Estudian reconstrucción del Ezcurra
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Mientras se espera elaborar el proyecto y luego buscar la financiación de la obra, dos barriadas siguen en el olvido. Los restos del derrumbado puente abandonados desde hace casi 39 años
Aunque es un tema que se viene meneando desde hace décadas, la reconstrucción del puente Ignacio Ezcurra, en la zona neurálgica de Puerto Quequén, recobra notoriedad cada tanto, sobre todo cuando surgen comentarios o gestiones de autoridades relacionadas a la estación portuaria.
El propio titular del Consorcio de Gestión, Arturo Rojas, reavivó la cuestión en las últimas horas, con el ministro de Producción de la Provincia, Javier Tizado como testigo, quien si bien no reveló qué cartas jugaría la administración que encabeza María Eugenia Vidal, al menos le brindó un guiño a la idea.
En realidad Rojas ratificó que se empezará a elaborar el respectivo proyecto técnico, un paso más de lo que ya manifestara en otras ocasiones, incluido un encuentro de agosto de 2017 con vecinos que ya han juntado casi 20.000 firmas peticionando la reconstrucción del puente que cayera por efectos de las inundaciones de 1980 y que significara un golpe letal para dos barrios de ambas márgenes.
Una obra clave
Por distintas razones el Puerto atraviesa una de sus más fructíferas etapas, incluso de cara al futuro inmediato. Con el arribo de los aerogeneradores para distintos parques eólicos que se están construyendo en diversos puntos, se ha producido una amplia y beneficiosa posibilidad de transformarse en un puerto logístico de primer orden.
A ello se suma la profundización a 50 pies de profundidad, que posibilitará el ingreso y carga completa de buques grandes.
Y dentro de este “collar” de obras, contempladas en el plan estratégico 2016-2026 de Puerto Quequén, aparece la construcción de un nuevo puente, para remplazar al malogrado Ezcurra.
En los prolegómenos, y obviamente a la espera que se cuente con el proyecto técnico, se plantea la duda de si se reconstruirá el Ezcurra en la lugar en el que estuvo emplazado y que hoy es una postal al abandono, o se hace unos metros rio arriba, a la altura de la llamada calle de las Torres (del lado de Quequén), que significaría una entrada directa desde la ruta 88 hacia Necochea.
Discusiones e intercambios de pareceres de lado, lo que resulta indiscutible es la necesidad de contar con un nuevo puente. Es que además de volver a agilizar el tránsito pesado que forma parte de la actividad portuaria y transformarlo en más operativo, recuperar esta vía de comunicación significaría una inyección para los barrios de ambas márgenes, que derrumbado el Ezcurra se desdibujaron enormemente.
Además volvería a ser una vía de paso más directa entre las zonas turísticas (playas y puerto) de Necochea y Quequén, recreando un circuito que ha tenido transformaciones interesantes en todos estos años.
Luego de conocido el proyecto y el monto de dinero que será necesario para concretarlo (se habla de cifras cuantiosas, de hasta 16 millones de dólares), habrá que instrumentar la mecánica para lograr los fondos, que provendrían en su mayoría del orden privado (tal vez de las distintas empresas multinacionales que se desempeñan en el Puerto), no descartándose un aporte del Estado. Aunque aún todo está por verse.
Desidia de años
Más allá de las renovadas expectativas hay un aspecto negativo que las distintas gestiones portuarias en el Consorcio no han sabido o no han querido solucionar: la permanencia, desde nada menos de casi 39 años, de enormes pedazos de bloque de hormigón que formaron parte del derrumbado puente.
Depositados sobre las márgenes, en especial la de Necochea, constituyen un verdadero adefesio y es poco entendible por qué no han sido sacados estos restos de ahí.
Paradójicamente sobre los pedazos de cemento y hierro de distinto tamaño, decenas de pescadores van a “despuntar el vicio”, incluidos varios niños, con el latente peligro de que ocurra algún accidente.
Falsas promesas
Si bien cada anuncio en torno a la reconstrucción del puente Ezcurra reaviva ilusiones, las repetidas acciones en este sentido a lo largo del tiempo han creado un marcado escepticismo en buena parte de la comunidad.
El rimbombante anuncio que en una de sus visitas en el ejercicio del cargo de vicegobernador hiciera en los noventa Rafael Romá, de levantar un puente ferrovial sobre el Río Quequén, y los dichos en el mismo sentido del exvicepresidente de la Nación, Amado Boudou, hoy preso por actos de corrupción, sólo son dos muestras de un “rosario de promesas” incumplidas respecto a la recuperación del puente que cayera la tarde del 29 de abril de 1980, bajo el embate de las embravecidas aguas del río en las devastadoras inundaciones de ese mes.
La necesidad de volver a tener un puente en esa estratégica zona tuvo también a lo largo de los años el aval de numerosas entidades, siendo uno los más sobresalientes el que impulsaron en abril de 2005 el Club Rotario de Necochea, la Cámara de Actividades Portuarias y Marítimas de Necochea y Quequén, el Centro de Acopiadores de Cereales Zona Puerto Quequén, la Cámara de Permisionarios y Concesionarios de Puerto Quequén y la Cámara Comercial, que junto al intendente Daniel Molina y funcionarios de su gobierno se entrevistaron con el entonces ministro de Infraestructura, Servicios Públicos y Vivienda, José Sícaro.
El funcionario habló de un anteproyecto “de rápida elaboración” y la posibilidad de iniciar al año siguiente la obra. Obviamente nada de eso ocurrió.
Ojalá que estos nuevos bríos para levantar un puente más que necesario dejen en anécdotas aquellas promesas y la construcción se haga realidad.