Una Semana Santa más espiritual
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Debido a la cuarentena este año los cristianos no pudieron reunirse para conmemorar la pasión, muerte y resurrección. Un momento histórico que podría cambiar incluso el vínculo con Dios
En la Semana Santa se conmemora la pasión, la muerte y resurrección de Jesús y por ello es el momento del año de mayor actividad litúrgica para los cristianos de distintas denominaciones.
Durante este tiempo se celebra la institución de la eucaristía en el Jueves Santo en la Última Cena, se conmemora la crucifixión de Jesús el Viernes Santo y la resurrección en la Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.
Desde hace siglos, la Semana Santa ha dado lugar a numerosas muestras de religiosidad entre los fieles. Momento de procesiones, representaciones de la pasión e introspección.
Pero este año, todas esas costumbres centenarias han debido suspenderse por la pandemia del coronavirus. Se trata de un momento histórico, que ningún cristiano imaginó que alguna vez iba vivir.
Tiempo de cambios
“Esta pandemia hizo que a esta Semana Santa llegáramos de una manera distinta. Sin embargo, esta Pascua quizá ha sido de las que he vivido con mayor intensidad”, afirmó la paisajista Paula Wehmeyer.
“En este momento tan especial, donde el aislamiento nos hace replantear tantas cosas, donde quedamos separados físicamente de nuestros seres queridos, casi de un día para otro, donde tenemos que aprender a estar en casa tiempo completo y no en la mejor situación emocional, el acompañamiento espiritual ha sido un pilar fundamental para ayudarme a transitar esta Cuaresma en cuarentena”, agregó.
Y opinó que “la Iglesia se ha adaptado con gran velocidad. Sacerdotes, Obispos e inclusive el propio Papa migraron en su totalidad misas, celebraciones y retiros a un entorno virtual, lo cual nos ayuda a transitar este momento tan especial y nos permite sentirnos acompañados y apuntalados”.
“En mi caso particular, tradicionalmente paso Semana Santa en General Belgrano, ya que mantenemos una costumbre familiar, que iniciaron mis bisabuelos y sus 11 hijos hace muchos años”, explicó.
Dijo que “el sábado de Gloria se faenaba temprano una vaquillona para compartir con la familia y la gente que trabajaba en el campo. La reunión jamás se suspendió, los caminos eran de tierra y ni el barro ni la lluvia impedían la realización del encuentro. Con el tiempo el campo se dividió y ahora las reuniones son rotativas entre los propietarios de la familia”.
“En cada reunión de ‘la vaquillona’ como la llamamos, todos nos esforzamos por estar y compartir la mesa, luego del almuerzo comienzan las anécdotas y recuerdos de reuniones pasadas”, afirmó.
Y dijo que este año, como no se podrán reunir, “surgió la idea de armar un encuentro virtual con toda la familia, a través de un grupo de Whatsapp, el cual integra a todas las generaciones y nos permita mantener la tradición, estar juntos de alguna manera y poder bendecirnos y compartir este sábado de Gloria”.
“El gran desafío de esta Pascua diferente es servir al otro, estar unidos y acompañados a pesar del aislamiento, de las distancias y estar presentes acompañando con un mensaje positivo”, concluyó.
Un momento para pensar
“Yo extraño muchísimo toda la celebración en la parroquia, con todos los preparativos, los ritos, los signos”, afirmó la periodista Patricia Marín.
Explicó que cada año hay mucha preparación previa a la Semana Santa. “Yo estoy en el coro de la parroquia, así que nos reunimos bastante tiempo antes a ensayar, a elegir las canciones… Todos esos preparativos no se pudieron hacer y los extraño mucho”, afirmó.
Sin embargo opinó que debido a la cuarentena, “Jesús nos invita a tomarlo todo con más tranquilidad, pensando realmente cada signo y compartiéndolo con los familiares o las personas que tenemos al lado”.
“Para mí y para todos los católicos la Semana Santa es el centro de nuestra fe, porque nosotros creemos en Jesús resucitado y esta es la celebración de la Pascua y la resurrección de Jesús”, explicó.
“Esta fecha es muy importante. La vivo con muchísima alegría cada año cuando hacemos la Vigilia Pascual y se encienden las luces en los templos, cuando el sacerdote después de muchos signos dice: Jesús ha resucitado”, comentó Patricia.
Por eso dijo que para ella la Semana Santa la “llena de felicidad”, ya que le recuerda que “tenemos a Jesús siempre al lado nuestro. Estas celebraciones nos ayudan a tenerlo muy presente”.
“Estos momentos litúrgicos que nos da la iglesia, incluso de preparación, nos ayudan a acercarnos mucho más y a profundizar nuestra fe”, expresó.
