Una vida en movimiento y aprendizaje constante
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Matías Leal es un destacado entrenador de padel y tenis que paseó sus conocimientos por el mundo y su historia merece ser contada
Eduardo Ronco
Para Ecos Diarios
Serio, pero a su vez muy didáctico, cordial y también de sonrisa amena. Así es Matías Leal quien, a base de sacrificio, esfuerzo y de mantener su máquina en funcionamiento, ha podido cumplir muchos de los objetivos que soñó para su carrera como entrenador tanto de padel como de tenis y seguramente también pudo desarrollar, otros que ni siquiera hubiese imaginado.
Como toda historia, la de Leal (40 años) tiene un inicio, que precisamente y como tantos otros chicos de finales de los 80 que luego pasaron al pade , comenzó jugando al tenis en el Club Del Valle. Consultado sobre aquellos tiempos señaló: “Comencé a los 7 años a agarrar la raqueta y a pegarle a la pelotita en la escuelita del Club Del Valle. Tuve como primer profesor a Marcelo “Yuri” Quaglia y luego a Juan Pablo Rosello, fue un tiempo maravilloso que me formó no solamente como tenista sino como persona”. Sin embargo, al poco tiempo hubo un cambio que modificó su vida. “No tuvieron mejor idea que construir un estadio (por el club de padel de 68 entre 61 y 63) justo frente a casa. Además, hay que tener en cuenta otra cosa. El tenis en aquel momento caía y el padel estaba en pleno auge, y vivía un boom con canchas por todos lados, asimismo tenía una gran difusión en todos los medios a nivel nacional y los mejores jugadores del mundo eran argentinos dentro de un circuito profesional muy fuerte, que les permitía arrasar en todos los campeonatos del mundo. Eran todas figuras. Alejandro Lasaigues, Roberto Gattiker, Javier Maquirrain (ya fallecido y exkinesiólogo de Copa Davis), nuestro Jaime Urrutia Horacio Álvarez Clementi. Esos eran mis espejos e influyó para que me inicie en el padel”, manifestó el hijo de Marta (bancaria durante muchos años) y hermano menor de Alberto, destacado ingeniero.
Como todo tenista que hizo su conversión hacia el padel, Matías tuvo que aprender a defender de otra manera, también a sortear los obstáculos que generan las paredes (sobre todo las laterales), sin embargo rápidamente cosechó resultados que le permitieron salir del país muy rápidamente a corta edad. “A los once años en infantiles con mi compañero de entonces, Gustavo Rodríguez Quintana ganamos un Provincial y nos permitió viajar a Paraguay. Fue una experiencia hermosa porque era la primera vez que salíamos del país, pisar Ezeiza fue inolvidable. Allá nos tuvimos que acostumbrar a jugar con mucho calor, pero nos fue muy bien. Luego recuerdo dos experiencias muy positivas en los Nacionales de La Pampa y Rosario en 1993 y 1994, donde llegamos a las semifinales. También inolvidables para mí, entonces eso me hizo mantenerme enfocado y seguir jugando hasta los 16 años. En menores, Cadetes y Juveniles, todos los Provinciales siempre y entre los adultos escalé hasta Segunda, en un momento te reitero del deporte, que estaba en pleno auge y cada torneo presentaba una gran cantidad de parejas”, indicó quien compartió canchas con jugadores que luego fueron profesionales de la talla de: Ferri, Tamames o Mieres.
Sin embargo, un problema de salud cambió su rumbo, que Leal relata así: “A los casi 17 años tuve un problema de salud bastante importante en los riñones producto del rebote en contra las superficies duras, el tema de las paredes y como corría por todos lados ya que agarraba mucha cancha, me llevó a sufrir mucho y orinaba sangre. Entonces tomé la decisión de volver a jugar al tenis, algo que puso muy contento a mi viejo, al punto que cuando le comenté cerró el negocio y fuimos a buscar una raqueta Wilson Pro Staff 6.1 a Mar Del Plata”. Vale destacar que Matías, es hijo de Carlos Leal uno de los primeros jugadores que tuvo el tenis necochense, que se destacó jugando campeonatos importantes como el Abierto del Sur de la República, donde atravesó la clasificación, en ese prestigioso torneo que se disputaba en el Club Náutico de Mar Del Plata y que en la época Pre Vilas y los inicios de Guillermo vio pasar a todos los grandes jugadores de nuestro país, como Enrique Morea y Eduardo Soriano.
Su regreso al tenis se produjo tarde y no pudo adquirir una base competitiva muy importante sin embargo, ese período le aportó mucho para su futuro como entrenador “Si bien no pude competir en Juniors todo ese reencuentro con Juan Pablo Rosello, Sebastián Canatta y vos (por mí con quien también compartió muchas horas de cancha), me aportó mucho cuando tuve que ser entrenador. Sumado a todo lo que aprendí como estudiante de educación física. Esos tiempos me dieron un vagaje de conocimientos muy importantes, no solamente en cuanto a lo técnico, lo táctico y estratégico o la preparción físico de un tenista, sino también me aportó mucho para llegarle al jugador y al manejo de grupo”.
