Una nueva oportunidad
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Se está cerrando un año que ha sido intenso. Pero con los acostumbrados claroscuros y sinsabores de los últimos periodos en un país que a veces parece inviable, y con un presente que duele demasiado al comparar viejos tiempos y ver lo que se ha hecho de la Argentina.
Fundamentalmente porque el calendario significa un final de ciclo, estos últimos días de diciembre invitan a un balance; a la vez que el inminente año nuevo fortalece ese innato sentimiento que, en quienes aún tratamos de pensar en positivo, se traduce en la esperanza de una nueva y mejor oportunidad.
En tal plano, porque de ellos depende el presente y devenir del distrito de Necochea, los poderes ejecutivo y legislativo juegan el principal rol a la hora de perfilar las decisiones del momento y definir hacia qué rumbo vamos.
En una especie de pantallazo de lo que fue el 2021 que está por fenecer, está claro que el calendario electoral volvió a marcar la principal agenda. Aunque bien debe quedar en claro que la baja concurrencia a las urnas,-la peor de los últimos años tanto en las Primarias como en la generales-, está diciendo algo.
¿Fue apatía o hartazgo de los ciudadanos que ven que sus gobernantes no le dan respuesta? ¿La sociedad percibe que gobierne quien gobierne las cosas no cambiarán? Interrogantes con variadas respuestas, pero con un sentimiento que estaba subyacente y salió a la superficie: el compromiso democrático, desde el simple hecho de ir a votar, está cada más debilitado. Y eso es en gran parte culpa de la clase política en general; está claro que la integran personas componen nuestro cuerpos social.
Lo que se hizo
Con menos incidencia de la pandemia de Covid, la que comenzó a revertirse con los efectos de la vacunación, aunque que aún no ha sido superada del todo, la economía empezó este año una recuperación que, viniendo del subsuelo y hoy en la planta baja es medianamente auspiciosa, aún llevará largo tiempo, y que en parte tiene sembradas sus expectativas en una buena cosecha en la zona y en la temporada turística, que todos esperamos.
En otro orden, impulsado en parte por el incentivo electoral y su necesidad de conseguir un aval para los dos años de mandato que le restan, el Ejecutivo puso en marcha un cúmulo de obras de infraestructura en la vía pública –llámese renovación de luces led en todas la avenidas; arreglos como no se había hecho en años de las avenidas costaneras de Quequén- Necochea y reasfaltado de varias calles, entre otras obras- que le dio sus frutos en las urnas. No en las PASO, pero si en las definitorias de noviembre, para las que Arturo Rojas se puso la campaña al hombro, en una decisión definitoria para su futuro político inmediato. Una buena noticia radica en lo percibido en el año que se va: un ritmo de obras que empezó a marcar un camino de crecimiento y que no se ha detenido tras las elecciones. Una jugada que le salió bien, pero que para nada significa un cheque al portador para garantizar la reelección del espacio que encabeza en 2023.
Es cierto que hoy el Intendente es el dueño de la escena a partir de su reciente triunfo electoral. No obstante deberá exigirse a la hora de gobernar, gestionar, convocar y negociar si es necesario. Todo en el marco de un país imprevisible en cuanto a políticas sociales y económicas, endeudado y con una pobreza de la sociedad en constante crecimiento.
Un compromiso de todos
Cada protagonista, sea integrante del Ejecutivo o del Concejo Deliberante, sabe en su fuero íntimo sí estuvo o no a la altura de las circunstancias que reclama el difícil momento que atraviesa nuestra sociedad.
La renovación de cargos que a medio mandato ha hecho el Intendente en su gobierno, y la que se produjo en el cuerpo deliberativo por decisión de los ciudadanos en las urnas, refresca y conlleva una nueva expectativa para lo que viene.
Para ese futuro es primordial la apertura hacia el otro y el consenso. Un aspecto que ciertamente no se observó en la primera reunión del “nuevo” Concejo, donde el oficialismo tuvo que recurrir al voto doble del presidente del cuerpo para lograr el aumento del 50% de las tasas municipales.
El mérito principal en estas concreciones ha sido del jefe comunal y su equipo: por haber solidificado una administración de los recursos y por haber insistido en las gestiones ante la Provincia y la Nación, para que retorne aunque sea una parte que el distrito les reporta con el pago de sus impuestos y otras contribuciones.
Interpretando este proceso de gestiones y el traspaso desde los gobiernos centrales indican que es necesario el diálogo, el entendimiento con el que piensa distinto y el renunciamiento a las conveniencias y egos personales, para sacar adelante a un enfermo crítico que por ahora apenas se puso de pie. Ejecutivo y oposición deberían tenerlo en cuenta, incluso convocando a las fuerzas vivas de la ciudad. La sociedad demanda mucho más de sus representantes. Hay mucho enojo y desazón, y ello solo se revierte con trabajo y decisiones inteligentes, mancomunadas y consensuadas.
Es demasiado lo que queda por hacer, fundamentalmente en el desarrollo urbanístico planificado de un digno, disfrutable y progresista lugar para las generaciones que vienen.
Hay que definir y ejecutar de una vez por todas qué se hará con el ruinoso edifico del ex complejo casino; poner proa al desarrollo del frente costero; concretar un eficaz y saludable tratamiento de los efluentes cloacales; implementar un adecuado reciclado de los residuos domiciliarios; seguir multiplicando los servicios esenciales de agua cloacas y asfalto; y propiciar la creación de fuentes laborales y de capacitación educativas para que los jóvenes no sigan estando obligados a emigrar de una ciudad que no les da oportunidades. Todos ejes centrales de una larga e insatisfecha demanda, que es de esperar no sigan atravesando generaciones.
Se ha perdido demasiado tiempo y no se puede seguir dilapidándolo. La llegada de 2022 presenta una nueva oportunidad para tratar de sacar de una vez por todas adelante a Necochea, algo que es imprescindible. Ojalá la sepamos aprovechar.