Una oportunidad para pasear y apreciar piezas únicas
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Se llevó adelante la subasta de muebles, antigüedades, pinturas y otros objetos de la familia Balsategui
El sábado y domingo se realizó una subasta en la antigua casa de la familia Balsategui en 62 y 57, donde se exhibieron piezas de arte, muebles, pinturas y objetos de diferentes partes del mundo que fueron apreciados por quienes se acercaron tanto a comprar como a disfrutar de un paseo.
El viernes se abrieron las puertas de la elegante casona, como para que se pudieran visitar los espacios donde se encontraban prolijamente acomodadas las antigüedades, esculturas, luminarias, porcelanas, cristales y todo tipo de objetos.. Los sucesores, que llevaron adelante la subasta, estaban presentes entre el público que se acercó que no fue poco, ya que continuamente se vio gente entrar y salir de la casa y la circulación fue ininterrumpida. Asimismo, llegar a estar en los primeros lugares, cerca de Graciela Casasola la martillera que llevó adelante el remate, no fue una tarea sencilla.
Sobre todo ayer, durante la tarde lluviosa, resultó ser un plan la visita de muchos curiosos La céntrica ,casa que la mayoría conoce por fuera, abrió sus puertas para conocer su interior, cargado de recuerdos y cubierto de obras de arte; además, el diseño arquitectónico, con techos altos, habitaciones amplias, pisos de madera, pasillos y recovecos, es atractivo por sí mismo.
Valor
Como valor agregado a las piezas que se pudo ver y comprar, la casa se encontraba impecable, más allá de algunos detalles que tienen que ver con el paso del tiempo. Los objetos también se encontraban bien acomodados y quienes asistieron pudieron recorrer cada rincón con tranquilidad y detenerse a ver en detalle lo que más les llamaba la atención. Parte de lo expuesto fueron libros y bibliotecas, muebles antiguos en impecables condiciones, arañas, marfiles, cuadros y fotos.
Remate
Casasola, motivadora de la subasta, condujo a los adquirentes de ambiente en ambiente, en un amplio recorrido. Entre bromas y números, se iban dando las ofertas, y los montos por los objetos a comprar subían.
Los muebles de origen francés y piezas de arte llamaron la atención y no faltaron oferentes interesados en cada propuesta.
Por ejemplo, un «secretaire» de talla provenzal pasó rápidamente de $ 3.000 a valer $ 8.000. La labor de quien estuvo a cargo del remate fue esencial, ya que es quien motiva y lleva adelante el ritmo de la subasta.
Había varias pinturas con el pincel de Zilda Balsategui, y además se remató un cuadro firmado por ella, “El vestido rojo”, que rápidamente captó la atención y fue adquirido.
De esta manera, obras de arte de todo el mundo, como pinturas precolombinas, generaron un paseo propicio para deleitarse con “joyas que no se hacen ahora”, se escuchó decir entre los presentes.