Una vida dedicada al oficio de enseñar
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Luego de tres décadas de trabajar en el área de formación profesional, Daniel Argibay se retiró y dejó las direcciones del CFP 401 de Quequén y el de Lobería
Daniel Argibay siempre quiso dedicarse a enseñar. Por eso estudió y se recibió de maestro normal nacional en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 31. Tuvo la oportunidad de dar clases en la Escuela 18 de Ramón Santamarina y también en el paraje El Palomar.
Sin embargo, lo que le dio un vuelco inesperado a su vida fue la posibilidad de ingresar a enseñar en una escuela de adultos y luego al área de formación profesional.
Había realizado la tecnicatura en Administración de Empresas. Eso lo llevó a trabajar durante unos años en el desaparecido Banco Comercial de Tandil, en Quequén. Y ese trabajo le permitió continuar con su capacitación.
“Gracias a una gran amiga, como Norma Castellanos, tuve la suerte de entrar en el año 84 en la escuela de adultos. Allí daba contabilidad, en lo que era ciclo complementario”, dijo Daniel.
Entre el trabajo en el banco y las clases en la escuela de adultos, se hizo tiempo para realizar el instructorado, lo que le permitiría ingresar en 1986 al Centro de Formación Profesional 401 de Quequén.
El centro, que había funcionado en un principio en la Delegación de Quequén, desarrollaba sus tareas en el edificio de la calle 519 donde en la actualidad se encuentra un jardín de infantes.
Dirigía el establecimiento Roberto Ricci, quien ya había iniciado las gestiones para que el CFP contara con sede propia.
Y en el 87 el centro se trasladó a la calle 521, donde todavía funciona y ha seguido creciendo, tanto en lo edilicio como en oferta educativa.
“En el 97, cuando se jubiló Ricci, tomé el cargo de director”, explicó Daniel, que recientemente se retiró, tras 32 años de trabajo en el establecimiento.
Durante la mitad de ese lapso de tiempo, Argibay también se desempeñó en el CFP 401 de Lobería, a donde había llegado por invitación de la directora Graciela Morel, para dar un curso sobre microemprendimientos.
Quedó como instructor y al poco tiempo concursó como regente y desde hace 6 años, al retirarse Morel, también quedó al frente de ese centro.
Por otra parte, Daniel enseñó en la Escuela Media 7, en la escuela 4, en el Plan Dual y en la Media 2.
“Siempre dando contabilidad, gestión de empresas o administración”, explicó Daniel.
Experiencia inolvidable
De esas tres décadas de trabajo, Daniel recuerda los viajes en un Citroen 3CV para dar clases como maestro de grado en Ramón Santamarina e innumerables anécdotas que forjaron su experiencia docente y le permitieron hacer muchísimos amigos.
Su carácter amable y dinámico también le ayudaron a seguir avanzando en un área de la educación que evoluciona constantemente, como lo es la formación profesional.
“Siempre trabajé con muy buena gente, que me impulsó a seguir”, explicó Daniel y recordó muchos cursos que se dictaban cuando él comenzó en el área, como dactilografía, hoy ya no existen y otros se han transformado completamente.
Pero además, el propio carácter de la formación profesional, hizo que Daniel recogiera grandes satisfacciones de su trabajo diario, tanto en Quequén como en Lobería.
“El CFP de Lobería tiene una particularidad que es para sacarse el sombrero: atiende toda la zona rural. Mis últimas supervisiones fueron en El Palomar, Licenciado Matienzo, San Manuel, Napaleofú, Arenas Verdes… lugares que quedan muy lejos”, explicó.
En esos viajes, indicó, “te encontrás, por ejemplo, en Puerta del Diablo, donde se llega después de unos 30 kilómetros de asfalto y 18 de tierra. Es una escuela hermosa, una comunidad divina, y el instructor va, y no le pagan ruralidad”.
Con el CFP de Quequén, precisó, “hemos trabajado en toda la ciudad, en Juan N. Fernández, en Ramón Santamarina y La Dulce. Dimos cursos en todas las asociaciones de fomento, todos los sindicatos, en templos de la Iglesia Católica y de las iglesias evangelistas”.
En Ramón Santamarina, explicó, “era una casa particular y daban un curso de tejido en telar. Iban cinco personas y me pedían siempre: ‘no nos vaya a sacar el curso Argibay’”.
“Hemos tenido y me llevo muchísimas gratificaciones de la gente. De la gente que vos menos esperás”, afirmó.
En parte eso se debe al particular rol de la formación profesional. “Por un lado uno tiene que capacitar y por otro educar. Los centros de formación capacitan en contenidos y en práctica. Y también educan. Porque le enseñan al alumno que debe cumplir con su trabajo, ser ético, moral, no estafar a la gente…”
Reciclar conocimiento
Por estos días Daniel se encuentra disfrutando del retiro y de su familia. Su esposa es Marina Madrid y tiene cuatro hijos grandes y dos nietos.
El saldo de su labor fue más que positivo, el CFP de Quequén ya sumó a unos 18.000 egresados de los distintos cursos de oficios, la mayor parte de ellos bajo su gestión.
El área de formación profesional surgió en la provincia de Buenos Aires, por eso Daniel es uno de los más experimentados docentes del área. “Los últimos tres directores de 32 años de experiencia nos retiramos este año”, dijo.
Daniel capacitó además a decenas de instructores. “Yo fui unas 140 veces a La Plata a capacitarme. Viajé por toda la provincia de Buenos Aires”, afirmó.
“Ojalá uno pudiera volcar la experiencia de tantos años y todo lo que aprendió”, dijo Daniel, en quien sigue encendida la pasión por enseñar.
