Varios edificios siguen siendo una barrera para las personas con discapacidades motoras
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Son numerosos los inmuebles públicos con escaleras, elevaciones y falta de rampas, que fueron construidos en distintas épocas
Aunque si se compara con décadas pasadas se ha avanzado en gran forma, la ciudad de Necochea presenta en numerosos edificios barreras arquitectónicas para las personas con discapacidades motoras o visuales.
Un relevamiento basta para darse cuenta que no sólo la sede del municipio o el inmueble del Centro Cívico, en 58 y 61, carecen de ascensores y le generan una situación traumática a quienes se desplazan en sillas de ruedas o tienen dificultades para caminar.
En general se trata de edificaciones levantadas hace muchos años, en los que el tema de las discapacidades no estaba tan mediáticamente instaladas o no existían entidades o grupos que trabajaran en pos de revertir la situación.
En la zona céntrica
En el sector céntrico de la ciudad, además de las citadas dependencias municipales, existen otros sitios que resultan infranqueables para personas con dificultades para desplazarse.
Uno de ellos es el viejo edificio del Correo, en 58y 63, que a pesar de no contar con numerosos escalones, igualmente se constituye en un impedimento.
Una barrera similar se registra en las sedes del Círculo Médico, en calle 62 casi 65 y, paradójicamente la sede del PAMI, ubicada en calle 62, entre 63 y 65, a la cual mayormente asisten personas de la tercera edad, que deben escalar el peldaño que da a la calle y otros escalones interiores de piso de mármol, que en los días de lluvia se tornan resbalosos y por ende doblemente peligrosos.
En los tres casos descriptos, si bien no existen rampas, que por otro lado al ser pocos escalones no significaría un alto costo construirlas, bien se podrían ubicar subidas móviles de madera, que se guardarían al culminar la actividad diaria en dichas reparticiones.
En la zona neurálgica de la ciudad uno de los sitios inaccesibles es la sede del Club Atlético Rivadavia, en calle 64 entre 57 y 59, que presenta en su frente una escalera de seis peldaños, y en caso de que una persona con dificultades tenga que subir al salón de fiestas, se encontrará con varias escaleras más.
En contrapartida, en materia de mejoras de accesibilidad, ha sido acertada la decisión de la conducción del Colegio Nuestra Señora del Rosario de construir un ascensor, siendo que se cuenta con un solo nivel superior.
La sede de la Usina Popular Cooperativa, que da hacia la avenida 59, presenta una solución a medias en cuanto a comodidades para las personas con problemas motrices: mientras cuenta con una rampa para acceder a las oficinas, no posee ascensores para quienes concurran al nivel superior, donde se halla el teatro y un amplio hall en el que habitualmente se llevan adelante muestras artísticas.
En el sector de ingreso a la entidad existe un cartel que indica: “Las personas con discapacidad que no puedan subir escaleras, deben tocar el timbre”. Seguramente ante la advertencia personal de la Usina acudirá en ayuda de quienes están en dificultades. De todas formas bien se podría pensar en contar con un medio de elevación para que todos tengan la posibilidad de acceder.
Un emblema
Por su parte, en la Villa Díaz Vélez existe una especie de emblema en cuanto a la no facilitación de comodidades para las personas con movilidad reducida: el complejo Casino.
Inaugurado en 1973, ninguna excusa justifica que la hoy derruida edificación sea un muestrario de escaleras de diversos anchos y alturas, sin haberse construido siquiera un ascensor.
Los baños, generalmente no adecuados para el uso de personas con dificultades de traslado y movimiento conforman la más acentuada carencia en Necochea.
Si bien se ha avanzado bastante en la construcción de rampas en las esquinas, las veredas rotas y la prohibición de poder subir a un ómnibus, son cuestiones que continúan sin solucionarse.
Vistas todas las dificultades que se detectan en la ciudad, sería plausible que el propio municipio empezara por adecuar sus instalaciones e instara a entidades a hacerlo, ya sea con incentivos o imponiéndolo a través de alguna ordenanza, en este caso gestada desde el Concejo Deliberante.
Los obstáculos y barreras están presentes en la actividad cotidiana de nuestra ciudad, lo que genera discriminación, aunque también vale señalar que a veces no es mala voluntad, sino desconocimiento de que hay alternativas para poder gestionar y financiar proyectos que favorezcan la inclusión.