Una vida tejiendo historias a partir de dos pasiones
El emprendimiento de María Belén Lozano impulsa moda, enseñanza y acciones solidarias
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
María Belén Lozano encontró la manera de unir dos pasiones que parecían paralelas pero que, con el tiempo, terminaron entrelazándose. Profesora de Biología y creadora de la marca Belcha Design, su historia es la de una mujer que aprendió desde niña el valor del hacer con las manos y del compartir con los demás.
“Tejo desde los siete años”, contó con naturalidad, como quien habla de una costumbre que nunca abandonó. Esa práctica, que comenzó siendo un juego infantil, se transformó en un proyecto de vida que hoy combina piezas únicas de diseño, un taller-showroom que funciona también como espacio de encuentro y aprendizaje, y un club de tejido que invita a la comunidad a redescubrir el arte de crear con lana.
Belcha Design tiene, como ella misma explicó, “dos caras”: una dedicada a la creación de prendas originales y personalizadas, y otra enfocada en la enseñanza. “Siempre me gustó enseñar, incluso antes que la biología. Lo mío es transmitir conocimiento, sea en el aula o en un taller con agujas y crochet”, dice. Esa dualidad se convirtió en su sello: diseñar prendas que llevan nombres inspirados en estructuras biológicas, y al mismo tiempo guiar a otras personas en el camino del aprendizaje artesanal.
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La marca se sostiene en un espacio que es mucho más que un local. “Lo llamamos taller-showroom”, explicó. Allí conviven las colecciones de tejido con las clases, los encuentros del club y las actividades especiales. El lugar se transformó en un punto de referencia para quienes buscan aprender, perfeccionarse o simplemente compartir un rato creativo.
El club de tejido, como lo describió Belcha, “no tiene principio ni fin”. Cualquier persona puede sumarse en el momento que desee y retirarse cuando lo necesite. A diferencia de los cursos específicos —como el de iniciación al crochet, que enseña a realizar un bolsito desde cero—, el club funciona como un espacio abierto, donde cada una elige qué tejer y recibe acompañamiento personalizado.
“Lo que buscamos es mucho más que aprender una técnica. Es un espacio seguro, de encuentro, de conversación y de vínculos. La gente viene a tejer, pero también a compartir la vida”, subrayó.
Entre la docencia y el diseño
El camino de la biología no fue casual. Su tía y su hermana también son docentes, y de ellas heredó el gusto por enseñar. “La biología me conecta con la naturaleza y me permitió ver estructuras que después llevo a mis prendas”, explica. Cada colección tiene nombres inspirados en especies, formas microscópicas o detalles del mundo natural. “Me gusta pensar que las fibras y las tramas también son vida, y de alguna manera la biología me dio esa mirada”, añadió.
La docencia en el aula y en el tejido le devuelve, asegura, más satisfacciones que complicaciones. “Hoy enseñar está difícil, pero cuando ves a alguien que aprende, que se entusiasma, todo vale la pena”, dice con la convicción de quien hace de la transmisión de saberes una vocación.
La historia personal de Lozano también está marcada por los hilos familiares. Su madre, peluquera y modista, fue quien la inspiró a crear sus propias prendas. “Ella me cosía todo y de ahí nació también el deseo de tener mi ropa tejida”, recuerda. Su hermana, pastelera, completa ese linaje de mujeres emprendedoras y artesanas que siempre estuvieron ligadas a la creación.
“Somos todas emprendedoras”, afirmó con orgullo. Y aunque su madre ya no puede dedicarse a la costura por razones de salud, su legado está presente en cada diseño. “Toda la vida creamos juntas. Eso me marcó muchísimo.”
Belcha Design no se limita a Necochea: las prendas personalizadas viajan a todo el país, adaptándose a los deseos de cada clienta. “Me gusta trabajar de cerca con las personas, porque cada una tiene un gusto, una necesidad particular. Más largo, más corto, más ancho, menos escotado… lo importante es que la prenda se adapte a quien la va a usar”, explica. Ese contacto cercano, sumado a la posibilidad de ofrecer talles personalizados, le da a la marca un valor distintivo.
Su sueño, es que la marca sea reconocida más allá de las fronteras locales. “Quiero que Belcha Design se conozca en todos lados”, expresó. Para ella, el tejido no es un simple accesorio: es una forma de identidad, de expresión y de comunidad.
El costado solidario
Más allá de las prendas y las clases, hay una faceta que llena de orgullo a Belcha: los proyectos solidarios. Junto al club de tejido, organiza jornadas en las que se confeccionan cuellos y gorros para quienes más lo necesitan. El último encuentro, realizado en colaboración con el merendero Frutillita, tuvo como objetivo abrigar a niños y niñas de hasta 18 años.
“Siempre hacemos uno o dos eventos por año, según las necesidades de la entidad con la que trabajamos. Lo solidario es una excusa para juntarnos, pero después la gente sigue tejiendo antes, durante y después. Es un compromiso que queda”, destacó.
Los sueños son más fáciles de concretar si se tiene el apoyo de los afectos y en ese sentido su marido la acompaña en el camino, sosteniendo el crecimiento del showroom y la marca, aunque su trabajo sea otro. “Es importante tener a alguien que te apoye en lo que amás”, afirma.
Belcha Design es una emprendimiento que busca reflejar, ante todo, la fuerza y la sensibilidad de una mujer que eligió hacer de su pasión una forma de vida.
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