Una mujer que venció el miedo y subió a las alturas
La joven necochense desafió el vértigo y los prejuicios en un oficio dominado por hombres
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Patricia Maurelli encontró su lugar en un oficio que no muchos se atreven a realizar y en el que casi no hay mujeres: la pintura en altura. Durante diez años, se desempeñó como “sillera”, trabajando en fachadas de edificios, suspendida con arneses y cuerdas, desafiando el vértigo y las miradas curiosas de vecinos y transeúntes.
“Siempre me gustaron los desafíos y seguí mucho a mi papá, que trabajaba en construcción y artesanías. De chica me encantaba estar a su lado, aprender y hacer cosas con él. Ver a otras mujeres en trabajos poco habituales también me inspiró. Pensé: ‘¿Por qué no lo puedo hacer yo?’”, contó la entrevistada, que nunca tuvo una compañera mujer en esta labor.
El trabajo, además de técnica, exige temple y seguridad. “El vértigo siempre está, pero la tranquilidad la da el equipo. Usábamos elementos nuevos y de calidad, y yo misma aprendía a armarlos y revisarlos. La seguridad es lo primero”, explicó.
Consultada sobre si sentía temor mientras desarrollaba su actividad, contó:” Digamos que vértigo no tuve. El tema es que uno está tranquilo por el hecho de los de los equipos que se utilizan. Es muy importante el tema de la seguridad. Nuestros equipos eran nuevos, yo me preocupaba por aprender sobre mis equipos y de todo lo relacionado con este oficio, entonces eso te da otra tranquilidad”.
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Tiempo de cambios
Sin embargo, hace dos años su vida dio un giro. La muerte de su esposo, quien le había enseñado el oficio, la llevó a replantear su camino. “Seguí trabajando un tiempo, pero me di cuenta de que tenía que parar. La salud mental es lo principal. Primero hay que sanar y después seguir. Asociaba todo ese trabajo con él, porque lo hacíamos juntos, desde planificar hasta ejecutar”, recordó con emoción.
Aunque hoy está enfocada en otras cosas, no descarta volver al rubro desde otro lugar: “Me han ofrecido muchas veces abrir algo propio o capacitar a otras mujeres, y me encantaría. Quizás no volvería a colgarme yo, pero sí compartir mi experiencia”, puntualizó Maurelli
“No hay límites ni barreras. Las mujeres somos multifacéticas y detallistas, y eso se valora mucho. Podemos hacer electricidad, construcción, trabajos en seco. Hay herramientas y cursos que facilitan el trabajo. Solo hay que animarse”, expresó la necochense sin miedo a las alturas.
Y agregó: “creo que se tienen que animar incluso hasta en la construcción, en muchos rubros, siempre la mujer es el granito que falta”.
Entre anécdotas, recordó con una sonrisa cómo, en un edificio donde trabajaba, las propietarias la esperaban en cada piso con algo para comer o para sacarse fotos. “No podían creer que una mujer estuviera allá arriba, pintando. Me preguntaban cómo hacía, se sorprendían y me felicitaban. Esas cosas te quedan para siempre”.
Hoy, Patricia sigue mirando hacia adelante, con la misma determinación que la llevó a colgarse de un edificio por primera vez. Tal vez no vuelva a trabajar suspendida a tantos metros del suelo, pero la experiencia de haberlo hecho —y de haber roto prejuicios— sigue siendo uno de sus mayores orgullo.
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