Una problemática irresuelta
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De vez en tanto, como ocurre con otras tantas cuestiones, se espolea en el seno del Concejo Deliberante la problemática de la infinidad de perros sueltos en la vía pública y la no tenencia responsable de ejemplares de razas peligrosas, que derivan en ataques de impredecibles consecuencias, sobre todo si las víctimas son niños o ancianos.
Esta vez refrescó el tema una minuta de comunicación del Frente de Todos, solicitándole al Ejecutivo, como en otras tantas veces anteriores, que ponga en marcha medidas para controlar algo que no es tan nimio como parece.
En lo que respecta a la tenencia de perros peligrosos hay ordenanzas precisas que establecen los cuidados y responsabilidades que tiene el dueño del animal, así como también las sanciones que les caben al mismo por incumplir lo establecido. Como primera medida hay que llevar al can por la vía pública sujeto a una correa y con bozal. Algo que por cierto se ve en cuentagotas.
El problema se multiplica cuando estos perros están sueltos, y se producen los ataques y mordeduras a desprevenidas personas, que además del sufrimiento de la víctima le genera al propio Estado un gasto de mención, con la atención médica del herido, vacunación y demás. Una inversión que obviamente podría evitarse si hubiera responsabilidad de los dueños de los animales y control por parte del Estado, que debe velar por la seguridad de los ciudadanos.
Otro aspecto son los perros abandonados que viven en la calle, y si bien el número se ha reducido a partir de una continuidad de los operativos de castración gratuita que viene llevando con continuidad, la población sigue siendo más que abundante. Y también en este caso se producen ataques a las personas y hasta accidentes automovilísticos, ya sea al impactar un vehículo contra uno de estos animales o tratar de esquivarlo.
Ni que decir de la suciedad que originan en el medio ambiente, ya sea rompiendo bolsas de residuos en busca de comida, como haciendo sus necesidades en la vía pública, sin que obviamente nadie levante sus deposiciones. Algo esto último que también ocurre con muchos dueños de animales que los sacan a la vereda a defecar u orinar y no juntan los excrementos. Está claro que los mismos son transmisores de enfermedades, que también derivan en un gasto para el Estado al tener que hacerse los respectivos tratamientos médicos.
Respecto a los perros vagabundos existen algunas entidades protectoras de animales y el saturado predio del CAAN donde se los aloja en busca de adopciones, pero son harto insuficientes para morigerar la problemática.
Un tercer aspecto, que ante la falta de control está cobrando mayor vuelo este año, es el de la presencia de perros en la playa, la mayoría llevados por sus dueños. Algo que está expresamente prohibido por una vieja ordenanza municipal.
Ejemplares de todas las razas y tamaños son irresponsablemente bajados a la arena, donde ensucian, molestan y pueden amargarle el día a alguien que va a la playa a disfrutar y no tiene porqué soportar estas presencias.
No solo se trata de una cuestión de seguridad sino que estamos ante algo que también hace a la salud pública de la población. Las herramientas para encaminar la problemática están. Pero como en tantos otros temas, los responsables de la Municipalidad optan por hacerse los distraídos. Y alimentan otra forma de colaborar con el desorden y la falta de calidad de vida, en el caso que citamos esta vez.///