Una carencia que continúa sin solución
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A diferencia de las ciudades de la región, los residuos se vierten en “estado puro” al mar, acrecentando un peligroso foco de contaminación
El propio intendente Facundo López lo ha expuesto públicamente, y con más fuerza en la “mesa chica” de su administración municipal como una de aspiraciones que quiere concretar antes de culminar su gestión: la construcción de la planta de tratamiento de los efluentes cloacales de Necochea y Quequén.
Es que a esta altura resulta inconcebible que Punta Carballido, en la costa quequenense, siga siendo el vertedero de los residuos en “estado puro”, creando un foco infeccioso de impredecibles consecuencias en dicha playa. Una situación de falta de tratamiento que no se repite en ninguno de los municipios de la región.
Los expertos en la cuestión no sólo remarcan las diferencias de otras ciudades respecto a la nuestra, sino que insisten en la necesidad de que se concrete cuanto antes la construcción de dicha planta.
Un poco de historia
Considerada en ese momento una “obra de avanzada”, ya que comprendió excavaciones de hasta siete metros y túneles, la Provincia construyó en la década del 50 la obra de desagüe cloacal en la por entonces inhóspita zona de Punta Carballido, en la costa quequense, y en cercanías de Costa Bonita. Por entonces unas 40.000 personas constituían la población local.
En su momento los deshechos cloacales de Necochea llegaban por bombeo a Quequén a través de caños suspendidos de la estructura del viejo puente ferroviario, al que lo secundó como vía de transporte el puente Ignacio Ezcurra y desde su derrumbe a la actualidad a través del maltrecho caño subfluvial, que se construyera en los 80 y que atraviesa el río a la altura del astillero Vanoli.
Qué sucede en la región
Los conocedores del tema certificaron que todas las localidades cercanas a Necochea cuentan con plantas de tratamiento primario, de acuerdo a su población.
Lagunas, en el caso de Tres Arroyos y San Cayetano; y arroyos en el de Lobería y Benito Juárez, en estos dos últimos casos con destino final en el río Quequén, reciben los residuos previamente tratados y transformados en líquidos no contaminantes en esas plantas primarias de clorado.
En el caso de Mar del Plata vuelca sus residuos cloacales al mar a través de un emisario de unos 2.500 metros aguas adentro, previo tratamiento en la planta ubicada en ruta 11, camino a Santa Clara del Mar.
El sistema de estas plantas contempla la retención de sólidos (plásticos, preservativos, toallas femeninas y demás), que tras su secado son compactados y van a incineración u otro tratamiento de destrucción final.
En el caso de la materia fecal, se le hace un proceso de oxidación, con el agregado de cloro, que descompone totalmente la misma.
“Al no contarse con la planta de tratamiento, el vertedero en Carballido tenía una capacidad de depuración para los residuos de una población de 40.000 habitantes, que está claro que ha sido harto superada por el crecimiento que tuvo la ciudad. De allí el problema ecológico actual”, explicó el ingeniero Guillermo Botella, de amplia experiencia en cuestiones sanitarias.
Lo que habría que hacer
A mediados de la década del 2000, técnicos del municipio, con el acompañamiento y supervisión de profesionales del SPAR (Servicio Provincial de Agua Potable y Saneamiento Rural) elaboraron el proyecto de la planta de tratamiento, para la que el municipio dispone de un predio de 14 hectáreas contiguo al mar, en cercanías de Punta Carballido, adquirido durante del gestión de Daniel Molina al frente del municipio.
La concreción de la planta posibilitaría que mejore sustancialmente la calidad del residuo que finalmente llegará al mar en dicho paraje, con un líquido depurado previamente.
Para ello hay que construir una cámara de rejas para sedimentar, complementada con “desarenadores” (retienen arenas, cementos y pinturas que puedan arrojarse a la red cloacal) y un área de retención de sólidos, que terminarán reduciendo notablemente el grado de contaminación actual.
En el caso de los líquidos, el proyecto con templa un par de lagunas estabilizadoras, aireadas con inyección de oxígeno.
Cabe recordar que en Carballido existe un caño que se interna unos 50 metros mar adentro, el que en la zona de la orilla está roto. Sobre el mismo se anticipó que deberá extenderse, pero eso sería en una segunda etapa de la obra de la planta de tratamiento y volcado.
Siguen las gestiones
Dicho esquema, que está proyectado para una población de entre 150.000 y 180.000 personas, fue presentado desde hace un par de años ante la administración bonaerense.
Los costos de esta planta han ido variando con el paso del tiempo, estimándose en no menos de $200.000.000, y en su momento hubo un guiño desde el gobierno de María Eugenia Vidal mencionando que los fondos provendrían de un crédito internacional, lo que mno se ha concretado hasta el momento.
Mientras tanto, los funcionarios municipales actuales dan cuenta que tramitan con continuidad los fondos necesarios para hacer la planta, lo que no deja de ser positivo.
En La Dulce y Fernández
Recientemente la Municipalidad dio a conocer que se construirán las plantas de tratamiento en las localidades de La Dulce y Juan N. Fernández, a través de fondos de la Provincia.
Ambas obras fueron licitadas, pero las ofertas superaron ampliamente el dinero que otorga la administración bonaerense y actualmente se está estudiando si el municipio puede encarar parte de los trabajos, por el sistema de administración.
Se trata de obras relativamente chicas, para servir a poblaciones de entre 10.000 y 12.000 habitantes.
En la actualidad ambas localidades no cuentan con cloacas, existiendo pozos ciegos.
Por qué en Carballido
La elección del paraje Punta Carballido, en la costa quequenense, para el vertido de los residuos cloacales no fue una cuestión antojadiza.
El emisario se construyó allí teniendo en cuenta la planimetría de la ciudad y debido a que las corrientes marinas favorecen en el sector el alejamiento de los residuos de la costa, mar adentro.
En contrapartida, si se hubiese optado por la playa de Necochea, las corrientes depositarían en forma continua los desperdicios cloacales en dichas arenas, tal cual ocurriera con los restos de un refulado que hiciera una draga en el Puerto a mediados de la década del 80.
Más allá de ello, la construcción de la correspondiente planta de tratamientos sigue siendo una cuenta a saldar.