Una historia de 140 años, el molino harinero
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La vieja estructura es mudo testigo de la Necochea de ayer
Una mezcla de intriga y nostalgia es lo que se puede llegar a sentir al pasar por la avenida 59 al 500 y ver hacia la edificación que está allí, de mano al Puerto.
Así sea que uno lo haya podido conocer en sus años de esplendor o no, al transitar ese sector de Necochea puede notarse que esa vieja estructura fue algo grande y valioso en algún momento. Y lo fue. Un gigante en medio de la nada, que sobresalía en las fotos en blanco y negro de la época, en horizontes despoblados con animales y carretas que quedaban pequeños en comparación con la altura de esa mole. Ahí no había ciudad alrededor. Era el molino, sin mucho más.
Del viejo molino harinero “Quequén Grande” solo queda hoy una imagen que permite imaginar, justamente, que tan grande fue. El tamaño de sus ruinas todavía llama la atención de quien pasa por allí y se permite ver por encima del paredón de contención que se construyó hace años .
Esos ladrillos, que todavía siguen pegados como queriendo atar aquel pasado al presente, fueron testigo de la construcción de Necochea y Quequén durante casi 140 años.
La construcción data de 1884 y funcionó como molino harinero y punto de acopio de cereales hasta 1949, siendo fundado por Julián Gámez.
Luego de pasar por varias manos, el Centro de Acopiadores de Cereales local se hizo cargo de este lugar en el 2006 a través de una subasta pública, respetando su condición de patrimonio histórico y arquitectónico, según lo dispuesto en la ordenanza 4372 del año 2000, que fue derogada en 2010 para añadir un listado más amplio de edificaciones, sufriendo posteriormente varias modificaciones, pero con vigencia hasta el día de hoy.
Proyectos fallidos y presente
Este edificio histórico se incendió en el año 2004 y eso produjo posteriores derrumbes que generaron muchos comentarios entre los ciudadanos, que empezaron a pedir con más intensidad que se tomen medidas de preservación.
El derrumbe más significativo tuvo lugar a las 14:50 de un sábado 11 de julio, cuando se registraba un fuerte viento que terminó tirando las paredes internas y parte de la fachada. En el 2009, ante los reclamos e ideas que demandaba la sociedad, desde el Centro de Acopiadores de Cereales se convocó a dos ingenieros para inspeccionar el lugar, tomando fotografías para elaborar un informe de diagnóstico estructural
Años más tarde, se lanzó públicamente una propuesta de recuperación del edificio, que fue apoyado por el Colegio de Arquitectos y la Asociación Patrimonio Necochea, que consistía en un lugar de alojamiento, con pileta y una importante mejora estética y funcional del lugar, conservando parte de la fachada, ya que tras hacerse cargo del edificio, el Centro de Acopiadores ya había dispuesto desmontar los silos, norias, torres y otros elementos abandonados que representaban un peligro para la seguridad de quienes transitaban por allí.///