Valorar nuestro taekwondo
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Adrián Del Valle, uno de los pioneros de este deporte en nuestra ciudad, destacó la calidad de la enseñanza
Adrián Stolarczuk
Redacción
En 1989 se convirtió en el primer taekwondista necochense en competir fuera del país con el equipo argentino, abriendo un camino que muchos después siguieron y sostuvieron, transformando al taekwondo en el arte marcial y deporte de contacto más practicado en nuestra ciudad. Adrián Del Valle, hoy a los 49 años, alejado de la competencia y la enseñanza, no deja de ser un referente.
Sus comienzos fueron casi a la par del mismo taekwondo en nuestra ciudad. “Partimos todos de un mismo lugar y después lo fuimos difundiendo. Yo era de la camada de los más chicos. Cuando nosotros comenzamos a competir nos preguntaban dónde quedaba Necochea en el mapa. Practicábamos las formas con libros. Todo fue evolucionando como la mayoría de los deportes y los instructores de esa época, hoy son Grandes Maestros”, valoró sin querer dan nombres propios.
En otro hito referencial de aquellos años de eclosión, en 1993, Paula Casarín fue la primera necochense en competir en un Campeonato Mundial, en Rusia, logrando un importante tercer puesto en la categoría juvenil. Máximo Del Valle, padre de Adrián, era su instructor y aún hoy continúa ligado a la enseñanza y al arbitraje. Instructores como Gustavo Corino, Carlos Liebana, Juan Carlos Piñeyro, Omar Azpiri, José Luis Comiso, Eugenio Cambaceres o Roberto Alvarez marcaron esos primeros años.
Curiosamente fue Adrián quien acercó a su papá al taekwondo y no al revés. “El que empezó primero fui yo (a los 10 años). Me llevó, fui a ver una clase y me gustó. Siempre me gustaron los deportes de contacto. Empecé a tener cambios en el colegio, cambios de conducta con mis amigos del barrio. Mi papá se empezó a preguntar dónde estaba yendo. Y fue él, a ver de qué se trataba y después comenzó. Después tomó la responsabilidad de la instrucción, como adulto, y con mis hermanos empujando de atrás. Después fuimos tomando otros caminos”, referenció Adrián sobre su hermano Juan Manuel, otro destacado instructor de nuestra ciudad.
Al mundo
Aquella campaña de Casarín fue la primera pero no la única y los éxitos se fueron sucediendo, hasta un punto máximo. El año pasado, en nuestro país y a través del trabajo puntual de dos escuelas, con los instructores Horacio Ali y Carlos Correa, Necochea logró una histórica participación en el Campeonato Mundial ITF, con 12 representantes, logrando 12 medallas en combate y formas.
“Representar al país es algo hermoso. En el 89 tuve la suerte de ser campeón sudamericano en Paraguay, individual y por equipos, integrando un seleccionado”, valoró Adrián quien apuntó que “soy de la época en la que era más difícil trabajar en los entrenamientos que ir a un torneo. Tenía tipos increíbles al lado, unas bestias. En las clases hacías algo tan intensivo, que ir al torneo se te hacía un trámite. Hoy hay varios Maestros que han sido compañeros míos”.
Talentos
En ese sentido, no dudó en reclamarle “a las camadas nuevas de instructores que aspiran a instructores de otros lugares, de Buenos Aires, cuando en Necochea cuentan con Maestros de jerarquía y no se los aprovecha. Viajan para cursos, exámenes o seminarios, con la situación económica como está, teniendo a Maestros en nuestra ciudad que tienen 40 años de experiencia en el taekwondo, que no es poco. Muchos de ellos han tenido cursos con el propio creador del taekwondo (el General Choi Hong Hi). ¿Cómo las nuevas generaciones van a buscar afuera con los talentos que hay acá? Personas que son idóneas y respetadas fueras de la ciudad. Toman clases con Maestros que son inferior graduación que los Maestros que hay en Necochea. Las nuevas camadas tendrían que reconocer eso. Que guarden ese dinero de viajes para poder ir a competir”, insistió Adrián.
Disciplina de vida
Radicado en Ezeiza, está alejado de la competencia que tanto lo sedujo pero no del taekwondo que ahora llena su vida únicamente de manera recreativa. “Dejé la docencia. Me sido entrenando, me sigo moviendo con un grupo de amigos que se formó. Siempre fui un tipo de competencia. Cuando se terminó eso, me dediqué a otras cosas, la vida me llevó para otro lado. El taekwondo sigue ligado a mí porque me entreno. Muchas veces me voy a otras escuelas, porque nos conocemos todos”. Sobre sus sensaciones, compartió que “Descubrís que no me salen un montón de cosas. Lo pienso pero el cuerpo hace otra cosa. Pero es un deporte que de chico a senior lo puede hacer cualquiera. Me divierto. A mí me ayudó como disciplina de vida. La sensación de ir a mi clase es hermosa”.
En sus años como competidor, pasó por casi todas las artes marciales y hoy admira a aquellos que se animan a las artes marciales mixtas (MMA). “Nací en una época fantástica pero me hubiese gustado seguir intacto para vivir la MMA de ahora. Me encanta. Pero lo disfruto con un control remoto”. Padre de cuatro hijos, también espera poder disfrutar de las artes marciales a través de ellos, pero reconoció que “el más grande hizo un tiempo pero no le entusiasmó. Los otros son muy chicos, vamos a ver el de 3 (años), quizás por una cuestión de sangre, pero los dejo que se diviertan y si más adelante lo elige, está bien”. Y reflexionó que “dentro de la competencia hay un montón de ítems, formas, rotura de habilidad y de potencia. Con el tiempo empezás a descubrir que la competencia es algo muy chico dentro de lo que abarca el arte marcial. Es un arte, algo bello”.///