UNA SOCIEDAD DESCREIDA
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A ocho días del brutal asalto que tuviera que soportar el matrimonio Depierro y que le costara la vida al conocido empresario, a raíz de los golpes y maltratos que sufriera, aún no ha sido aclarado.
En ese lapso, su esposa Shely Jacquier, a horas de haberse producido el hecho del que también fue víctima de la violencia de los delincuentes, y una vez repuesta del trauma que derivó en la internación y asistencia cardiológica en el hospital municipal, ratificó estos dichos ante el fiscal que entiende en la causa, Horacio Sirimarco.
Dentro de la complejidad que se observa en el seguimiento de lo acontecido, de lo cual la comunidad espera una pronta respuesta, cabe analizar una serie de informaciones dadas a conocer públicamente por los investigadores, tanto de la Justicia como policiales, que generan suspicacias en la población que no consume ciertos supuestos.
En primer momento se trató de minimizar el motivo de la causa de muerte, aduciendo que el cuerpo no presentaba signos de haber sido golpeado, como resultado de la autopsia.
Dejando de lado si los golpes en sí fueron el motivo del deceso, o si fueron muchos o pocos, suaves o fuertes, o no los hubo según la autopsia como consta en la causa, al decir del fiscal, lo cierto es que siempre el paro cardio respiratorio es el término usado ante una defunción y éste es el laxo vocablo que figura en el expediente, aunque haya sido caratulado “homicidio en ocasión de robo”. Salvo casos excepcionales, el informe médico cambia si resulta evidente por heridas varias en un accidente de tránsito o un balazo de un suicida en el corazón o la cabeza. Hoy, ya no importa, el resultado de la autopsia. A Depierro lo mataron porque lo asaltaron, así de simple.
Por otro lado se señaló que los tres partícipes serían de Necochea porque actuaron con la cara cubierta, y con guantes de lana. El solo hecho de taparse la cara, usar precintos y guantes marca la osadía de los tres individuos que actuaron en banda. Los que habrían entrado a la casa por unos de los accesos que no cuenta con sensor de alarma, esperando en la cocina a oscuras, sin moverse dentro de la propiedad para que ésta no se disparara, al acecho traicionero de sus víctimas.
Llamativamente anteayer se presentó espontáneamente en la fiscalía un muchacho de 23 años, conocido en el ambiente policial y quedó detenido como sospechoso de haber participado en el dramático hecho. Surge de la información dada a conocer que se había practicado un allanamiento en la madrugada del domingo en busca de esta persona. Cabe la pregunta: si este hoy detenido, que se entregó por su propia voluntad, fuese sospechoso ¿por qué no se lo detuvo a horas de ocurrido el crimen y si eventualmente tiene antecedentes por qué está en libertad?
Es muy curioso que alguien que ha participado de un homicidio en ocasión de un robo se presente espontáneamente, sabiendo que le esperan 35 años a la sombra. Y si pudiera saber algo de quienes fueron los asesinos, es muy raro a su vez que se haya presentado para delatarlos. ¿A razón de qué? Pero lo más incompresible es que este individuo supiera que los Depierro habían vendido, hace unos meses, la propiedad que heredó Shely Jacquier, de sus padres, como así también la existencia de un arma.
Es común que en este tipo de causas por robo, lejos de un homicidio, surjan inmediatamente, como evidencias luego de allanamientos o requisas elementos “vitales” para el esclarecimiento de los hechos, ejemplos ropa con sangre, una cadenita de oro, un reloj, un celular, dinero en efectivo, etcétera. Cosas que cualquiera puede poseer. Cuando alguno de estos objetos compromete a alguien que delinque, lo primero que hace es deshacerse de éstos. No hay que ser Sherlock Holmes para saber eso.
No hay que olvidar que aquí hay una muerte. Va de suyo que al juez se le deben presentar pruebas concretas que acrediten la responsabilidad cierta para inculpar a alguien de la participación en lo acontecido el miércoles 4 de julio de 2018, en el domicilio particular de la familia Depierro.
De los robos que se vienen cometiendo en Necochea la impunidad de los mismos va ganando por amplio margen contra los esclarecidos, dejando en toda la comunidad el escepticismo en razón de ser una ciudad como “campo orégano” para la delincuencia.
“Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe” y todos estos robos fueron la ruta allanada para llegar a lo que algún día, lamentablemente, iba a suceder y sucedió.