El tiempo le siguió aportando nuevos horizontes y un buen día se vio acompañando a Pablo Fuente (prestigioso entrenador de nuestra ciudad quien trabajó como Sparring de Juan Martín Del Potro y luego entrenó a Juan Ignacio Chela, Juan Mónaco, Maximo González por citar algunos y Thiago Monteiro a quien está acompañando en estos momentos), por la gira europea y sudamericana de Challengers y nada más ni nada menos que en Roland Garros. Sobre esa etapa señaló que “fue algo increíble. Primero arranqué como profesor de tenis en el Club Del Valle, posteriormente me mudé a Huracán y más adelante a Rivadavia. Allí le daba clases a todo el mundo, jugadores que estaban iniciándose en la competición, adultos y chicos de escuelita. Hasta que un día me convocó Pablo (por Fuente) allá por el 2013, para trabajar junto a él en la Academia Chez Gueugnon y allí arranqué con todos los chicos de competición entre los que se destacaban, Eugenia Ganga e Ignacio Bidegain, quien hoy juega en la Universidad de Estados Unidos. Con la que más viaje de todo fue con Eugenia. Vivimos momentos con muy lindos con Euge, a quien arranqué a acompañar en tiempos donde era la número 1 de Argentina en Sub-18 y en los primeros Torneos ITF Juniors y del circuito profesional. Todos se sorprendían de su nivel porque en muchos torneos no la conocían, por eso no me sorprendió a mí que consiguiera los resultados que obtuvo en el circuito profesional”, remarcó sobre Ganga quien llegó a jugar finales de torneos W-15 en Tabarka, Túnez en 2019 y escaló hasta el puesto número 655 de la jerarquía mundial y este año en tiempos de pandemia dejó la actividad profesional.
Sin embargo, trabajar con Gilherme Clezar ex 153 del ranking mundial de la ATP a quien guió junto a Pablo Fuente fue la experiencia más importante como coach. “Arranqué la gira en Roland Garros junto a Pablo, uno no dimensiona en ese momento que está en una catedral del tenis mundial y luego le da la importancia que tiene. Además después quedé a cargo de Gilherme y lo entrené en los Challengers de Vicenza Y Caltanisetta (Italaia), Blois (Francia) y Campinhas (Brasil), donde también trabajé junto a Rogerio Dutra Silva (jugador brasileño y ex número 63 en el ranking mundial), quien si bien entrenaba con Andrés Schneiter esa semana estuvo a bajo mi paraguas y resultó muy enriquecedor. Además conocí otra faceta del tenis profesional como los torneos challengers. Mucho menos glamorosos que los ATP 250, 500 y lógicamente los Masters 1000 y los Grand Slams, donde el nivel es muy competitivo, tremendamente exigente al que los jugadores llaman “la carniceria”, porque hay un montón de tenistas que están cerca de saltar al Top-100 del ranking, otros que surgen de los Futures o M15 y algunos del circuito ATP que bajan y con cualquiera te podés encontrar”, explicó el papá de Valentino, su hijo de tres años.
También le dedicó un párrafo a quien considera como un hermano, el mencionado Pablo Fuente: “Es alguien muy especial para mí, por todo lo que me enseñó y porque gracias a él pude descubrir otro mundo y conocer entrenadores muy importantes como Daniel Orsanic, Capitán campeón de la Copa Davis con Argentina en el 2016. El momento cúlmine para el tenis argentino. Es sin duda un hermano de la vida que me inculcó el camino de la conducta”, señaló.
No obstante, las etapas finalizan y Matías supo reformularse. Luego de ese periplo y de trabajar como preparador físico de los jugadores de tenis de la escuela de Náutico que dirige Andrés Ruete como Valentina Mutilba, Lucas Miraglia, Valentín Hermida y Raúl Fernández Ballester, Matías volvió al padel pero esta vez como entrenador. Allí rápidamente le apareció otro desafío como el de formar a un jugador con mucha proyección Francisco Maier quien junto con el loberense, Ignacio Archieri (hoy en Buenos Aires), ya disputó campeonatos mundiales y había clasificado para el Campeonato Panamericano que no se deaarrolló a causa de la pandemia. Acerca de Fran dijo que “Maier compite muy bien, es un luchador pero le cuesta entrenar y ahí hay que poner el foco para que siga creciendo, porque hoy tiene 15 años, pero se tiene que seguir puliendo para que esté preparado cuando tenga que dar el salto. Como formador uno trata de que utilicen toda la técnología que existe a favor y que no estén tanto tiempo en la Play o jugando al For Nigth y aprovechan a mirar series como The Last Dance (El último Baile que trata sobre la historia de los Chicago Bulls de Michael Jordan), que dominaron la NBA desde 1990 a 1998, ganando seis anillos de campeón”.
Por último, habló de los cambios que sufrió el padel y de la evolución del juego. “La evolución y las modificaciones han sido radicales y en todos los aspectos. En lo reglamentario cuando yo jugaba, no se permitía el saque y red (hoy sí), las paletas eran de madera, hoy los materiales en cambio son mucho más modernos, las superficies son diferentes y ya no son más ex tenistas que juegan a padel sino que existe una técnica propia del juego, donde se trabaja más en la creación de espacios, con movimientos más cortos, es muy importante saber tomar la red y se juega mucho más en bloque, más agresivamente y por el medio de la cancha. Todo esto nos obliga a seguir perfeccionándonos y a también a utilizar la tecnología a nuestro favor”, cerró Matías Leal, con su corrección, su tono pausado y su media sonrisa, que son una característica suya desde muy chico. Tiempos en que era admirador de Pete Sampras y utilizaba camisas negras tratando de imitar a Enrique Iglesias y en los que escuchaba La Renga. Un ser humano muy agradable e inquieto desde aquellos años y ese movimiento constante, sumado a sus ganas de aprender, le han dado un lugar importante en el campo de la formación y como entrenador de tenis y padel.///