Una institución con historia y ganas de hacer
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A sus 101 años el Club Danés volvió a sus habituales actividades, luego de las restricciones de la pandemia. Obras, proyectos y tradición
Después de dos años, durante 2022 el Club Danés comenzó a volver lentamente a la normalidad y a recuperar muchas de sus actividades anuales, además de los eventos que forman parte de la tradición de la entidad.
“La gente tenía muchas ganas de reunirse”, señaló María Eseverri, presidenta de la comisión directiva de la institución.
El Club Danés fue una de las instituciones que durante 2021 cumplió 100 años pero que debido a las restricciones de la pandemia, no pudo festejar como hubiera deseado.
“Este año pudimos festejar el centenario, porque el año pasado fue todo muy protocolar”, afirmó Eseverri.
“Pudimos mostrarle a los socios y a la comunidad los trabajos que hicimos en el edificio y quedaron sorprendidos”, indicó.
Como otras instituciones, el club aprovechó la inactividad para comenzar a proyectar una serie de mejoras en su edificio de la avenida 42 y 55.
Las mejoras se centraron en el salón grande de la institución con el objetivo de finalizarlo para el centenario.
Pero, afirmó Eseverri, “hay muchas cosas que ir haciendo”.
Si bien el club cumplió 101 años en julio pasado, el edificio es más antiguo, por lo que exige realizar constantemente nuevas obras.
“El proyecto a futuro es seguir embelleciendo la institución”, manifestó María.
Indicó que entre las obras necesarias se encuentra la remodelación en el quincho y también en el salón “chico”.
Recuperar el ritmo
En marzo volvieron las reuniones de señoras “husmorkreds”. Volvieron los sandwiches daneses y también hubo una noche de smørrebrød.
“Este año con la normalidad volvimos a hacer nuestros eventos tradicionales”, afirmó Eseverri.
También volvió a celebrar la tradicional Noche de San Juan, en la que se canta “Vi elsker vort land” (amamos nuestro país) escrita por el poeta danés Holger Drachmann en 1885.
En septiembre, con la llegada de la primavera, también se celebró a los “vitalicios”.
Este homenaje a los socios que cumplieron 75 años y 20 de socios no se realizaba desde 2019 por lo que la entrega de distinciones fue triple.
Ahora la entidad se prepara para volver a participar de la Feria de las Colectividades en enero.
Como todas las entidades de la ciudad, el Club Danés trabaja para sumar nuevos socios, algo que se complica teniendo en cuenta que la comunidad relaciona a la institución con la comunidad danesa y sus descendientes.
Pero, como indica Eseverri, “nos hemos abierto a la comunidad” y no se requiere a nadie ser descendiente de la comunidad para hacer uso de los servicios e instalaciones del club.
En la sede de la institución también se dictan clases de zumba y funciona una escuela de danzas.
Un club con historia
El 9 de julio de 1921 se fundó el Club Danés de Necochea. Su creación había sido decidida luego de varias reuniones en el hogar de Blas Peterson. Allí un grupo de daneses decidieron que era necesario contar con un ámbito para reuniones culturales, sociales y recreativas de la colectividad.
Faltaba poco más de un año para que Hipólito Yrigoyen culminara su primer mandato presidencial en la argentina. En Europa, tres años antes Islandia se había independizado de Dinamarca (aunque la corona lo reconocería recién en 1944).
La primera denominación que tuvo la entidad fue “Asociación para reuniones sociales en Necochea y zona adyacente” y su comisión directiva estaba integrada por Ricardt Christensen, Cristian Christiansen, Mette C. de Andersen, Svend Andersen y Víctor Schmidt.
En 1925 pasó a llamarse Foreningen Danmark (Asociación Dinamarca). Diez años después se obtenía la personería jurídica. El 9 de junio de 1940, en una asamblea realizada en el bar Belgrano, se adopta, finalmente, el nombre de Club Danés.
En 1945 se adquirió el terreno que hoy ocupa la sede del Club Danés, donde existía entonces una casa de dos plantas, en la cual funcionó durante algunos años una escuela danesa, que fuera dirigida por Gunnar Mortensen.
En 1958 se ampliaron las instalaciones, se construyó lo que hoy es el salón principal de fiestas, siguiéndo la cocina y el fogón. En la década del 80 se hicieron otras ampliaciones, se añadieron nuevos sanitarios e instalándose un sistema de calefacción por aire para los tres salones con que cuenta.
En 1980 se escrituró el campo deportivo “Thor Andersen”, cinco hectáreas forestadas que habían sido donadas por Juan Hensler y Elisabet Andersen (hija de Thor) y que ya eran utilizadas previamente. Dicha donación había sido aceptada por el club en una asamblea del 28 de agosto de 1977.///