Una tormenta perfecta
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«Todo pasa por algo,
y lo que no pasa
también es por algo »
(Anónimo)
El momento actual nos dejará reflexiones que esperamos el tiempo no las deje en el baúl de los recuerdos, en esta extraña vida mundial que todos compartimos en el mismo barco timoneado por esa globalización más vigente que nunca, puede ser vivencia irrepetible con una esperanza de afrontar un mundo mejor.
El coronavirus pasará, la pesadilla quedará atrás, tal vez provoque cambios en el orden mundial, desastres económicos en los países y cada uno deberá adaptarse al nuevo orden, al menos por un tiempo.
Ese «todo pasa», adaptado a esta realidad que estamos viviendo y padeciendo con incertidumbre, tiene varias interpretaciones, quien la repite porque no le interesa nada, aquel que integra una sociedad light, la esperanza de que lo bueno puede venir luego, y otro que vislumbra enormes nubarrones en esta tormenta perfecta.
Al tiempo de escribir estas líneas, es sabido que la cuarentena se extenderá más allá del 31 de marzo, por varios días que se harán interminables, para quienes la cumplimos.
La Argentina que viene a los tumbos económicamente, tendrá que soportar sobre sus espaldas turbulencias fuertes y tormentas no fáciles de superar en el corto plazo, la reducción de la demanda mundial y del precio de los commodities implicará una significativa caída de ingresos, retracción de exportaciones nacionales a mercados mundiales, caso China, la baja del petróleo está sepultando las inversiones soñadas para la explotación en Vaca Muerta , no es de descartar depreciación de nuestra moneda, la emisión muy fuerte desde “la casa de papel” para detener la situación social, insertando dinero en el mercado, alargar pagos para Pymes, no sólo llegar a los monotributistas y personas de menores ingresos sino agrandar la brecha hasta autonómos, contemplar al campo en la política impuesta de retenciones, contener sectores, lo que indefectiblemente terminará lamentablemente en un proceso inflacionario y en la ya no oculta posibilidad de ingresar en etapa de default y la de volver a emitir moneda propia cada provincia.
Todo esto podría estar insumiendo un gasto que estará entre dos puntos o dos puntos y medio de nuestro PBI. Se estima que el país tiene una perdida por cada día de pandemia, de mil millones de dólares de un PBI que suma la cifra de cuatrocientos cuarenta millones de dólares anuales.
Parece una frialdad pensar y expresar como lo más importante lo que uno cree vendrá en el corto plazo, nadie ignora que la prioridad es la salud, pero también comenzar a pensar en ese día después, en la otra salud, la economía que da vida a los pueblos del mundo.
La Necochea del día siguiente
Está claro que eremos más pobres que el día anterior al coronavirus, una realidad que no podemos ni debemos tapar con ningún relato, se sentirá el rigor del destino y sin escapar del contexto nacional y mundial. No somos un iceberg, veremos dificultades serías, superiores a las que venimos arrastrando, con peligros de continuidad laboral, Pymes que hoy se seguirán preguntando ¿cómo abonar salarios? una parte de la sociedad se interrogará sobre cómo seguir y un gobierno nacional que da respuestas, con un estilo propio, a una parte de la comunidad pero deberá poner también acento en la clase media, con créditos accesibles, estiramiento de pagos, Iva, anticipo ganancias, impuesto al cheque, ingresos brutos, etcétera, etcétera, etcétera, porque si el sector empleador no puede mantener su horizontalidad, por más protección social hacía abajo que exista será imposible pensar en una estabilidad y mucho menos en un crecimiento de la economía.
No todos los municipios son iguales, cada uno tiene su particularidad, sus formas, sus cuentas en orden o en estado de extrema debilidad económica, Necochea está más cerca de lo segundo que de lo primero.
Deberá afrontar más dificultades que otros apenas se pueden pagar salarios, esta es la realidad, tenemos un municipio gigante y famélico, con una índice de cobranza de tasas que no supera el 40 %, deuda flotante y consolidada cercana a los 700 millones de pesos, en la recolección de residuos un atraso de 300 millones, un presupuesto por habitante de $ 26.800 situándose en el medio entre los municipios ricos y los pobres.
Esto, sumado al coronavirus, es un cóctel explosivo, aquí tenemos el mismo problema de todos los municipios a raíz de la pandemia, pero doblemente comprometido por la situación que acarrea, que lejos de amortiguar el momento lo potencia.
¿Qué podemos hacer solos el día después? Es el gran interrogante, al que tendríamos que ir buscándole respuesta a la pandemia económica que se avecina
Urgente apoyo de la Nación y la provincia
Es una constante aquello de signos políticos iguales para recibir partes mejores, algo que no debería ser así pero en la Argentina y tierra bonaerense lo es.
Lo que era prioridad hace unos días cambio radicalmente, se movieron todos los cimientos, el impacto negativo es imposible de detener, el mundo cambiará, con el resultado final que sea. Entonces dónde nos situamos nosotros, no podemos dejar de analizar el contexto nacional e internacional.
En esta pandemia también aparecen los iluminados que aprovechan la triste realidad para hacer política y por otro lado los que están a la altura de la contingencia, la sociedad lo sabe aún sin manifestarlo, como Fuerzas Armadas, de Seguridad, médicos y enfermeras.
“Necochea, ciudad cerrada”, fue nuestro título del comentario, el domingo pasado y también se centró sobre todo esto. Una discusión válida, en crisis nada es perfecto, lo más negativo es la inacción y esto no ha existido, con aciertos y errores sabiendo que no estamos en condiciones de soportar un brote importante, cien personas en esa condición, sobre una población de cien mil en el distrito, estaríamos en emergencia sanitaria, por eso nos cuesta perder la libertad diaria y adaptarnos es exponernos menos a esta tragedia.
Es imposible determinar ese día después en cuanto será la perdida, la reorganización del Estado municipal, los sectores de servicios, industrias que no están relacionadas con alimentación, el campo que ya venía protestando, la construcción y demás actividades que hacen a la economía lugareña.
El municipio será la primera víctima, de tantas que existirán. Consultando algunos economistas, la síntesis sería «hay que bajar la mochila pesada, que no se puede soportar en las espaldas de los que producen y dan empleo, algo que ya no funcionaba pero seguía corriendo, y muchos no se daban cuenta, hoy al pararse todo damos la dimensión clara, en esta contingencia el que más la puede manejar es la Nación imprimiendo dinero, los municipios están impedidos. No es fácil estar en la piel de los intendentes, que tienen que pagar sueldos, como tantos otros comerciantes en estos días».
No se sale sin ayuda nacional, no hay otra salida.
No estamos hablando solamente del Estado sino del auxilio a los privados para intentar reacomodar la economía, al menos en el corto plazo. Es imposible conjeturar el futuro, es una situación inédita, nunca vista en el mundo.
La prioridad es la salud, esto es indiscutible, la economía también es la salud del habitante, es una segunda etapa a la que estamos viviendo, tema alejado de una gran parte de la sociedad, pero inexorablemente la dirigencia deberá estar evaluando, y determinar cuál será el nuevo formato a seguir para adelante.
Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre volverá a brillar.