En familia
“Es el primer año que no vamos a misa de Ramos. Con la familia todos los años íbamos a Misa de Ramos. Participábamos en la bendición de los Olivos…Este año ha sido muy diferente”, dijo la vicecónsul de Italia en Necochea, Marina Vazquez Pucillo.
Dijo que en su familia son “muy creyentes” y afirmó que “este año es muy especial” porque “nos toca conectarnos de otra manera, para sentirnos cerca a pesar de que estamos distanciados” por la cuarentena.
Por ello, para Marina esta Semana Santa es más que nunca un tiempo de “introspección, de mucha oración, tratando de hacerlo que uno más pueda por el otro”.
En cuanto a las tradicionales familiares de Semana Santa, dijo que “estamos cocinando nuestros platos típicos. En Italia se estila mucho comer bacalao, así que lo cociné para mi abuela de 98 años”.
“Los domingos de Pascua, se estila comer una Frittata con Sopressata, que es una tortilla finita que incluye embutido, jamón, carne de cerdo y con un poquitito en Oliva”, explicó.
En esta Semana Santa, dijo Marina, “estamos cuidando mucho a nuestros seres queridos y es un momento de mucha introspección, de mucha oración, de tener mucha fe y confiar en que todos estos cuidados van a tener resultados”.
Reflexión y solidaridad
Por la cuarentena, esta Semana Santa “es un momento mucho más profundo de reflexión y solidaridad. Son tiempos en los que muchos no tiene siquiera para satisfacer sus necesidades básicas”, afirmó la escritora y enfermera María del Carmen González.
Es un momento, agregó, en que “todos ponemos más que nunca ese amor en acción, como decía la madre Teresa de Calcuta. En todas las parroquias se están recolectando alimentos para Cáritas con el fin de auxiliar a los que menos tienen”.
Dijo que otros necesitan otro tipo de ayuda porque “el aislamiento puede producir sentimientos de profunda tristeza y soledad a los que viven solos y también ahí estamos para una palabra de aliento, una llamada…”
“En mi caso particular coincide con una enfermedad y próxima quimioterapia, por lo cual este año será una vivencia más profunda. Estos días son días de reflexionar y meditar acerca de la renovación espiritual y de cómo siempre después del dolor viene la luz y la renovación. Y que el dolor físico y las enfermedades son algo pasajero”, afirmó.
Cree que es momento de “elevarse y no quedarse en lo pasajero”.
En el desierto
“Esta Semana Santa para mi es diferente, pero a la vez es tiempo de reflexión”, afirmó la vecina Sandra Vazquez.
“Dios nos quiere decir algo, nos hace pensar adónde vamos corriendo por todos lados, sacando tiempo a nuestras familias para ganar más dinero que gastamos en bobadas”, opinó
“Nos hace reencontrarnos con nosotros mismos”, dijo Sandra.
“Diría que estamos como Jesús cuando se retiró 40 días al desierto. Es un tiempo para discernir acerca de nuestra suerte. Una cosa es segura, tenemos que hacer silencio y escucharnos para empezar de nuevo”, concluyó.
Cambio profundo
La pandemia “nos sorprendió a todos. No estábamos preparados”, afirmó el sacerdote Alejandro Martínez.
Y dijo que en medio de las medidas tomadas por los gobiernos y por la Iglesia, una de las sorpresas más grandes para los fieles fue “la decisión de suspender todos los encuentros masivos religiosos”.
A partir de allí, dijo, comenzó “una Semana Santa totalmente distinta”.
Y los sacerdotes, indicó, tuvieron que “apelar a la creatividad” para seguir en contacto con los fieles en la semana más importante para todos los católicos.
“En mi caso, que no manejo la tecnología, el desafío fue cómo llegar a los hogares y a cada familia. Para mí, de manera particular, es todo nuevo y distinto”, afirmó Alejandro. “Tuve que pedirle a Dios que me diera la capacidad de estar más cerca de la gente y poder acompañarlos”.
Aun así, señaló que precisamente “al faltarnos la participación en una parroquia, en un templo, en una capilla, la valoramos más”. Por ello, piensa que a partir de este momento “tiene que cambiar algo”.
“Muchas veces nosotros, sin querer, por costumbre, pensamos que la Iglesia es un templo, una casa grande. Hoy por hoy el concepto se ha reafirmado en lo que realmente es. La iglesia somos nosotros, cada bautizado. Entonces la relación con Dios es una relación personal que se hace comunitaria”, dijo Martínez.
Por ello opina que “hoy comienza algo nuevo. Empieza a haber una relación madura con Dios, ya no tanto desde las estructuras. Esto va a cambiar mucho nuestra relación con Dios”.