Una lucha constante
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No debe haber en la actualidad de Necochea institución mejor conceptuada, y sobre todo valorada cuando se requiere de su servicio, que el hospital Dr. Emilio Ferreyra.
Con la atención privada en una realidad muy lejana a la de décadas pasadas, el centro asistencial público absorbe no menos del 80 por ciento de las atenciones de toda índole. Desde la consulta más común, pasando por la atención de las urgencias, hasta la intervención quirúrgica más complicada que su instrumental le permite realizar.
Está claro que, como ocurre en todo emprendimiento, el capital humano es el que le da vida y trascendencia. Y en lo que respecta al Ferreyra, más allá de las críticas que puedan surgir por el desenlace de casos personales, la generalidad de quienes han tenido que atenderse en cuestiones complicadas de salud, dan cuenta del buen trato humano que han recibido por parte de profesionales, enfermeras y colaboradores.
Todas estas cualidades, que disimulan carencias, fluyen hacia una consideración de la comunidad, que se trasunta en una firme respuesta a cada requisitoria de la activa cooperadora. Ese grupo de voluntariosos vecinos, que desde hace años se han transformado en el puntal de la evolución que en materia de instrumental, material y mejoras en el edificio que ha tenido el Ferreyra.
Son múltiples los logros de la cooperadora, con la terminación de la nueva guardia y el área de oncología como estandartes. Pero al tratarse de un hospital municipal, donde los recursos económicos nunca alcanzan y salen de un mismo fondo principal: los contribuyentes, se trata de terminar una reforma o campaña para empezar inmediatamente otra, tan necesaria como la anterior.
La falta de insumos, de profesionales para cubrir guardias, de ambulancias, o la no reparación rápida de la aparatología que se rompe de tanto uso, son repetidas realidades de un establecimiento de magnitud, que se lleva, junto a los centros barriales y unidades sanitarias del distrito, el 40 por ciento del presupuesto anual del municipio. Y aún así no alcanza.
Entendibles, más allá de algunas actitudes personales especulativas o avaladas por falta de control, son los reclamos que de tanto en tanto efectúa el personal por el retraso de pagos a sus labores. Pero las protestas en estos casos son los paros de actividades, excepción de la atención de las guardias, que obviamente perjudican al paciente, que a veces no tiene la posibilidad económica de ir a otro lugar.
Es una repetida lucha entre el Ejecutivo y la masa laboral. Una «perla» más de una complicada realidad diaria para que siga funcionando el principal centro asistencial de la ciudad y pequeñas localidades vecinas, de las cuales llegan personas para atenderse.
El desgaste del personal jerárquico suele ser el determinante para el constante cambio de autoridades en el nosocomio. Un tema que, como las anteriores, la administración de Facundo López aún no ha podido resolver.
Hoy se busca la alternativa de hacer una conducción lineal entre los hospitales de Necochea y Quequén, a través de un plantel de médicos, pero aún el Ejecutivo, con el secretario general Mario Gygli al mando, sigue buscando la mejor solución o alternativa.
La atención sanitaria es una de las principales demandas de una sociedad. Y Necochea obviamente no es la excepción. Es por ello que cada uno tiene que seguir poniendo su grano de arena y responsabilidad, para que la salud pública pueda seguir dando respuestas en nuestra ciudad. Es que la lucha es constante y requiere de voluntad y buenas intenciones.///
(Publicado domingo 15 de abril de 2018)