Una plaza, un acting y una apropiación clandestina
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Y un día volvió Cristina. No le duró demasiado su retiro a los cuarteles de invierno, de reflejos rápidos, percibió que el peronismo duro estaba dando dos pasos adelante, a la vez que ella se corría uno al costado. Las presencias y las ausencias en la Plaza de Mayo fueron más importantes que lo que se dijo, al mismo tiempo que constituyen una clara demostración que las grietas internas siguen crujiendo más fuerte que nunca en el Frente de Todos, con Hebe de Bonafini a la cabeza de los ausentes y de las críticas a un gobierno derrotado en las urnas y a la deriva.
Fue la plaza de la hipocresía nacional y popular. No fue la plaza de la democracia donde deberían haber participado todos los ex presidentes vivos elegidos en las urnas. Asistimos a la apropiación clandestina del Día de la Democracia a manos de un acto partidario, donde se trató de mostrar una unidad inexistente entre Cristina y Alberto. Divorciados en privado, se muestran unidos en público sólo por mutua conveniencia. Fue un acto partidario que abusó de todas y todos. No se festejó la democracia. Se impostó un relato que pasó del “ah, pero Macri”, al “FMI es el monstruo que nos quiere devorar”.
Tanto el discurso de Cristina primero, como el de Alberto después deben ser analizados no por lo que dijeron, sino por lo que omitieron. Las fuertes críticas de Cristina a la UCR, a los libertarios y al FMI no hacen más que mostrar cuáles son sus debilidades y miedos más profundos. Hablaron para la tribuna, para su público. No fueron discursos de estadistas. Escuchando nuevamente los soliloquios de Cristina y Alberto se asemejan más a una canción del dúo Pimpinela que a una descripción sensata de la realidad nacional en el día de la democracia de los argentinos, no sólo la de los integrantes del Frente de Todos.
Resulta altamente tan preocupante el uso partidario que se hizo del Día de la Democracia, como la pobreza discursiva de los oradores principales. El único “pícaro” fue José “Pepe” Mujica quien optó por un discurso muy breve (demasiado) sin exponerse más de lo necesario. De Cristina nos queda la queja y las culpas ajenas. De Alberto su reiterada pobreza discursiva que lo hunde aún más en el mar de la falta de credibilidad por el que navega.
El cuarteto conformado por José “Pepe” Mujica, Lula Da Silva, Cristina Fernández y Alberto Fernández constituye todo un signo de estos tiempos. La imperfección de la democracia a la que hizo referencia el ex presidente charrúa en el inicio de su escueta exposición resulta paradigmática de lo que fueron (y siguen siendo) sus críticas más duras hacia Cristina, de quien llegó a decir: “Esta vieja es peor que el tuerto”.
El acto realizado en la Plaza de Mayo es un vodevil partidario que se apropia clandestinamente del día de la democracia, que es de todos, no solo de unos pocos.
Cristina desplegó todo su encanto de “Rockstar” al tomar la palabra, impostando una exaltación inusual en los últimos tiempos, que hace pensar más en un rápido y estratégico olvido de la reciente derrota electoral que sufrió la coalición de gobierno con la pérdida masiva de 5,2 millones de votos, que a la convicción real de una líder que ve en el horizonte cómo se va extinguiendo el liderazgo del que una vez gozó y disfrutó. Por supuesto nada dijo sobre su negativa a entregar los atributos del mando al presidente que la sucedía elegido mayoritariamente por el pueblo. Suceso que coincide con su reiterada expresión en el acto de que con el gobierno de Cambiemos vino “la noche”. Alegando que los enemigos eran los que venían con togas de jueces y con los medios de comunicación como armamento pesado para atacarla. Cristina nada dijo sobre la pobreza, la pérdida de empleo y la triste realidad que están viviendo millones de conciudadanos a lo largo y lo ancho de la nación, el vacunatorio VIP y la foto de Olivos entre los hits más recordados del gobierno de su delegado. Tampoco fue invitado al acto partidario Ignacio Copani para cantar “Traigan la Pfizer”.
La Vicepresidenta dedicó la mayor parte de su alocución a embestir contra los medios de comunicación y la Justicia, mezclando la desaparición de personas a manos de la dictadura con lo que para ella fueron los ataques de la prensa y de los medios hegemónicos.
Bajo el lema “Argentina unida”, lo único que escuchamos fueron discursos de división y grieta. Incluso Cristina se ocupó de llamar la atención a los radicales pidiéndole que se “despabilen” porque, según ella, a sus dos presidentes democráticos los “tumbó” el FMI. Para Cristina -en una extravagante afirmación- la conclusión de que el ex presidente democrático Mauricio Macri es el culpable de todos los males de la nación y que los presidentes radicales fueron volteados por la “orga” de las finanzas mundiales es un hecho. Es una afirmación propia del realismo mágico al que nos tienen acostumbrados los relatos salvajes.
Alberto como presidente sabe que a la sumo es un mediocre Jefe de Gabinete, (no nos olvidemos que fue despedido y se convirtió en un feroz crítico de la gestión de Cristina Fernández y su gobierno no hace mucho tiempo atrás). En todo lo que hace la impronta de su anterior trabajo no se la puede sacar de encima.
Alberto sigue sin dar la talla, y Cristina, sin querer queriendo se ocupa, en cada dueto estilo Pimpinela, de hacérselo saber. Le da órdenes en público, ni que pensar cómo será en privado.
Que tanto Alberto como Cristina se refirieran en varias oportunidades a los “libertarios” es una clara demostración de la preocupación que les ha generado ese nuevo sector de la política nacional. Espacio político que incluso tuvo una muy buena performance en los barrios carenciados, antiguo feudo de los gobiernos de tinte populista, pero que a la vez son los más castigados por la impericia de un gobierno que no puede contener el flagelo inflacionario, del que nada dijeron los “Pimpinela”. De eso no se habla en público.
Son muy buenos creando relatos, tanto que omiten hablar los de los problemas reales de la gente, esa misma que va a la plaza para aplaudirlos.
La palabra inflación no se escuchó en todo el acto. Tampoco “cepo”. Son todas omisiones selectivas que indican que los problemas reales de la gente no les preocupan, si se habló de la justicia, de los medios de comunicación y del Fondo Monetario Internacional.
El relato paso del “ah, pero Macri” al “FMI es el enemigo nacional y popular” que pone y saca gobiernos a su antojo. El acto fue para Cristina y para hablar sobre los problemas que a ella le preocupan. El pueblo puede seguir esperando. En una sola cosa coincido con el presidente Fernández: en que tenemos que construir otro país. Pero uno muy diferente al que propone el gobierno de tinte populista, uno que respete la voluntad popular que se expresó en las últimas elecciones en forma contundente rechazando mayoritariamente una forma de gobernar y ejercer el poder, donde importa más ganar la próxima elección que solucionar los problemas del pueblo.
En la Plaza de Mayo vimos como un acto partidario se apropió del día de la democracia, al mismo tiempo que observamos como la hipocresía una vez más se apoderó del relato nacional y popular dejando de lado todas las cuestiones que sí importan para el laburante de a píe, ese que no paga el impuesto a la riqueza, ni goza de todos los privilegios que tienen los dirigentes políticos, incluyendo las millonarias jubilaciones que cobran a costa de los contribuyentes. El Día de la Democracia fue, al menos por un día, el día de la hipocresía.
Como bálsamo a tanto relato salvaje una frase de Albert Einstein: “Tranquilo, hay un juez llamado tiempo que pone a todo el mundo en su lugar”.
Por Jorge Grispo – Abogado, especialista en Derecho Corporativo