Una medalla dorada que llegó en un primer encuentro
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Candela Bonaura se consagró en el Mundial de Salvamento con la rosarina Cornaglia, aunque nunca habían competido juntas antes. “La expectativa de la medalla estaba desde el primer momento”
Candela Bonaura disfrutó de uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva coronándose en noviembre pasado en el Campeonato Mundial de Salvamento en Adelaida, Australia. El viaje “al otro lado del mundo” la vio regresar con la medalla dorada y una experiencia para toda la vida. El éxito en la prueba de lanzamiento de soga en la categoría master 30 a 34 años no estuvo exento de esfuerzo y calidad, pero tampoco de una conexión especial. La medalla no la ganó sola, sino en dupla con la rosarina Antonela Cornaglia con quien nunca antes había coincidido en una competencia. Dentro de la incertidumbre que puede platear un antecedente así, Bonaura reconoció que “la expectativa de la medalla estaba desde el primer momento” y lo fundamentó en la preparación de ambas: “Habíamos entrenado bastante esta prueba individualmente, porque ella está en Rosario y yo en La Plata. Pero sabíamos por los tiempos previos que teníamos muchas posibilidades. Aunque siempre puede fallar por los nervios, cuando llegamos y entrenamos juntas, la verdad que conectamos súper bien. Entendimos que si nos concentrábamos y hacíamos las cosas como veníamos entrenándolas iba a salir. No creímos que tan bien. Terminó siendo el mejor tiempo de todos, pero teníamos la expectativa puesta en la medalla”, expresó Candela quien tiene el récord nacional de esta prueba de lanzamiento de soga, aunque con otra compañera.
De Holanda a Australia
Se trató de la segunda participación de Bonaura en un Mundial de Salvamento, tras la experiencia en Holanda 2016 con el equipo Open. Esta vez, aunque fue campeona nacional con el equipo YMCA de Rosario, quedó como suplente en la selección y terminó compitiendo entre los masters, con muy buenos resultados. “Me fue bastante bien en las pruebas individuales de pileta, mejor de lo que esperaba, pudiendo entrar en todas en la final A. También en las postas me fue bien”. En la comparación con su anterior Mundial, apuntó que “Open es más fuerte, pero en master hay más cantidad, éramos 400 anotados en pileta y 1000 en aguas abiertas. Es más exigente porque competis todos los días en tres o cuatro pruebas cuando en Open te hace elegir entre dos o tres”.
La satisfacción de la experiencia la hizo replantearse los objetivos del año: “Pensaba retirarme, ya que este año no pude clasificar, y pensar en Italia (el próximo Mundial será en 2020) como master. Pero me vine con más ganas de volver a intentar clasificar en tabla y en ski, por lo que intentaré entrar en la selección (Open), más allá de hacerlo con los masters”. La clasificación, en el circuito argentino, comenzará este mismo año. “No me puedo alejar del deporte ahora”, afirmó.
El podio que no fue, entre el idioma, el recorrido y la bronca
Además de la alegría de la medalla, el Mundial para Candela Bonaura también tuvo el sabor amargo de haber logrado otro podio y perderlo en una descalificación que se sintió injusta. “En la prueba de tabla individual fuimos campeona y subcampeona con mi compañera (Cornaglia) pero nos descalificaron”, apuntó la necochense. Sobre la situación, explicó que “por haber bajado mucho la marea, en vez del recorrido habitual se iba a realizar otro por detrás de las boyas que eran para la competencia de kayak. La explicación era en inglés, entendimos pero llegó un momento en que pedimos una mayor explicación y otra deportista, una australiana que corría contra nosotras, nos realizó un dibujo. Fue la primera prueba del día y entramos con mucha ventaja, no vimos a nadie y cuando llegamos y estábamos festejando, se acercaron los árbitros a explicar que doblamos antes”. Cuando el resto de las competidoras comenzaron a llegar casi 5 minutos después, la desazón fue completa: “La chica que nos explicó ganó la prueba. No lo hizo a propósito, pero minimizó algo que para nosotros, ante la dificultad del idioma, no terminamos entendiendo bien, además de la adrenalina de la carrera. De 11 que corrimos 4 fuimos descalificadas. Se tenía que haber corrido de nuevo, pero el reclamo oficial costaba 300 dólares y no estábamos en condiciones de poder pagarlo. A partir de eso los árbitros comenzaron a explicar el recorrido con una imagen impresa y un reglamento, pero nosotros ya la habíamos corrido. Lo sentimos injusto, pero son experiencias…”.