del centenario.
Tal vez, los más emocionante de este tiempo fue recordar a la gran cantidad de personas que en distintos roles y durante casi 100 años posibilitaron concebir un diario todos los días, porque la historia de una empresa qué es sino la del factor humano que la compone. Entonces, en la memoria aparecieron las caras de varones y mujeres que con su labor tejieron esta historia que no es solo la de un diario sino también la de una ciudad y su comunidad. Y esa es la dimensión que hace grande a la conmemoración, la que conmueve, la que estimula al agradecimiento.
Acuerdo tácito
Claro que el camino no fue fácil, tampoco lo es ahora, hoy el desafío mayor para la prensa gráfica es adecuarse a los cambios cultural que las nuevas tecnologías han suscitado, pero también mantenerse pese a las vicisitudes económicas , las crisis políticas de un país que no logra una institucionalidad fuerte que lo contenga y ahora una pandemia. A todo ello ha tenido que sobrevivir Ecos Diarios y lo hizo gracias, otra vez, a los hombres y mujeres que tuvieron a cargo la responsabilidad de la conducción pero también a los colaboradores, lectores y anunciantes que acompañaron en cada momento, aún en los que las dificultades eran compartidas.
Es imposible saber si Antonio Ignacio siquiera anheló llegar al centenario pero más allá de su desconocido deseo es lindo imaginar que quienes lo sucedieron, tal vez en un acuerdo tácito, trabajaron con tesón para ello. Estar a punto de lograrlo hace que valga la pena todo el esfuerzo realizado.///