Vanas disputas políticas
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Al menos en las dos últimas sesiones del Concejo Deliberante, con la firme presunción de que se repita como foco de disputa en un año electoral como éste, oficialismo y oposición se han pasado facturas acerca de la importancia o necesidad de obras que se dan a conocer.
Estas confrontaciones, que al ciudadano común poco y nada interesan, se empezaron a gestar desde el mismo momento en el que se confirmó, a través del Fondo de Infraestructura Municipal (FIM), el recambio de las luminarias en las avenidas de Necochea y Quequén y la reforma de un sector de la plaza Dardo Rocha, en este caso con un costo de poco más de 17 millones de pesos.
Los cañones de la oposición le apuntaron al proyecto de la plaza, considerando que antes de invertir dinero allí, había que emplearlo en mejoras “más necesarias”. Y se criticó al oficialismo por postular inversiones como la mencionada y no otras, cuando es sabido que no abundan los fondos que baja la administración provincial. Incluyendo a los que debe remitir como coparticipación.
A las acusaciones, que seguramente sean justificadas, el oficialismo respondió con una crítica del mismo calibre. En este caso cuestionando con los mismos argumentos al proyecto del gobierno de Axel Kicillof de construir en Necochea una de las denominadas Casas de la Provincia, con una inversión de unos 180 millones de pesos. Un anuncio que obviamente defienden los adherentes locales al kirchnerismo.
Este enfrentamiento de cotillón, en el cual un sector y otro gastan energías que deberían destinar a dar respuestas a las necesidades que ahora mismo demandan varios sectores, no es más que una réplica de tantas otras discusiones por obras que fueron realidad o que no pasaron de simples anuncios.
Es que siempre habrá ante cada proposición voces opositoras. Convencidas de que hacen lo correcto y en otros casos para sacarle mezquinos dividendos para su propio molino.
Lamentablemente son pocas las obras de real mención que Necochea ha recibido en las últimas décadas, por diversas cuestiones. Acostumbrados a los reveses en materia de promesas de este tipo, además del alargamiento de la escollera, que ha sido estratégico para mejorar la operatoria portuaria; en el recorrido de esas concreciones se encuentran las pavimentaciones de tramos de las avenidas 10,42, 91 y la 554 en Quequén. Y en todos estos últimos casos también han surgido críticas, sin entender que el asfalto siempre es progreso y desarrollo.
Hacer obras “visibles” es uno de los motivos que hace el gobernante, capitalizando el rédito en la próxima elección. Pero también hay obras que no se concretan porque no se ven y son fundamentales para mejorar la calidad de vida, como el recambio del destruido caño subfluvial que atraviesa el lecho del río, transportando los desechos cloacales de Necochea a Quequén.
Dentro del actual engrudo de posiciones en contrario, un sector ligado a La Cámpora, con el guiño del gobierno provincial, viene anticipando obras que debería presentar el Ejecutivo municipal. Es una manera de esmerilar al oponente político y colgarse medallas ajenas de cara a la contienda electoral que se avecina. Claro que si tales obras no se llevan a cabo, como ha ocurrido en varias oportunidades, nadie se hará cargo de haber entusiasmado en vano a la ciudadanía.
Lo que desde ambos lados no parecen entender que fuera de sus rencillas oportunistas, la gente vive en la incertidumbre de cada día ante la evolución de la pandemia y la destrucción o amenaza a su fuente de ingresos. Lejos de esas vanas disputas. Descreídos de tantas promesas que solo terminan siendo improductivas reyertas dialécticas.