Una muerte que desnudó las falencias en el sistema policial
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El alojamiento de presos con procesos judiciales iniciados y de contraventores, abrió el debate nuevamente sobre las condiciones que se ofrecen en las dependencias locales
Mientras el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni demostraba sus actitudes artísticas en un acto desarrollado en Florencio Varela con parte de la tropa de la fuerza de seguridad, en Necochea, quedó al descubierto la serie de falencias del sistema policial.
La aparición de un joven ahorcado en la Seccional Segunda de Quequén, desnudó el fuerte deterioro en las condiciones de alojamiento en las comisarías locales y revivió el incumplimiento sobre las promesas de realización de una alcaidía.
La carencia de personal y de patrulleros para brindar mayor prevención del delito, el deplorable estado de algunas dependencias (un caso elocuente, la Comisaría de Quequén), demuestra la ausencia del Estado en este sentido.
Y esta situación quedó de manifiesto durante la audiencia por la muerte de Michel Suárez, un joven que tenía 20 años, quien fue aprehendido por personal policial en el barrio Atepam de Quequén y luego fue hallado ahorcado en la comisaría.
Marcadas falencias
En el transcurso del juicio oral a los cuatro acusados, se ventiló que había superpoblación de presos (12 en total) cuando fue aprehendido Suárez por un daño generado en un local del Partido Fe.
Al ser demorado por los oficiales que estaban a cargo de la Comisaría de Quequén, se lo alojó preventivamente en el denominado en la jerga policial como “locutorio” (un espacio distinto a los habituales calabozos).
El propio oficial que se encargaba de la “imaginaria” en la dependencia esa noche (quien vigilaba a los detenidos en las celdas), reconoció que el lugar de alojamiento para Michel Suárez ni siquiera tenía iluminación, aunque si estaría higienizado.
Se supo también a través de las declaraciones de los testigos que, habitualmente, se utiliza una botella de plástico para que los aprehendidos orinen mientras están encerrados en el llamado “locutorio”, como le ocurrió al joven de 20 años.
De daño a tragedia
Esa noche en que apresaron a Suárez por la rotura de un cristal en un local de una agrupación política y que luego se transformaría en una tragedia, no se encontraban los titulares de la Seccional Segunda.
Esto es uno de los cuestionamientos que hizo durante el debate oral la defensa de tres de los cuatro policías imputados de “homicidio culposo y severidades”.
Un jefe de turno que quedó a cargo de la comisaría y que al momento de declarar, narró cómo fue la aprehensión de Suárez y el desenvolvimiento de sus colegas. Aseguró que “nunca lo golpearon” y que cuando se lo halló colgado al joven, trataron de auxiliarlo y reanimarlo pero no fue suficiente.
Los que estaban en la Seccional Segunda esa noche solicitaron una ambulancia al Hospital Municipal para que traslade a Suárez que agonizaba y ese vehículo nunca llegó a la dependencia.
Una muerte evitable
Los mismos oficiales cargaron al aprehendido en la caja de un patrullero y uno de los agentes le realizaba ejercicios de RCP, mientras el móvil se dirigía al Hospital Irurzun por cuestiones de cercanías.
Al llegar a la guardia del citado nosocomio se comprobó que el chico de 20 años había fallecido por “asfixia por ahorcamiento” (se fracturó el cuello), según el informe del médico forense de la Asesoría Pericial.
Uno de los testigos que declaró en el Juzgado Correccional sostuvo que “debimos haber estado más pendiente del aprehendido”, coincidiendo en que hubo “negligencia” en el accionar del personal que estaba al frente de la dependencia oficial.
En definitiva, se trató de una muerte que pudo evitarse y que demuestra las fallas notorias en el sistema policial y que el personal de las comisarías no está preparado ni entrenado para cuidar a los detenidos. ////