Una teoría científica con aires necochenses
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Un hallazgo del médico Rodolfo Faggioli atrajo, a principios del siglo XX, al naturalista Florentino Ameghino
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Archivo
Ecos Diarios
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El médico Rodolfo Faggioli descubrió a principios del siglo XX, en la zona costera de Necochea, un cráneo fósil que envió al museo nacional. Este hallazgo atrajo nada menos que al naturalista Florentino Ameghino, creador de la teoría autoctonista sobre el origen del hombre americano.
Ameghino visitó Necochea y, acompañado por Faggioli, recorrió el sector de lo que hoy es la Villa balnearia junto al médico.
Ambos descubrieron dos anzuelos trabajados en hueso fósil de guanaco y tallados muy hábilmente por los primitivos pobladores de esta tierra. Si bien Ameghino no dio importancia al hallazgo de los anzuelos, nunca se volvieron a encontrar anzuelos de esas características en el litoral atlántico bonaerense.
Sin embargo, el descubrimiento más importante realizado por Ameghino aquí fue el de un cráneo humano. El fósil fue hallado en inmediaciones de lo que hoy es calle 4 y 79.
El científico se llevó el cráneo a Buenos Aires para estudiar y completar su teoría del hombre. En la actualidad ese cráneo se encuentra en las vitrinas del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.
La amistad de Faggioli y Ameghino se vio reflejada años después en un homenaje realizado por la ciudad a ambos, cuando se decidió designar a dos calles con sus nombres.
Se le impuso el nombre de Ameghino a la calle 81 bis y de Faggioli a la 8. Sin embargo, con el cambio de las denominaciones de las calles de la ciudad, aquel homenaje ha quedado en el olvido, al igual que la obra de ambos amigos.
Fanático del Trekking
El médico Rodolfo Faggioli quedó en la historia de nuestra ciudad como uno de los pioneros de la paleontología lugareña. Sus hallazgos de fósiles de animales prehistóricos y restos de los primeros asentamientos humanos en nuestra región, intrigaban a los vecinos necochenses a principios del siglo XX, cuando esa ciencia era todo un misterio.
Pese a la rigurosidad de la ciencia y el gran conocimiento que parecía tener de las riquezas paleontológicas ocultas bajo el suelo de nuestro distrito, Faggioli siempre se tomó esta actividad como un hobbie o un deporte.
«Conversando con un joven maestro, le manifestaba que durante el invierno, algún domingo, cuando las preocupaciones profesionales me lo permitían, me dedicaba a un arte benéfico para mi salud y que considero el más sanos de todos», escribía Faggioli en 1933 en las páginas de Ecos Diarios.
El «arte» de Faggioli en realidad era un deporte que hoy se denomina «trekking». Al médico le gustaba las «excursiones» por los médanos costeros. En esas salidas realizaba «excavaciones para desenterrar algún esqueleto fósil, aún objeto de industria lítica o fragmento de la alfarería de los puelches que habitaron estas regiones».
El médico le explicaba a su joven amigo los beneficios de las caminatas por las dunas y la exposición al sol. También hacía referencia a las radiaciones de los médanos, un tema que con los años ha vuelto a cobrar vigencia.
«Las radiaciones naturales que existen en esos elevados médanos contribuyen a enriquecer la hemoglobina y a activar cambios respiratorios, intensificando la nutrición y estimulando el sistema nervioso y las funciones renales», añadía.
En aquel artículo, el médico también hace referencia a un viaje al Paso de Otero, junto a aquel amigo maestro. Fueron en sulky y descubrieron a unos 500 metros del paso un depósito de huesos.
«Esta estratificación de huesos ocupa una extensión de 18 metros de largo, con un espesor de ochenta centímetros en el centro que va disminuyendo en los extremos de la misma», escribió.
«Este yacimiento descansa sobre terreno pampeano, arriba es cubierto por terreno lacustre y en la parte inferior por una sustancia de color ceniza claro que está mezclada con los huesos», explicó. Si bien en un principio el médico identificó aquella sustancia como ceniza, luego, bajo el microscopio, descubrió que se trataba de «restos de infinidad de diatómeas, que son unas algas nicelulares microscópias que suelen crecer y multimplicarse extraordinariamente en las lagunas de agua estancada y corrompida».
El hallazgo
Según Faggioli, los huesos encontrados pertenecían a animales. «Restos de guanacos, ciervos, gamas, avestruces, etc. Pero, casualmente, ni rastros de los numerosos armadillos que poblaron la comarca en aquellos remotísimos tiempos», explicó y calculó en 4.000 años la antigüedad del yacimiento.
El médico también comentó el hallazgo de restos fósiles de animales prehistóricos tales como glyptodontes y un grueso colmillo de smilodon. «En el mismo cuaternario nos posesionamos de los restos del megaterio americanus, el mostruo más grande que vivió en esta región y que podía llegar a tener siete metros de largo y una corpulencia mucho mayor a la del elefante», señaló.
Faggioli fue un profundo admirador de ese sector del distrito y manifestó, hace 50 años, que el Paso de Otero merecía ser estudiado. «Es un paraje importante para paleontólogos, etnólogos y geólogos, como lo han reconocido varios naturalistas que fueron a conocer el paso por indicación mía y merece de los hombres de ciencia un detenido estudio», afirmó.
Poco después de aquella excursión con el maestro, Faggioli volvió al lugar con su familia y realizó una excavación a fin de extraer huesos enteros y enviarnos al Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires.